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martes, 12 de abril de 2016

Un pasillo de silencio



Un pasillo de silencio : Justo antes de que Ronaldo tire la falta con la que va a marcar el tercer gol del Madrid, Keylor Navas cruza el campo para decirle algo. Todo el estadio le grita cómo lanzarla. Cuando llega, Keylor se cubre la boca con el guante mientras le deja caer al oído unas pocas palabras precisas, como esas gotas de aceite caliente que nos echaban cuando teníamos otitis. Después regresa corriendo de espaldas, sin perder de vista cómo se prepara la falta. 

martes, 3 de mayo de 2011

Mi vecino es del Barça

Mi vecino de abajo es del Barça. Es un hombre mayor, con el pelo blanco. Tiene un coche antiguo, siempre limpio, de esos que deben pasar la ITV cada dos meses. Sé pocas cosas más de él.

Por su acento, podría ser venezolano. A veces, cuando estoy en el cuarto de mis hijos contándoles un cuento, escucho discursos de Chávez que me llegan desde abajo. Son discursos muy largos, con un tono de amenaza que te anima a acordarte de todas las personas que te deben algo. A veces discute con su hijo, con su mujer, con todos a la vez. A veces no se escucha nada.

Estaba en el cuarto de mis hijos cuando Pedro ha marcado el gol de Barça.

-¡Y ahora qué, ahora qué! – grita su hijo por la ventana al resto de la gente. Ahora nada : nadie le responde. En el lenguaje críptico de los economistas, se podría decir que el madridista ya tenía descontado ese gol. O, para entendernos los demás, que contábamos con él.

Mi vecino, y su hijo, y su mujer son del Barça.

El gol de Pedro me rompe la concentración del cuento que estaba inventándome. Así que tengo que imaginarme a los del Madrid en el Nou Camp, en un partido que no he querido ver porque la remontada era imposible. Me da por pensar que estarán pasando frío, como si fuera una madre que hubiera mandado a sus hijos al colegio en manga corta un día nublado. Una madre debería saber que para el Madrid siempre estará nublado en Barcelona.

Al rato, por un grito lejano y el silencio que me llega del piso de abajo, sé que el Madrid ha empatado. Cómo me gusta ese silencio. Es un silencio blanco, mullido, en el que me gustaría envolverme, como si fuera un edredón. Tengo ganas de ir a la televisión a ver el gol, pero el cuento todavía no se ha acabado y hay que hacer las cosas bien.

Así que sigo con el cuento. Escucho gritos cuando uno del Barça se cae al suelo, no sé si porque se tira o porque le empujan. Cuando termino el cuento, salgo al salón a ver lo que queda de partido. Al final nadie vuelve a marcar y el partido termina con un empate que sólo existe en el marcador. Mañana, unos y otros, a base de titulares, tratarán de demostrar que su gol pesó más que el del otro al nacer. Me sorprende que ninguno de los de abajo, ni padre, ni madre ni el hijo celebren la calsificación tanto como el primer gol.

Una vez dejaron solo un gato durante todo el fin de semana. El gato no dejaba de maullar día y noche, por lo que fue bastante difícil dormir. Debe ser que los gatos que maúllan no necesitan dormir. Cuando bajé a quejarme, me dijeron que se lo estaban cuidando a un amigo. El gato, que andaba por ahí, era blanco. Mal sitio para ser blanco, pensé.

De todos estos cuatro partidos entre el Madrid y el Barça saco varias lecciones :

1-No escuches a Chávez si quieres tener un momento zen.
2-El Barça sólo le gana al Madrid jugando contra diez.
3-No invites a Wolfgang Stark a la fiesta de cumpleaños de tus hijos si eres madridista porque puede expulsarlos antes de que soplen las velas.
4-Mourinho necesita algún amigo más en la FIFA.
5-Como no están acostumbrados a las copas, a los del Madrid se les suelen caer de las manos.
6-Si Mourinho no quiso cortar el césped del Bernabéu fue porque no quería que Busquets se hiciera daño al caerse.
7-Pep es un animal de sangre caliente. Como tú y como yo.
8-Lo de la Décima se merece el título de la película de Wim Mertens : “Tan cerca, tan lejos”.
9-Es hora de aprenderse la alineación del Manchester.
10-¿Y ahora qué? Pues no tengo ni idea. Ni puta idea.

miércoles, 27 de abril de 2011

Gracias, Wolfgang Stark

Estaba el partido bastante aburrido, tieso y seco, como si no hubieran regado a los jugadores. Yo también me notaba un poco lejos de mí, dándole vueltas a dos o tres temas sin demasiado interés, como encontrar un número de teléfono en un trozo de papel y jugar a adivinar de quién es.

Gabriel Byrne : Yo sé por qué.
Yo : ¡Hombre, Dr Paul Weston!.
Paul Weston : Te lo diré. Estabas empachado por la final de la Copa y nada atraía tu interés.
Yo : Pues va a ser que sí, ahora que lo pienso. Muchas gracias, Dr Weston.
Paul Weston : Me marcho a la consulta. Con casos como el tuyo los episodios de mi serie durarían menos que la introducción.

Joder con el doctor Weston. Qué manera tan educada de llamarme simple.

Paul Weston : Si lo quieres definir así.

Total. El Bernabéu. El partido. Y yo en una especie de viaje astral doméstico, sin alejarme mucho de mí mismo. Abajo los jugadores iban a lo suyo, pero sin muchas ganas, como si ellos también estuvieran dando vueltas alrededor de sus entrenadores, enredados en todas las palabras dichas en los días anteriores. Para entendernos : lo que tenía que ser una competición en una piscina limpia, con sus calles bien delimitadas, se estaba convirtiendo en un baño en una zona llena de algas, en plan mar de los sargazos. Los piratas saben de qué hablo.

Hasta aquí, la exposición, que le vamos a dar a esto una estructura dramática. El partido se habría quedado en eso, como si tuviéramos a una abuela hablando en un escenario de todo lo que ha comprado en el Mercadona, si no hubiéramos tenido sobre el césped a don Wolfgang Stark. El señor Stark sabe mucho de teatro

Gracias, señor Stark.

El señor Stark (Wolfang para los amigos, que los tendrá), viendo que los jugadores no juegan, que yo ando haciendo turismo astral con la poca iniciativa del que se sube a un autobús y se deja llevar, que el césped está seco, que el público se mete con la pobre Shakira, que falta el gol, que el fútbol se encoge en sí mismo como un caracol dentro de su caparazón, que una portada con 0-0 no vende ejemplares, que el Bernabéu se vuelve un poco apático, que las mocitas madrileñas no sonríen y que Mourinho se pasa bastante tiempo en el banquillo, reacciona y le da un empujón a la obra para que pase al nudo.

Tarjeta roja a Pepe.

Dani Alves también sabe bastante de teatro. No sé si el señor Stark (Wolfang para los amigos) y el señor Alves (Dani para los amigos) estarán en la misma compañía de teatro en sus horas libres. En el mundo del teatro hay de todo.

Es lo que en un guión se llama el plot : el momento en el que las cosas cambian. Y cambian mucho. Yo, por ejemplo, regreso de mi viaje astral, de mi apatía, y noto cómo desaparece el empacho que notaba. En casos como el mío, nada mejor que tomarse una tarjeta roja del famosos doctor Stark para volver a sentirse a tono

Al ver la tarjeta roja, me viene a la cabeza una letra de El Ultimo de la Fila : "¿Por qué esas flores raras, crecen en la acera para ti?. Volveré a cogerlas, sabes, no me acostumbro a estar sin ti”. Y pienso en Pepe y, sobre todo, en la Copa de Europa, que se aleja un poco. Pero es que estamos en el nudo y en el nudo pasan estas cosas.

Basta con asomarse a la platea para ver que en el escenario se desarrolla una tragedia. El señor Stark sabía muy bien a quién echar, como si siguiera un guión. Es muy listo el señor Stark. El tema del nudo estaba en el césped y en nuestras gargantas, porque a Ronaldo parece que le hubieran entregado el guión de otra obra. Va a lo suyo.

Y si ha habido exposición y nudo, era cuestión de tiempo que llegara el desenlace. Esto lo sabía Aristóteles y también lo sabemos nosotros. Y hasta los jugadores del Madrid y los del Barça. Sin Pepe en el campo, toda la obra se le ofrecía a Messi para que marcara sus goles.

Uno.

Y, después, con algunos todavía agarrándose la cabeza con las manos, el segundo.

Así que sólo puedo tener palabras de agradecimiento para el señor Stark por haberle dado una forma dramática a lo que tenia la tensión de un partido de petanca. Si no estuviera ya cogido, titularía a esta obra “Uno de los nuestros”.

jueves, 17 de marzo de 2011

Hacia cuartos (menos fríos)

Rememoro diez momentos importantes del partido de ayer, una vez que se ha enfriado el marcardor :

1-El metro.

Voy en metro porque es cómodo y es línea directa, la diez, la más apropiada cuando uno se dirige a la Décima (la mayúscula es mía porque no merece la pena desear algo que no empiece por mayúscula). La parada es Santiago Bernabéu, que sólo te da una orientación de lo que te espera arriba, porque a veces al salir te encuentras en la Liga y otras, como esta noche, estás en plena Copa de Europa. La rutina o la Historia. Supongo que son cosas de la relatividad.

2-Los sándwiches de Rodilla.

Llevarse sándwiches de Rodilla al fútbol es un poco, un poco, un poco gay (ya está dicho). Mi hermano me ofrece uno y no le digo que no porque el hambre no es gay. Con el hambre no se juega.

-¿Ése de que es?
-De roquefort
-Pues el otro.

A veces lo que no te gusta te ayuda a elegir. Anotadlo.

3-No es Guti.

Dan la alineación del Madrid y se me ocurre una idea que le haré llegar a Florentino si ganamos la Décima : que cada estación de metro tenga el nombre de un jugador que haya estado en la final. Es una gran idea.

-Yo me bajo en Ozil.
Y la estación llena de fotos de Ozil. El gran Ozil. Es una pena que el Atlético de Madrid no pueda hacer lo mismo.

Dan la alineación del Madrid, decía, y al ver la foto de Khedira tengo la impresión de estar viendo la de Guti. Me sigue pasando con Guti lo mismo que con las películas de James Bond : pongan a quien pongan, siempre veo a Sean Connery. Aquí, esté quien esté en el centro del campo, me imagino a Guti. Pero le dio por marcharse a hacer el turco, qué le vamos a hacer.

4-El vecino de delante y sus puros.

El vecino de delante se fuma unos puros densos, apretados, que apenas se consumen. Me imagino a alguna cubana colocando capa sobre capa, sudando, las gotas de sudor cayendo por su cuello, y de su cuello, oscuro, deslizarse hasta…

Llego a casa oliendo a humo, pero no me importa porque, al agitar los pantalones, se caen los tres goles de hoy, que rebotan en el suelo hasta quedarse quietos.

5-El abrigo de Mou.

Mou sale con su abrigo largo hasta el borde del área que tiene marcada en el suelo con una línea discontinua. Un espacio perfecto para dejar el coche. Si quisiera, Mou aparcaría ahí su coche y dirigiría el partido con la ventanilla bajada y el codo apoyado en el borde, con cierto aire de superioridad.

Los del Fondo Sur, animados por los goles, corean su nombre. Suena un poco ridículo. Permanezco callado y con miedo de que Mou, que todo lo controla, pueda darse cuenta de que no digo nada. A mi Mou no me gusta, a veces me da vergüenza escucharle en las ruedas de prensa.

Creo que es un topo del Barça, pero me gusta su abrigo.

6-El iPhone

Me llevo el iPhone para escuchar el partido, pero descubro que hay un lapso de treinta segundos entre lo que veo y lo que escucho. Apago la radio y me concentro en el partido, aunque también hay cierta diferencia entre lo que veo y lo que pienso. Pero con eso ya cuento.

7-Nunca es igual que la primera vez.

Lo sabe Marcelo, por eso se empeña en ser el primero en marcar esta noche. Para su gol, mezcla varios ingredientes de otros jugadores, por eso le sale algo tan completo y sabroso. Se puede decir que te va describiendo la receta para que la boca se te llene de saliva conforme avanza con el balón :

-Se recibe un balón de Xavi Alonso templado y en su punto, se coge a Chris y se le esquiva con la zurda. Con el balón ajustadito, se amaga a Réveillère y se pone a la defensa en estado de ebullición. Ese golpe de calor es necesario para que los ingredientes se vayan ablandando, como la confianza del portero, Lloris, que ve cómo el balón entra limpiamente en la portería, permitiendo así un gol crujiente por fuera y delicado por dentro.

Como tenemos mucha hambre de títulos, todos nos lanzamos a celebrar el tanto y a comernos el gol a bocados, sin paladearlo, masticando con la boca abierta. Sí, somos un poco cochinos. Vuelve a ser un tema de hambre : seríamos capaces de hacernos un bocadillo de caviar.

8-Un cartel de apoyo a Japón.

Al principio del encuentro guardamos un minuto de silencio como muestra de apoyo a Japón. Esto no va a acabar con la amenaza de los reactores de Fukushima, pero supongo que si fuera japonés me gustaría ver que en el otro lado del mundo la gente sabe dónde se está jugando un partido de verdad.

Alguno hay que aprovecha para gritar, pero supongo que en los rebaños siempre hay una oveja que bala.

9-Ya no hay botas de vino

Hace frío en el campo. Supongo que el viento es el fantasma del pasado, recordándonos las veces que nos hemos quedado en octavos. Hace años te habrías echado unos tragos para calentarte por dentro, pero ya no hay botas de vino. En su lugar, tenemos unos radiadores colgados que encienden cuando va a terminar el partido.

Una medida inútil porque con tres goles en el cuerpo, a pesar del viento que corre por el estadio, nadie tiene frío. El frío, que salió del vestuario del Madrid, se mete ahora en el del Lyon.

10-Los titulares

Doy por terminado el partido cuando, a la mañana siguiente, leo los titulares de la prensa deportiva en los periódicos del quiosco. Es como ver el sello del notario en un documento : ya es oficial.