martes, 22 de noviembre de 2016
La invulnerabilidad de Bale
martes, 12 de abril de 2016
Un pasillo de silencio
lunes, 31 de agosto de 2015
Del vodka al café con leche
sábado, 10 de diciembre de 2011
El poder de los elfos
En los puestos venden ponchos para protegerse de una lluvia que no molesta y en la que la gente que rodea el estadio no parece fijarse, alimentada por cierto calor interior que la hace inmune al frío o a las dudas. Los ultras aclaran sus gargantas con cerveza y comienzan a ensayar sus cánticos cerca de la puerta cero, con el tono festivo del que ya está celebrando algo a pesar de que quedan veinte minutos para que empiece el partido. Todos hemos escrito nuestra carta a Papá Noel y se la hemos echado en el buzón a Mourinho con la seguridad de que éste nos va a traer lo que queramos.
En medio de esa euforia contenida, que comparto, veo dos detalles que me inquietan. Uno es un cartel en el que leo “El sueño de una noche de verano”. El otro es la tranquilidad con la que se mueven los caballos de la policía, como si anticiparan que esta va a ser una noche sin problemas en la que la gente se va a retirar pronto a casa, cambiando el plan de la copa con los amigos por la sopa caliente en la cocina.
Dentro del estadio todo se desarrolla como siempre. La alineación del Barça se anuncia sin presentar las fotografías de los jugadores, lo que tiene cierto toque infantil o, analizándolo un poco más, protector, como si se nos quisiera evitar ver de frente a un rival que, todavía no lo sabes, se ha hecho con las cartas a Mourinho y las va a romper una a una. Los jugadores del Madrid si aparecen en las pantallas con su imagen, acompañados por el grito del locutor que los va nombrando con la contundencia del gorila que se golpea el pecho.
Al salir los equipos, unos son recibidos con aplausos y los otros con insultos que cruzan el cielo como guirlandas. Y antes de que la última guirnalda haya caído sobre el césped, Benzemá, a los veinte segundos, marca el primer gol, haciéndonos creer a todos que la Navidad, como dice la canción, va a ser blanca, alejados los enemigos a la distancia de nueve puntos.
Entonces el Madrid mira al marcador y ve un resultado. El Barça se fija en el 10 y apenas le presta atención, como si marcara la hora. El Madrid cree que ya está todo escrito y el Barça, al que se le ha negado su imagen, empieza a jugar como si tuviera que ganársela. Digamos que uno cree en Papá Noel y el otro ya sabe la verdad.
En ese momento la victoria del Barça se pagaba a seis euros, lo que nos habría hecho ricos a los madridistas si hubiéramos hecho más caso a lo que veíamos que a lo que sentíamos. El día que se cuente un partido con los comentarios de los hinchas se descubrirá que de puertas adentro uno no se engaña. Y entre los de mi zona empieza a aparecer pronto cierto malestar con lo que se ve abajo.
A pesar del calor del primer gol, el césped está frío. Bastan unos pocos detalles para saber que esta noche el Madrid no funciona. Lo que vemos abajo parece el resultado de unas consignas que han ido más allá de lo apropiado, como el que te cuenta los viajes de Marco Polo cuando le preguntas por una calle del barrio. Mourinho parece haberles hecho creer a cada jugador que el partido depende de él y sólo de él, para motivarles, y ahí están, jugando como si sólo existieran ellos y el resto del equipo fuera invisible. Mourinho le ha echado demasiados fideos a la sopa y esta se ha vuelto espesa. Guardiola, con ese toque de monje avispado, sabe que es mejor dejar el caldo ligero y así se lo ha hecho beber a los suyos.
El Barça ve pronto el cortocircuito del Madrid, que parece jugar hoy con su marca blanca y empieza poco a poco a aumentar su ritmo. No es que hagan un gran fútbol, pero digamos que saben cómo desactivar al Bernabéu. Primero nos mandan un mensaje a los hinchas, que captamos pronto, diciéndonos que esto es sólo cuestión de tiempo. Después, una vez instalada la duda en las gradas, los de Guardiola se dedican a decirles a los del Madrid que la grada ya no está con ellos y que Papá Noel no existen.
Ese es el planteamiento y hay que ser muy ciego o muy fanático para no darse cuenta de que el que está agitando el árbol es el Barcelona. El Madrid no reacciona porque juega once partidos a la vez, incluyendo a un Casillas cuyo reloj interno parece volver al ritmo de los demás mortales, que vemos las cosas cuando han sucedido, no tres segundos antes. El Barça sólo necesita de un fútbol ordenado, de un partido que comparten todos y que no brillará en las hemerotecas digitales del futuro, pero para qué más.
Y llega el segundo, claro. Y el tercero, normal.
Salgo del partido con mi hermano antes de que acabe. Afuera nos debía esperar un bullicioso sábado por la noche y nos encontramos con una noche de martes. La policía apenas se ve. No quedan ya puestos. La calle está limpia. Los camareros de los bares miran la pantalla mientras calculan el dinero que van a perder esa noche. La gente camina despacio, con las manos en los bolsillos. El murmullo del Bernabéu va desapareciendo. En el metro no hay cola para pasar el control. En el andén esperamos ordenada a que llegue el metro. Alguno manda mensajes por el móvil con la cara seria. Y, sobre todo, no nos hemos terminado la bolsa de pipas.
Los elfos, ya lo hemos visto, son culés y llevan un diez en la espalda. Como advertían, han roto todas nuestras cartas y nos han dejado un poco desconcertados, sin saber muy bien qué pedirle ahora a Mourinho.
sábado, 26 de noviembre de 2011
Gracias, Messi.
Camino de mi puerta en el estadio, me cruzo con cientos de madridistas por la zona del Bernabéu. Entre tanta gente, destaca la camiseta de una colchonera con el siete a la espalda. Nadie le dice nada hasta que uno, con un vaso de cerveza en la mano, le grita :
-¡Mira a la del Forlán! ¡Hija de puta colchonera!
En ese momento me siento orgulloso de pertenecer al Madrid. Puestos a ser grandes, puestos a abarcarlo todo, me alegra descubrir que también tenemos a los hijos de puta más cobardes del panorama futbolístico. Ahí está este tipo, madridista de pro (el alcohol nos ayuda a sacar la esencia de nosotros), mostrando que en la fauna madridista podemos presumir de tipos como él que se meten con quinceañeras rivales. Sí que somos grandes, coño, nos lo merecemos todo.
El partido de hoy parece que tiene un guión escrito año tras año y del que nadie se puede salir y en el estadio hay cierta euforia cansada, como si nos tuviéramos que reír de un chiste que ya nos sabemos : sale un portero y recoge cuatro balones de la red. ¿Cómo se llama la película? Derbi madrileño.
Con esa sonrisa poco convincente ocupo mi sitio, junto a mi hermano, que hoy no trae pipas. En la lista de partidos innegociables que negocié con María, éste tenía la marca verde de los que podía ver. Más que por un tema futbolístico, por razones sentimentales, porque la última foto que tengo con mi padre en el Bernabéu fue de otro derbi de hace cinco años y esta es una cita con el pasado que quiero cumplir, aunque de aquel equipo en el que jugaban Casillas, Míchel Salgado, Roberto Carlos, Iván Helguera, Raúl Bravo, Zidane, Baptista, Guti, Gravesen, Beckham, Cassano, Diogo, Raúl y Robinho, sólo quede el portero : la alineación de un equipo de fútbol es un río en el que no te puedes bañar dos veces, como dijo Heráclito.
Abajo, en el campo, lo de siempre. Parece que al Atleti le hubieran pasado otro texto cuando se atreve a meter el primer gol del partido, pero pronto parece recordar que en las estrellas y en la tercera tabla de Moiséis ya se habla de sus derrotas en el Bernabéu y el portero del Atleti, asustado frente al desafío de ir por delante, avanza tres casillas en el parchís : expulsión, penalti y empate.
Con lo que ya no sabemos, si a partir de ahora, es el Madrid el que gana el partido o el Atleti el que pierde. Ya tienen carnaza los periodistas para los que, hasta ese momento, retransmitir el partido es hablar de cualquier cosa que suceda fuera del estadio.
-¿Qué dicen en la radio?
-Algo del baloncesto – me dice mi hermano.
Empatado el partido, los espectadores volvemos a sentirnos como los dioses que ven, con cierta cariñosa lástima, que algún espontáneo trata de desafiar al destino. Esa confianza en el resultado final te hace sentir seguro, pero la seguridad es hermana del aburrimiento, por lo que, por mucho que nos quejemos, todos, salvo el hijo de puta de la cerveza del principio, recordamos con cierta melancolía ese gol del Atleti. Cuando uno se quita la camiseta, lo que se valora es al que se atreve a seguir su propio camino.
Pero tampoco vamos a ponernos profundos, porque uno se pone la camiseta para ser superficial y el partido está empatado y eso es a lo que vamos. Todo respiramos algo más aliviados y esperamos que las cosas vuelvan a ser como en el pasado, lo que tarda poco en suceder : el Madrid mete goles y el Atleti se lleva tarjetas. El ying y el yang.
-¿Y por qué no traes pipas?
-¿Y por qué no traes bocadillos tú?
Los goles llegan, pero no alimentan. Hay aficionados que, vistos los gritos que sueltan, parecen disfrutar con cualquier plato. Son los que le darían una estrella Michelín al banquete de bodas de su primo en el pueblo, pero yo no me siento especialmente estimulado. Los de blanco hoy, sea por lo que sea, no andan finos, y los pases y las jugadas se les quedan cortos, como si uno pensara en centímetros y el otro en pulgadas. Y por tonterías así más de una sonda espacial se ha pegado un buen golpe contra la superficie de la luna, provocando una pequeña nube de polvo y disolviendo millones de dólares del presupuesto.
Los goles acaban llegando y lo celebramos con una alegría desteñida que tiene algo de farsa. Gritar por un gol a un equipo que tiene un jugador de menos tiene algo de insulto contra tu propio equipo. Lo suyo sería un silencio educado. En fin, y mi hermano sin pipas.
¿Cosas que podría haber hecho en vez de ver este partido? Comenzar con cualquiera de los libros que me esperan o meterme en una tienda de chucherías a comerme unas cuantas pipas con la elegancia del caballo que abreva.
-No puede meter la cabeza y comer. ¿Me oye?
Lo intento, pero es difícil hablan cuando tienes pipas hasta en los oídos. Poco antes de que acabe un partido que lleva terminado muchos minutos le digo a mi hermano que ha llegado el momento de marcharse. Tengo que reconocer que no he sentido la presencia de mi padre, lo que no me sorprende porque siendo ya etéreo e inmortal, y sin sentir el peso de la finitud y bla,bla,bla, debe haber muchas cosas que hacer, que para eso se es inmortal. El tema de la mortalidad tiene sentido cuando uno se gana la vida sentado ocho horas delante de un ordenador.
-Menos mal que esto no es para siempre.
Nos metemos en el metro y hablamos de la crisis, que es lo que realmente importa.
-Los de Huawei se traen a los ingenieros de china en aviones, le tienes mil horas trabajando y revientan los precios del mercado, así que pronto acabaremos todos en el paro.
Muchos goles tiene que meter Ronaldo para hacerte olvidar esto. Parece que en lo que a la economía se refiere, no hay árbitro alguno que haga cumplir las reglas. En todo caso, tenemos a aficionados que con el reglamento del ajedrez tratan de organizar un partido de baseball. El tema es muy serio.
-¿Pero no tienes pipas?
-No.
Me despido de él y me marcho a casa, donde me encuentro a María viendo la televisión. Cambio un momento y en un canal descubro que retransmiten los últimos minutos del Getafe-Barcelona, que van ganando los locales por un gol a cero. Sólo quedan cinco minutos. Vuelvo a mirar el resultado. Vuelvo a escribirlo aquí. Getafe, uno; Barcelona, cero.
Toda la emoción que no ha provocado el partido del Bernabéu la percibo en esos cinco minutos. Me siento en el borde del sofá y noto cómo mi corazón late con más fuerza, como cuando uno está vivo. Los del Barça atacan y los del Getafe defienden, pero parece que ahí tuvieran un guionista diferente, más atrevido.
Me mantengo en un silencio expectante, con el corazón marcando el ritmo cada vez más deprisa. La sangre llega a rincones un tanto abandonados de mi cabeza, esa que va secando el uso continuo del Excel. Trabajar es cauterizar. Fluye la sangre y me descubro gritando, ordenado la defensa, criticando al árbitro y diciéndole a Piqué que su campaña de moda me parece muy elegante. Qué elegante ni qué coña, a él también le grito. Cómo grito. Nunca había disfrutado así últimamente, le estoy siendo infiel a mi escudo, a mi estadio y a mis colores, pero qué le voy a hacer. Getafe, uno; Barcelona, cero.
Y entonces aparece Messi y esquiva a la defensa sin problemas con el balón pegado a la punta. Me gustaría verle salir de un vagón de la línea uno a las ocho de la mañana. Eso sí que es esquivar, Messi. Messi avanza, se prepara y lanza un golpe directo que parece trazado por el destino.
El balón avanza y da en el poste, con elegancia. Qué cosas. Con lo pequeño que es Messi y lo grande que es la portería. Parece que cada jugador del Barça hubiera recibido ese golpe en la cabeza porque apenas tienen tiempo de reaccionar. Soy capaz de sentir el temblor debajo de mis pies, y en mis manos. Mi corazón late con más fuerza, transmitiendo ese ritmo a los vasos de la cocina, que tiemblan, y a los platos, y a las tazas, y a los cuchillos, y a las cucharas, y al bote de arroz, y a la caja de cereales, y a las naranjas de la despensa, y a la bolsa de colines y a las llaves de la entrada.
La intensidad aumenta hasta que el árbitro marca el final del partido. Esa señal hace que todo cese de repente y la casa vuelva a ser más sólida. Pero es un silencio ficticio, como el que provocan los animales antes de que llegue el tsunami.
El tsunami se acerca con fuerza y antes de que rompa, hago dos cosas. La primera es darme cuenta de que, además de nosotros dos, hay alguien más alrededor, que la eternidad sin arrugas debe ser difícil y todos necesitamos emociones. La segunda, darle gracias a Messi por estrellar ese balón en el palo.
Dar gracias a Messi, quién me lo iba a decir.
martes, 22 de noviembre de 2011
多谢
Me gusta que el Madrid meta seis goles, como esta noche, y que se agarre bien a Europa antes de que a los del norte se les ocurra lo de la Copa de Europa de dos velocidades para que sus equipos se lleven alguna y nosotros tengamos que luchar por el trofeo de los PIGS. Por este lado, no tengo nada que decir.
Sin embargo, me gustaría hacer una petición pública sobre la distribución de los goles aunque sé que ahora solo se escucha a los chinos, para los que empezamos a jugar a las doce con el fin de que ellos puedan ver el partido con su cuenco de arroz en una mano y nuestra deuda soberana en otro. Poco caso se me va a hacer, pero lo que solicito es una nimiedad, un tema de distribución de goles.
A saber y a quien proceda : Aquí las cenas empiezan a las ocho y media y terminan a las nueve. Podríamos empezar antes para antes acabar, pero suele ser complicado por varias razones que no puedo enumerar porque cada día son diferentes. Una multiplicación que hay que repasar, un calcetín que no aparece, unas risas de más a la hora del baño. En este estilo. A las ocho y media estamos cenando, entendiendo por cena el proceso que se desarrolla paralelamente a la emisión de dos capítulos de “Fineas y Ferb”. Nosotros les explicamos que se ve la tele mientras se come, pero ellos comen mientras ven la tele. Sobre ese matiz giran nuestros problemas a esa hora.
De fondo, frases como “Maldito seas, Perry el ornitorrinco” o “Ya sé qué vamos a hacer hoy, Ferb”.
Pero no nos distraigamos. Tenemos los goles del Madrid y el tema de la cena. La cena se extiende hasta las nueve, que es el momento en el que todos nos vamos al salón a descansar de la lucha. El sofá que compartimos es nuestra tregua. Así suele ser todas las noches, pero cuando hay fútbol, a las nueve me quedo solo en la cocina y cambio de canal.
-A ver qué tal – me digo.
Y me siento en la mesa, todavía sin recoger, y me pongo a ver el partido, comiéndome los restos de una croqueta, o bebiendo el zumo que queda, o rebañando el kétchup de un plato con un trozo de pan, o colocando un plato encima de otro, o recogiendo las migas con una mano, o terminándome un batido de chocolate, o pinchando las últimas patatas, o acabando unas natillas de chocolate, o de vainilla, o apurando el arroz que no se han comido. Sí, en ese momento me convierto en una cucaracha, metamorfosis mediante, y no le hago ascos a nada de lo que veo sobre los platos.
Es un buen momento de soledad en el que disfruto de los nervios del partido.
Para que el momento sea perfecto, necesito que el marcador no se haya estrenado. Ver un cero a cero es como llegar a tiempo, aunque ya hayan pasado quince minutos. Y pensaba que esta noche iba a ser todo igual y al cambiar descubro que en quince minutos el Madrid ya ha marcado tres goles. El partido, aunque quede mucho por jugar, ya se ha acabado. En esta novela negra, ya me han dicho quién es el asesino : el Dínamo yace en el suelo con tres agujeros y de las botas de Benzemá, Callejón e Higuaín sale humo.
Esto no se hace, Mourinho, don Florentino. Que me parece muy bien que el Madrid meta seis goles, pero les rogaría que los distribuyeran de otra forma. Ustedes no tiene dos niños de siete años y no saben quién es Doofenshmirtz para que puedan comprenderme del todo, pero tampoco hace falta una gran empatía. Que los chicos esperen un poco para marcar el primero y que después no lo hagan todo de golpe.
Si la petición les parece absurda, imagínense que se la hace un chino y ya verán que tiene sentido.
多谢
miércoles, 26 de octubre de 2011
La virtud blanca está en la mitad
O la virtud está en el medio blanco. El título da un poco igual, que, para los que somos, tampoco vamos a estar limpiando la casa todos los días.
El partido del Madrid de hoy es a las diez de la noche. Me imagino volviendo en el metro a las doce y ahí se termina mi impulso madridista de primera línea. Saco al madridista de intendencia, al que se queda pelando las patatas mientras otros se juegan la vida en el frente. Con el cuchillo de pelar y los tubérculos en la mano, me siento frente a la televisión a ver el partido.
No puedo pelar ni una sola patata. El Madrid es un martillo y el Villarreal un castillo de azúcar. Esto sí que es fútbol y los que juegan van de blanco, lo que es una sorpresa. El arranque del Madrid es brutal, en el sentido completo de la palabra. Me imagino a Juanma Trueba limitándose a coger al vuelo lo que Xavi Alonso y compañía van dictando para escribir su crónica.
En media hora, el partido está acabado y los del Villarreal, cabizbajos, se van repasando los dientes con la lengua para saber si han perdido alguno en el combate, que todo puede ser. Si uno puede hacerse cardenales en la autoestima, alguno hay que se quedará con ellos de por vida por mucho que frote.
Pasada la media hora, el Madrid se dedica a pensar en otras cosas y le presta la misma atención al partido que el padre que, tomándose un aperitivo el domingo, vigila a los chicos que juegan en el parque. Nada serio.
Algunos dirán que esta postura del Madrid es egoísta, pero yo creo que lo hacen por nosotros. Mourinho nos regala el segundo tiempo, en el que no sucede nada de nada (el padre se pide otra cañita y los niños juegan a tirarse arena a la cara, angelitos) para que lo aprovechemos como mejor sepamos.
Puedes seguir con "El secreto de Christine Falls", o ver un capítulo más de la interminable segunda temporada de "En terapia", o estudiar si con 26.000 millones la banca española se apaña, o meterte en la cama solo, o meterte en la cama acompañado, o poner el lavavajillas para que los restos de la cena no se sequen y haya que frotar, o poner un poco de orden, o coger un cuaderno de chino y empezar a estudiar chino, para cuando el dueño del Madrid sea chino, o llamar a tu madre, que ya te vale, o prepararte la ropa para mañana.
Ser del Madrid alarga tu día. Además, te vas contento a la cama. Y para todos aquellos molestos por los métodos diplomático de Mourinho, pueden jugar a ser del Madrid el primer tiempo y a dejar de serlo el segundo, lo que te convierte en un madridista ejemplar, porque ahí, entre serlo todo el tiempo y no serlo en absoluto, está la virtud blanca, que era el título de este post y que espero haber demostrado.
Ahora, a pelar patatas, a ver si me hago la tortilla.
sábado, 24 de septiembre de 2011
Goles y neutrinos
Los neutrinos, dice el periódico, van más deprisa que la luz. Eso tiene una serie de implicaciones tremendas en el campo de la física, según dicen, porque podría viajarse al futuro.
Yo puedo viajar al futuro o al pasado sin necesidad de grandes gastos. Lo hago, sin problemas, en el Bernabéu. El chaval que está sentado detrás de mí soy yo hace veinticinco años. Así que, desde mi punto de vista, estoy viajando al pasado. Desde el suyo, lo que tiene enfrente es su futuro.
Sorprendente. Y, en el césped, el Rayo le mete un gol al Madrid en el segundo cuarenta. La lógica, la física y la economía, por los aires.
Bueno, al viaje en el tiempo. Ese de atrás, sin ser yo, soy yo. Hace veinticinco año yo era así : Insultaba al árbitro, coreaba los gritos de los Ultra Sur, me ponía de pie, sabía quién era cada jugador por la forma de correr, celebraba cada saque de esquina, les decía dónde tenían que pasar el balón, gritaba eso de “eeeeeeeeee….¡cabrón”” cuando sacaba el portero, me unía a los cánticos, “illa, illa, illa, Juanito maravilla” y me comía el bocadillo de no sé bien qué sin quitarle el papel de plata (vamos, todo para adentro)
Así era yo.
Y el yo del futuro, con veinticinco años más, se gira al yo del pasado cuando celebra el empate del Madrid como si hubiéramos ganado la Copa de Europa.
-Que no hemos ganado la Copa de Europa – me digo.
-¡Hay que salir del bache! – me respondo.
El yo del futuro desea, en silencio, que gane el Rayo. El futuro, le explicaría al yo del pasado, es algo complejo. Empata el Madrid y, realmente, me jode. Me hubiera gustado que ganara el Rayo porque es capaz de plantar cara y porque me gusta ese lateral que vuelve loco a Marcelo.
-Lass – me dice el yo del pasado.
Lass. Es bueno ese Lass.
Ah. En el partido de neutrinos solteros contra rayos de luz casados, el resultado es : Luz 2,40000, neutrinos 2,39994.
domingo, 5 de junio de 2011
Adiós, Zidane

Como en los viejos tiempos.


viernes, 3 de junio de 2011
Una Copa anecdótica

-A ver si es de verdad.
martes, 3 de mayo de 2011
Mi vecino es del Barça

Estaba en el cuarto de mis hijos cuando Pedro ha marcado el gol de Barça.
Mi vecino, y su hijo, y su mujer son del Barça.
De todos estos cuatro partidos entre el Madrid y el Barça saco varias lecciones :
1-No escuches a Chávez si quieres tener un momento zen.
2-El Barça sólo le gana al Madrid jugando contra diez.
10-¿Y ahora qué? Pues no tengo ni idea. Ni puta idea.
miércoles, 27 de abril de 2011
Gracias, Wolfgang Stark

Gabriel Byrne : Yo sé por qué.
Yo : ¡Hombre, Dr Paul Weston!.
Joder con el doctor Weston. Qué manera tan educada de llamarme simple.
Paul Weston : Si lo quieres definir así.
Gracias, señor Stark.
Tarjeta roja a Pepe.
Uno.
sábado, 16 de abril de 2011
No hay nada igual

-Pues ya está. ¿Quién ha salido?
-Ese tipo está leyendo.
-¿El Marca?
-No, un libro.
-Hasta aquí llegan los tentáculos del Barcelona.
sábado, 2 de abril de 2011
Es duro ser del Madrid

¿Una mierda?. Me lo dice la señora que tengo sentada detrás de mí. Siempre me pregunta por mi madre y por mis hijos. En el descanso me giro para saber qué piensa del Madrid. “Una mierda”. Nunca hasta hoy había sido tan rotunda. Lo dice con una sonrisa perfecta que hace que esa mierda adquiera relieve y densidad.
jueves, 17 de marzo de 2011
Hacia cuartos (menos fríos)
1-El metro.
Voy en metro porque es cómodo y es línea directa, la diez, la más apropiada cuando uno se dirige a la Décima (la mayúscula es mía porque no merece la pena desear algo que no empiece por mayúscula). La parada es Santiago Bernabéu, que sólo te da una orientación de lo que te espera arriba, porque a veces al salir te encuentras en la Liga y otras, como esta noche, estás en plena Copa de Europa. La rutina o la Historia. Supongo que son cosas de la relatividad.
2-Los sándwiches de Rodilla.
Llevarse sándwiches de Rodilla al fútbol es un poco, un poco, un poco gay (ya está dicho). Mi hermano me ofrece uno y no le digo que no porque el hambre no es gay. Con el hambre no se juega.
-¿Ése de que es?
-De roquefort
-Pues el otro.
A veces lo que no te gusta te ayuda a elegir. Anotadlo.
3-No es Guti.
-Yo me bajo en Ozil.
Dan la alineación del Madrid, decía, y al ver la foto de Khedira tengo la impresión de estar viendo la de Guti. Me sigue pasando con Guti lo mismo que con las películas de James Bond : pongan a quien pongan, siempre veo a Sean Connery. Aquí, esté quien esté en el centro del campo, me imagino a Guti. Pero le dio por marcharse a hacer el turco, qué le vamos a hacer.
4-El vecino de delante y sus puros.
El vecino de delante se fuma unos puros densos, apretados, que apenas se consumen. Me imagino a alguna cubana colocando capa sobre capa, sudando, las gotas de sudor cayendo por su cuello, y de su cuello, oscuro, deslizarse hasta…
Llego a casa oliendo a humo, pero no me importa porque, al agitar los pantalones, se caen los tres goles de hoy, que rebotan en el suelo hasta quedarse quietos.
5-El abrigo de Mou.
Mou sale con su abrigo largo hasta el borde del área que tiene marcada en el suelo con una línea discontinua. Un espacio perfecto para dejar el coche. Si quisiera, Mou aparcaría ahí su coche y dirigiría el partido con la ventanilla bajada y el codo apoyado en el borde, con cierto aire de superioridad.
Los del Fondo Sur, animados por los goles, corean su nombre. Suena un poco ridículo. Permanezco callado y con miedo de que Mou, que todo lo controla, pueda darse cuenta de que no digo nada. A mi Mou no me gusta, a veces me da vergüenza escucharle en las ruedas de prensa.
Creo que es un topo del Barça, pero me gusta su abrigo.
8-Un cartel de apoyo a Japón.
Al principio del encuentro guardamos un minuto de silencio como muestra de apoyo a Japón. Esto no va a acabar con la amenaza de los reactores de Fukushima, pero supongo que si fuera japonés me gustaría ver que en el otro lado del mundo la gente sabe dónde se está jugando un partido de verdad.
Una medida inútil porque con tres goles en el cuerpo, a pesar del viento que corre por el estadio, nadie tiene frío. El frío, que salió del vestuario del Madrid, se mete ahora en el del Lyon.
10-Los titulares
Doy por terminado el partido cuando, a la mañana siguiente, leo los titulares de la prensa deportiva en los periódicos del quiosco. Es como ver el sello del notario en un documento : ya es oficial.
domingo, 6 de marzo de 2011
Vichisua
viernes, 4 de marzo de 2011
Mis influencias : Juanma Trueba
-Jo.
Ha sido un post largo, sí, pero ha sido por vuestro bien.

