viernes, 7 de diciembre de 2012

El relieve de una sombra




El relieve de una sombra : El museo de Dinópolis es la prueba de que no se debe mezclar la visión lúdica de la ciencia con la ciencia pura : si los niños no tienen edad para disfrutar del vino, servirles un mosto es perder el tiempo. Por saltar de actividad en actividad, muchas de ellas pueriles, se deja para el final lo que debería ser el centro de la visita, su museo sobre los dinosaurios. Es irracional este empeño por convertirlo todo en un pasatiempo que nos lleva de un lado a otro cuando, de hecho, lo que debería hacer es fijarnos al momento y obligarnos a imaginar.

Ya es tarde y todos estamos cansados. Pasamos rápidamente por las salas para cumplir el trámite, pero en un momento me fijo en un fósil. De medusa, dice la explicación. Que algo tan leve haya sido capaz de dejar esa sólida huella. Lo sigo mirando mientras me alejo. Seguimos avanzando hasta salir del museo. En quince minutos empieza la última sesión de un espectáculo con un T-Rex que parece de verdad.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Lo que quedará de todo esto




Lo que quedará de todo esto : La Fonda del Tozal es una de las posadas más antiguas de España, en pie desde el siglo XVI. Dice el folleto : “Tratantes de ganado, maletillas, comediantes, en fiestas y ferias, y durante el resto del año : arrieros, carreteros, vendedores, peleteros, pastores, masogueros, jornaleros, labradores, etc. Toda una variedad de tipos sociales hoy en día ya desaparecidos como clientes”.

La puerta de entrada está cerrada. En un cartel se recomienda avisar a la persona que atiende el bar de al lado, construido en lo que antes eran las antiguas caballerizas. La mujer de la barra se marcha corriendo y al rato regresa para decirnos que pronto nos abren. Teruel, Diciembre : frío. Poco después llega un hombre con las llaves en la mano para no perder tiempo.

-No hay ascensor – se disculpa, ofreciéndose a llevar una de las maletas. Nos hace una breve introducción al edificio, que su familia compró por dos arcas de azafrán, y después de comprobar la reserva en un cuarto que parece el almacén de un anticuario, nos entrega el folleto.

“Gran parte de los objetos que el viajero puede ver en el Bar, son utensilios de uso de la casa y objetos perdidos y olvidados por los viajeros en la antigüedad: cántaros, tinajas, calentadores de cama, maletas, baúles, ropas, relojes, etc…”

Efectivamente, por todas partes hay objetos y muebles de varias épocas. Para avanzar hay que sortear años. Sobre una mecedora, un gato de piel marrón nos observa con ojos tranquilos. Más allá, junto a una mesa con un cenicero en el que se ve una única colilla, hay una pizarra anunciando un Barça-Madrid. No sé si es algo espontáneo o el gesto de alguien que ya sabía qué convenía añadir de este tiempo.

Las camas de la habitación ofrecen la promesa de un sueño lento.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Navidades al vacío




Navidades al vacío : Los abuelos nos regalan sobres de jamón serrano que usamos como comodines : atrás quedó la caja de cartón con la paleta, el portajamones, el cuchillo jamonero, el trozo de grasa sobre el corte para que no se secara y el trapo encima. Ahora la presentación es más propia de un mundo por el que pasó Steve Jobs. Simplicidad, diseño, velocidad, esas cosas.

Abro la nevera pensando qué preparar para cenar y al ver los sobres saco dos y soluciono el problema rápidamente. Se calienta un plato en el microondas y después se van disponiendo los trozos de jamón encima con la elegancia y el cuidado con el que se pintaría un fórmula uno; se coloca un niño en una silla, otro en la de al lado, y ya está todo listo.

Antes el jamón duraba todas las Navidades y se puede decir que coincidía el momento en el que se guardaba el árbol en su caja y se tiraba el hueso a la basura. Ahora todo va más deprisa y si no tenemos cuidado podemos agotar las reservas en una semana : entonces abriremos la nevera y ya no habrá de qué echar mano. Sin la referencia del jamón estaremos perdidos, añorando ese hueso en el que siempre, si uno tenía paciencia y el paladar menos exigente, siempre se podía encontrar un trozo aprovechable para seguir estirando las Navidades. Ese hueso por el que siempre preguntaba mi madre :

-Se le puede sacar partido. Lo cortas, lo congelas y lo puedes emplear para un caldo.
 -¿Lo quieres tú?
 -No, que tengo el congelador lleno.

Adiós también a esa conversación. Ahora sostengo los sobres en la mano y pienso si se podrían utilizar para uno de esos caldos. Si se hubiera seguido el ejemplo de Steve Jobs hasta el final, serían comestibles.

Como en una carrera, inicio la cuenta atrás para empezar con la cena. Tres, dos, uno.

martes, 4 de diciembre de 2012

Cuento infantil para adultos




Cuento infantil para adultos : La señora oso sonríe desde el portal de su casa. El señor oso sonríe camino de su trabajo. Supongo que la razón tiene que ver con cierta afición de la señora oso y del señor oso a los disfraces : cuando se acerca la Navidad y el señor oso se pone el disfraz de Papa Noel, los dos se olvidan de la rutina y se acuerdan de cuando eran jóvenes.

-Ven – le dice la señora oso – que vamos a ver qué esconde el número tres.

No es un cuento que Rodari habría incluido en sus libros, pero eso es lo que veo ahí, en esa caja de chocolates que me encuentro en la mesa del salón. El número tres podría haber estado en cualquier otro sitio, pero le tocó ahí, justo ahí. 

lunes, 3 de diciembre de 2012

Lección básica de maridaje




Lección básica de maridaje : Arrancamos trozos del guión de un lunes y los arrugamos en pelotas de papel para que sirvan de combustible : Compro hamburguesas para todos y abrimos un “5t”, de Palacio de Villachica, para nosotros. Después preparamos la mesa en el salón y cenamos viendo no sé qué. Los mellizos dan mordiscos grandes. Se manchan la boca, las manos, los platos. Nuestros vasos de vino mantienen siempre el nivel apropiado. Es lo más parecido a preparar un fuego y dejar que nos rodee su calor. Uno de esos momentos en los que el dinero no podría añadir nada más.  

domingo, 2 de diciembre de 2012

Pasos en blanco y negro




Pasos en blanco y negro : En un extremo de la Plaza Mayor, una mujer se acerca a uno de los puestos navideños y pregunta : ¿Tienen Reyes Magos a precio de crisis?. No bromea. La joven que atiende el puesto, después de descubrir lo mismo que yo, que no bromea, señala unas figuras de plástico con aire triste : los únicos Reyes Magos que parecen estar de vuelta a Oriente. No sé cuánto costarán, pero estoy seguro de que no son baratas. Llevamos un buen rato con los mellizos y ya he visto que todo sigue igual de caro que el año pasado. Acabamos comprando unas pequeñas cajas con frutas como si fuéramos a prepararle una macedonia a toda esa gente del belén que compraremos cuando seamos muy ricos. No salimos del atrezo navideño.

En el otro lado de la Plaza, un artista callejero con acento argentino le pide a dos hombres que le aten con una cadena. Que le aprieten con fuerza las manos, que se la pasen por el cuello varias veces, entre las piernas, que le rodeen después con ella y que acaben poniéndole un candado para que no se pueda escapar. Antes de demostrar que sabe cómo soltarse de ese problema en el que se ha metido, pide que le den dinero. Al rato lo exige por un tema moral. Parece un profeta sin fe. Todas sus palabras están envueltas en rabia. Le damos un euro y nos marchamos porque creo que no se va a escapar, que se ha hecho atar para protegernos de su odio.

Parece que el recorrido entre ambos puntos solo pudiera ser el de unas Navidades en blanco y negro. Tampoco sería tan grave : es lo que prefieren los grandes fotógrafos para mostrar los matices.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Mi huerto particular




Mi huerto particular : A las nueve y cuarto abren el Mercadona. Los más madrugadores esperamos en la fila, agarrados al carrito, a que una voz por los altavoces anuncie que ya podemos entrar. Apenas hay dos cajeras y el resto de los empleados sigue colocando artículos en las estanterías para que no se vea ni un hueco libre.

Todo parece por estrenar. Si estoy aquí tan pronto no es solo por la poca gente que hay, sino por esta sensación de abundancia que me rodea por todas partes. Cada vez creo menos en la información económica que nos llega por los grandes medios, preparada para calmarnos en vez de prepararnos para lo que se acerca : una realidad gris y dura. Frente a ese pesimismo inevitable, el optimismo que todavía transmiten todas estas bolsas de verduras congeladas. Tantas clases, tantas unidades. Mi huerto particular al que me asomo cada semana.