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viernes, 21 de enero de 2011

Recomendaciones para ser feliz (02)

Diez consejos más para ser feliz. Con lo fácil que es.

1-Cómete el postre del menú infantil.

Que no importa, hombre, que no, que no van a pensar “Este se está comiendo el postre de sus hijos para no tener que pedir el suyo como adulto”. Pero es que, consideraciones económicas aparte, comerse un postre infantil es lo que uno debe hacer. El postre es un concepto infantil, por mucha repostería de adultos que uno encuentre en la carta. Helado de chocolate en un pequeño cuenco blanco y cucharilla pequeña. Eso es un postre, no lo olvides.

2-Como postre del 1.

Y, una vez terminado, le dices al camarero que quieres otro, de la sección de postres adultos, para demostrar que no te lo has comido por ahorrar o por respeto a la gente que pasa hambre o por darle a tus hijos la lección de que la comida no se tira. No, te lo has comido por una cuestión de principios, porque el postre es infantil y hay que tomárselo así. Y después te pides todos los postres de adultos que quieras, con chulería.

-Y estos sí que me los voy a dejar – Como frase con la que la autoestima de uno sale en hombros de la plaza (si es que esta imagen se puede usar ya, que me temo que no).

3-Revisa los archivos que le bajes a tu madre.

Dejas el emule descargando True Blood y uno de los capítulos es una película porno que le pasas a tu madre diciéndole que la serie le va a gustar. No es un gran error porque el salto de True Blood a una porno es pequeño, de charco de lluvia, que no le has pasado Cuéntame, pero aún así es un poco feo. No es que esto te vaya a hacer más feliz, pero va a impedir que seas infeliz, lo que no sé si es lo mismo.

4-Destroza un peluche de Bob Esponja

Lo compras, lo guardas y esperas un momento en el que estés solo. Y coges un cuchillo de sierra y vas cortando partes. Un brazo. Otro brazo. La pierna. La otra pierna. Esa nariz que él toca como si fuera una flauta. Y después lo rajas para que salga el relleno y no quede nada de él, absolutamente nada de él.

Hazlo antes de que lleguen tus hijos y pongan Clan, ese canal en el que no hay publicidad porque la publicidad son los propios capítulos de dibujos animados.

5-Di “unos cojones”

Así, deteniéndote en la jota hasta que la garganta escueza. Ese es el mantra. El lugar y el momento los detallo ahora. Aquí va : frente a la televisión, ante cualquier anuncio. Seguros, cremas, cuentas que dan más interés, coches, pastillas para la lavadora, champús, hamburguesas o colonia. Ellos dicen una cosa y tú repites tu mantra para desmarcarte. No se lo dices al anuncio, claro, que todavía (todo se andará) no te oyen, sino a tu cerebro, que tu cerebro es un poco tonto y se lo cree todo y todo lo quiere y hay que empezar a decirle que no a tu cerebro. Como lo del no apenas lo escucha (sigue pidiéndote un donuts de chocolate a pesar de haber visto contigo por la mañana en la báscula que te sobran unos kilos), le sueltas el mantra de la jota, que eso sí parece entenderlo. Tu cerebro ve un anuncio de compresas y te dice que quiere una. Unos cojones, le respondes.

6-Mira cómo escribe tu hijo

Con lápiz. Una mano pequeña cogiendo un lápiz y escribiendo sus primeros números, que salen como si hubieran sufrido un particular terremoto. Fíjate cómo lee la suma y trata de resolverla sin echar mano de los dedos. Después se inclina sobre el papel, como si resolver esa suma fuera algo íntimo, y ves que su cuerpo permanece inmóvil. Sólo se percibe el movimiento del lápiz, como una vela en un mar tranquilo.

Los lápices, como los helados de vainilla con dos bolas, están hechos para los niños. Sin un niño cerca, un lápiz no puede ser completamente un lápiz. Y ya está bien de filosofía zen.

7-Cruza el paso de cebra muy despacio.

Y siente cómo las tripas de los conductores que esperan empiezan a rugir como sus motores. Muy despacito, así. Cuantos más coches esperando, mejor. Al llegar al otro lado ya sabes qué se refieren cuando hablan del placer del poder.

8-Vacía un bote de kétchup

Si Dios, que era Dios, necesitó un día para descansar, hazlo tú también, hombre, y deja de decirle a tu hijo que no se eche tanto kétchup. Eso lo puedes repetir todas las cenas (sí, desde nuestra óptica, pocos platos aceptan el kétchup, pero desde los ojos de un niño de seis años, la combinación de la salsa con cualquier comida es un asunto elemental, obvio) pero debe haber una en la que hagas algo distinto : asegúrate de que tu hijo te ve y, con una única patata frita en el plato, vacía todo el bote de kétchup encima de ella.

Los beneficios de esta acción son dos. El primero : es probable que tu hijo recuerde esta escena el resto de su vida, lo que no está nada mal. El segundo : Hace de exfoliante interno. O, dicho de otra forma, reduce la edad entre tu hijo y tú, aunque seguramente aumente la distancia entre tu pareja, que te mira como si reprodujeras la escena del puré de patata de Encuentros en la tercera fase.

9-Espera al último día para pagar un impuesto.

Y si fuera en el último segundo, mejor. No caerán ni gobiernos ni bancos por esto, pero por algo hay que empezar.

10-Entra en el cuarto de tus hijos mientras duermen.

Es barata y el nivel de complejidad es mínimo, pero aún así voy a detallar la receta:

1- Hay que tener un niño de unos seis años, bañarlo, darle de cenar, ponerle unos dibujos y contarle un cuento hasta que se deje de mover en la cama.
2-Una vez logrado ese punto de somnolencia, densa sin llegar a ser dura, conviene arroparlo un poco y salir sin hacer ruido para que el sueño no se desplome como un suffle que no está al punto.
3-Esperar una o dos horas, según el tiempo de cocción del sueño.
4-Una vez pasado ese tiempo (que uno puede perder con cualquier programa de televisión, da igual), se abre con cuidado la puerta y se escucha atentamente. Si se han seguido todos los pasos, se escuchará una respiración larga y tranquila (da la sensación de que los pulmones fueran de adulto).
5- Entrar con cuidado, sentarse unos segundos y escuchar. Eso de escuchar es lo más difícil. El tiempo depende de cada uno.
6-Conviene realizar un último paso para que el plato sea completo : viajar al futuro e imaginarse ahí, cuando nada de todo esto exista. Se permanece en ese lugar un buen rato, hasta que notemos que , en alguna forma, nos impregna, y después se regresa al presente.
7-Se sale de la habitación con cuidado. Si se han seguido bien los anteriores pasos, todo sigue igual pero ya no es exactamente lo mismo.

Muchas recomendaciones han salido aquí para padres, pero es que el viernes es un buen día para compartirlas y poder practicarlas el fin de semana. El resto de la semana no nos queda tiempo de lo que trabajamos para que este país se hunda menos deprisa de lo que lo haría bajo el peso de tanta deuda. No vemos a nuestros hijos crecer, pero evitamos que el país mengüe, qué paradoja.

Voy a ver si me preparo unas empanadillas como premio por la paradoja.

miércoles, 19 de enero de 2011

Recomendaciones para ser feliz (01)

Estas son mis recomendaciones de hoy para ser feliz. Es probable que mañana cambien, pero eso es lógico sabiendo que no nos bañamos en el mismo río dos veces y que casi nadie se acuerda de lo que dijo ayer.

1-No apures el bote de la mostaza

Cuanto más vacío, más tranquila la conciencia (ambiental y económica), lo sé, pero nada en este mundo (un nada que debe entenderse limitado a este momento únicamente) puede compararse con ese instante en el que uno se dice : Venga, estrenemos el nuevo. Y se rompe el precinto. Y se ve que la tapa está limpia (sin restos de mostaza seca) Y, sobre todo, cae sin apenas presionar. Las manos celebran esa sensación de plenitud, como cuando acarician la tripa de un bebé después de comer.

2-Usa el intermitente

Hay muchas razones para no hacerlo, pero ese gesto nos conecta con los demás conductores y establecen una comunicación binara (1-0-1-0) que sienta bien. Aristóteles nos definía como seres sociales y estoy seguro de que, de haber tenido un coche, habría recomendado el uso de intermitentes en algún tomo de la Metafísica.

3-Lee un periódico de una región alejada

Yo qué sé, hay muchos. Cuanto más local, mejor. Problemas con vacas, vecinos, producción de remolacha y premios de poesía. Uno se siente bien asomado a esas noticias, como el que cruza una estación en tren y ve a los que están sentados esperando. Puedes mirarles a la cara aunque no sepas su nombre.

4-Piensa en alguien con quien hace tiempo que no hablas.

Y recuerda las razones por las que dejaste de hacerlo para sentirte nuevamente justificado.

5-Cambia de equipo de fútbol cada cinco minutos.

Si en el ejercicio tres se sugería marcar distancia con la realidad, aquí se propone pegarse a ella lo más posible (esto se desarrollará en el punto siete). .Para ello basta con sentarse frente a algún programa deportivo y hacerse del equipo que haya ganado el partido en cada resumen. Los Palacios 3 – Pozoblanco 4. Pues del Pozoblanco. Marinaleda 5 – Ayamonte 1. Pues ahora del Marinaleda.

6-Pide que te envuelvan cada cosa para regalo.

Aunque sean unas tuercas para arreglar el grifo. Mímate.

7-Admite las contradicciones.

Los perros no tienen contradicciones. Si quieres ser un perro, ya sabes, pero lo mejor es aceptar que las contradicciones están ahí para quedarse, así que, en vez de tenerlas durmiendo en el sofá del salón, prepárales un cuarto para que hagan su vida. O no.

8-Sí, llévate el móvil a baño

Y échate unas partidas al Angry Birds. Si lo miras bien, es una forma de aumentar la productividad.

9-Di “Ni idea” bastante a menudo.

Es agotador tener una opinión de todo. Que si la exposición de los bancos españoles a la deuda portuguesa, que si el tamaño del estado autonómico, que si macarrones o lentejas para cenar, que si descargas gratuitas o no, que si jubilación a los sesenta y siete.

-Ni idea – y ya está.

¿O crees que van a cambiar las cosas porque hayas llegado a descubrir un trozo de verdad? La verdad es que, sepas lo que sepas, esto está montado para que dé igual.

10-Ríele el eructo a tu hijo

Seminarios se han celebrado sobre este tema. Os los resumo : no se los rías, claro. Y de las tesis escritas, mejor no hablar. Pero el hecho es que al final se te desborda la risa y toda la seriedad que has aparentado antes no ha servido de nada. Resérvate esa seriedad para el día en que tu hijo te diga que quiere tirar su vida por la borda y hacerse abogado. Hasta entonces, si te entra la risa, te ríes.

No sé si estas diez recomendaciones ofrecen mejores resultados si se acumulan, lo contrario de lo que dicen en los tickets del Carrefour con las ofertas (algoles debió pasar con alguno que les vació un Carrefour entero usando los tickets de todo el barrio). Mal no va a hacer, así que se puede probar.