Los ocho euros mejor gastados en la playa : En la playa es fácil establecer una analogía entre el
escenario y el tiempo. La arena sería el pasado, el horizonte del mar el futuro
y el presente esas olas que se deshacen en pequeñas burbujas a los pies. Si me
giro ciento ochenta grados, la analogía cambia. El mar, ahora a mi espalda,
sería el inconsciente, la arena, frente a mí, el ego, y la pequeña franja entre
ambos, el yo. Esto es lo malo del ocio, que le da tiempo a la mente a tontear y
hacerse la profunda. Para eso se inventaron las palas. O las cartas de
plástico. O, para los que no nos gusta mucho ni una opción ni la otra, ese
chiringuito que está al fondo cuyo dueño se queja de que esto está lleno de
franceses con poco dinero. Qué, le digo a mi madre, ¿vamos a por ese mojito?. La
cabeza también se merece estar de vacaciones y ahí los preparan muy bien.
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sábado, 22 de agosto de 2015
miércoles, 19 de agosto de 2015
Una toalla al hombro
Una toalla al hombro : Indudablemente ésta es una playa familiar. En un paseo
por la zona que recorremos para ir al mar me encuentro con un biberón colocado
sobre el tope del muro que rodea un aparcamiento. Es normal que, con lo
cargados que vamos a la arena, algo se caiga en el trayecto. Un accidente que
puede interpretarse de forma casual o como el resultado de una motivación más
profunda. O no tan profunda: lo que más se añora de la playa es ese tiempo en
el que a vida pesaba lo que esa toalla que se llevaba al hombro y que se podía extender en cualquier
sitio. Todos valían.
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