Mostrando entradas con la etiqueta Denia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Denia. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de agosto de 2015

Los ocho euros mejor gastados en la playa



Los ocho euros mejor gastados en la playa : En la playa es fácil establecer una analogía entre el escenario y el tiempo. La arena sería el pasado, el horizonte del mar el futuro y el presente esas olas que se deshacen en pequeñas burbujas a los pies. Si me giro ciento ochenta grados, la analogía cambia. El mar, ahora a mi espalda, sería el inconsciente, la arena, frente a mí, el ego, y la pequeña franja entre ambos, el yo. Esto es lo malo del ocio, que le da tiempo a la mente a tontear y hacerse la profunda. Para eso se inventaron las palas. O las cartas de plástico. O, para los que no nos gusta mucho ni una opción ni la otra, ese chiringuito que está al fondo cuyo dueño se queja de que esto está lleno de franceses con poco dinero. Qué, le digo a mi madre, ¿vamos a por ese mojito?. La cabeza también se merece estar de vacaciones y ahí los preparan muy bien.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Una toalla al hombro



Una toalla al hombro : Indudablemente ésta es una playa familiar. En un paseo por la zona que recorremos para ir al mar me encuentro con un biberón colocado sobre el tope del muro que rodea un aparcamiento. Es normal que, con lo cargados que vamos a la arena, algo se caiga en el trayecto. Un accidente que puede interpretarse de forma casual o como el resultado de una motivación más profunda. O no tan profunda: lo que más se añora de la playa es ese tiempo en el que a vida pesaba lo que esa toalla que se llevaba al hombro y que se podía extender en cualquier sitio. Todos valían.

martes, 18 de agosto de 2015

Alegre inventario de bajas



Alegre inventario de bajas : En el primer paseo recorremos la zona del puerto y después la de los restaurantes. Para llegar a la segunda cogemos un barco que en un minuto nos transporta al sitio en el que están los puestos: aquí uno puede olvidarse de la envidia de no tener uno de los yates fondeados comprándose un par de collares, un anillo y un llavero serigrafiado con una foto mandada desde el móvil.

Caminamos junto a los restaurantes haciendo un inventario de los que ya no existen y de los que se han abierto nuevos. Tratamos de recordar los detalles de las comidas que hicimos en aquellos que están cerrados. Qué nos sirvieron, cómo eran los camareros, cuánto costaba, qué mesa ocupamos, quiénes estábamos. Apenas prestamos atención a los restaurantes que siguen y en los que también comimos.