jueves, 31 de enero de 2013

No es género para padres




No es género para padres :

“¿Cómo vivir? Esa es la gran pregunta. Y está mal planteada. Es como preguntar. ¿Existe una única buena manera de pasar la tarde?” “Diarios” – Iñaki Uriarte

Termino el segundo volumen de los “Diarios” de Iñaki Uriarte. Si contara dónde he aprovechado un momento para leerlo podría escribir yo un diario dedicado a este diario. Me ha gustado porque es una referencia para encontrar el tono cuando uno anda perdido (el camino de regreso desde Disney Channel no siempre es fácil) y porque muchas entradas debería haberlas escrito yo, que para eso me esfuerzo cada día, pero se me ha adelantado Iñaki porque cuando hay talento, no es un tema de cantidad, sino de calidad. Entendido.

Iñaki tiene un gato, Borges, que se encontró en el Parador de Teruel, pero no tiene hijos, lo que impide saber qué habría sido de esa mirada en un entorno más familiar, más cotidiano, más de Disney Channel. Como ver vídeos de un jugador del pasado sabiendo que no estará en tu equipo. ¿Qué habría resultado si esa atención que le dedica a Borges hubiera recaído en un hijo?. Pero parece que hubiera cierta incompatibilidad entre este género y la paternidad, básicamente por una cuestión de tiempo. Una lástima.

Por eso a veces echo mano de “El libro de Julieta”, el diario que Cristina Sánchez-Andrade (“Bueyes y rosas dormían”), le dedicó a su hija. Es cierto que encerrarse en ese entorno tan doméstico puede limitar al escritor y al lector, pero ese esfuerzo me parece necesario. Se da por hecho que, como padre, uno sabe dónde mirar, pero basta con detenerse en esa sensación de pérdida que va dejando el paso del tiempo para darse cuenta de que no es así. Sólo existen guías para lo lejano.

Empiezo con el diario de Pla de sus días en Madrid en 1921. Otro escritor sin hijos.

miércoles, 30 de enero de 2013

Sumideros blancos



Sumideros blancos : Si Varane termina convirtiéndose en un gran futbolista, éste será el partido en el que se dirá que comenzó su historia. Yo podré decir : estuve ahí. También podré decir : cómo me aburrí.

Al llegar a casa, María me resume los comentarios de los expertos. Un gran partido, dicen. Yo traigo otra historia, alejada de la épica de los generales, más próxima a la de la infantería que, cuando termina el partido, vacía el Bernabéu por los sumideros de las bocas de metro. Si el partido ha sido tan vibrante, ¿por qué regreso con esta desgana?

Mientras como algo de pie en la cocina me planteo la posibilidad de que exista una cantidad máxima de partidos a partir de la cual uno ya empieza a perder el interés, aunque crea que no. Podría pasar con los libros y con el cine. Ese último gol que celebras de verdad y a partir del cual los siguientes son ya una mera representación, perdida la afición por otro sumidero, éste personal.

martes, 29 de enero de 2013

Magia oculta



Magia oculta : Le partimos una pastilla en dos a Lucía. Le llenamos una cuchara de plástico con jarabe a Daniel. Nuestra dosis de magia antes de ir a dormir. Ese tipo de magia oculta que no brilla como el anuncio de la fachada : es el soporte que mantiene en pie el anuncio.

lunes, 28 de enero de 2013

Cómo hipnotizar a una gallina



Cómo hipnotizar a una gallina : Esto también es madurar : descubrir lo poco que tiene que prepararse la tentación para presentarse ante ti, como si se limitara a hacer la ronda y colocara una equis junto a tu nombre, igual que en esos controles de desinsectación que se muestran en los cuartos de baño. Qué previsible soy. ¿Y para qué más, si sólo hay que verme ahí antes de irme a la cama, mirando al trozo de tarta sin decidirme, como una gallina a la que hubieran dibujado un círculo blanco, de nata, alrededor? Pasa el tiempo y los pros y los contras pesan exactamente igual. Comérmela a mordiscos, como un depredador ante una presa. Luego, la traducción a minutos en la cinta de correr de ese festín. El mordisco que me deja la boca cubierta de chocolate. El sudor que tiene que empieza a caer por la frete. El puro placer. La culpa perfecta. Va a amanecer.

domingo, 27 de enero de 2013

Carga y descarga




Carga y descarga : Al lado del centro comercial, en el espacio de dos plazas de aparcamiento, han construido el parque infantil más triste del mundo : un pequeño tobogán rodeado por una valla de colores. En un lateral, en el suelo, está escrito con mayúsculas, “Carga y descarga”.

Trato de imaginarme una situación que justifique que un padre venga aquí con su hijo. ¿Papá, vamos al parque en el que no hay nada que hacer? o ¿Quieres que te lleve a ese sitio en el que estás tú solo? No lo sé. Tal vez no solo sea el parque más triste del mundo, sino el único que funciona como castigo. O la estrategia para que no vuelva a pisar ninguno : como darle a tu hijo un helado de apio cada vez que te pide uno de vainilla para que acabe aborreciendo los helados. O el sitio al que llevarías a tu hijo cuando no tienes tiempo ni paciencia. Ni hijos, ya puestos.

No lo sé, ya digo. Quizás sea un tema administrativo, para que las estadísticas de parques en la zona queden bien. O el proyecto de un imbécil. O la forma de justificar una comisión, un contrato, un sobre.

Daniel y Lucía se ríen al verlo y se suben y bajan del tobogán fingiendo que es de verdad. Es esa distancia con lo que hacen lo que me ofrece una pista : bien puede ser una instalación artística que lleve, precisamente, ese título : “Carga y descarga”. Si se le quita ese uso infantil, todo el montaje empieza a tener sentido. Precisamente ahí, en el sitio que ocuparían dos plazas de aparcamiento, un parque que nadie va a utilizar. En ese momento se disparan las asociaciones.

sábado, 26 de enero de 2013

Donde el paladar te lleve




Donde el paladar te lleve : Lo hemos pasado realmente bien comiendo. La entrada (un pequeño trozo de salmón envuelto en un fino hojaldre casi transparente) era, más que un estímulo para el estómago, una pequeña nota del cocinero con sus intenciones. Así, a pesar de presentarse con nombres corrientes (pollo, chipirones, noodles, curry) la comida ha estado muy por encima del nivel que das por bueno cuando vas con niños : que no dejen nada en el plato.

Esta vez, los que hemos dejado los platos vacíos, apurando el arroz con cada salsa, cada salsa con el arroz, hemos sido María y yo. Hemos comido con esa alegre meticulosidad que provoca el placer, que no quiere perderse ni dejarse nada, conservando la misma intensidad desde el primer bocado hasta el final. No hacía falta decirse nada porque todo estaba en el rostro. El cocinero proponía su música y nosotros, en silencio, la interpretábamos, dejándonos llevar.

Finalizado el concierto, sabíamos que la cuenta, a pesar de haber reservado con una oferta, iba a ser alta. Y es justo. Al camarero, observador, no se le escapaban nuestros gestos : a veces hay que pagar no por lo que te dan, sino por lo que realmente obtienes. 

viernes, 25 de enero de 2013

Cena en Ispahán




Cena en Ispahán : Para escapar de Clan, Disney Channel o Boing y, de paso, salir de cierta rutina culinaria, propongo que salgamos a cenar. Para integrarte en este barrio puedes ir de compras al Mercadona (tenemos dos), pasarte por el banco (no faltan las sucursales), hacer castillos de arena en el parque (muy abundantes) o tomar algo en un bar (siguen siendo la mejor opción si quieres montar un negocio). Si la oferta es una manifestación de la demanda, es evidente que para muchos basta con esto.

Nuestra primera opción no tiene mesas libres. Tampoco la segunda. Ni la tercera. Un imbécil o un optimista (o un imbécil optimista) se preguntará, con tono de queja, dónde está la crisis : seguramente sigue esperando en esos sitios de los que todos momentáneamente se han marchado.  

Acabamos en una hamburguesería con manteles de papel y tres botes de salsas en cada mesa. Es el único sitio en el que no nos preguntan si tenemos reserva, donde apenas tardas unos minutos en elegir qué quieres (ensalada, hamburguesa o perrito caliente) y en el que las camareras llevan una botas de plástico como si fuera a achicar agua en la bodega de un barco.

Digamos que éste no era el plan. Daniel le da un buen mordisco a su perrito caliente mientras mira en la pantalla de la pared unos dibujos en Boing. Lucía, que aprovecha cualquier momento para aplicar las quejas que ha aprendido de Chicote, no deja de ponerle objeciones a su quesadilla y se niega a comer. María expone lo que es evidente : para estar así, mejor nos habríamos quedado en casa.

Cierto, en casa. ¿Pero cómo habría descubierto el misterio de las botas? En casa, Lucía no me habría tirado los dos vasos con coca-cola encima mojándome los pantalones y cubriendo el suelo para que al instante, chapoteando con sus botas, una de las camareras limpie todo con una eficiencia de movimientos que deja en el suelo un húmedo trazo de elegancia que no tardará en evaporarse.