sábado, 7 de julio de 2012

La rodaja de pepino



La rodaja de pepino : Dos sonidos de agua que me gustan:

El del chorro de la manguera cuando, saltando de una zona con flores a otra, cae durante unos segundos en el suelo; el del primer chapuzón que alguien se da en la piscina: los siguientes no dejan de ser una falsificación.

A esta primera hora de la mañana son la rodaja en la ginebra.

viernes, 6 de julio de 2012

Los pies de las bailarinas



Los pies de las bailarinas : Todo el peso de la macroeconomía, de las discusiones en Bruselas, de los apretones de manos de los ministros, del miedo de los titulares, de los desahucios previstos, de la dificultades de financiación, de las congelaciones salariales, de los créditos impagados, del aumento de la prima de riesgo, de los reajustes de plantilla, todo, cae sobre esas pequeñas ruedas. Que la estructura siga en movimiento depende, en última instancia, de que ellas giren.

Ahora, recién abierto el telón en el Carrefour, parecen los pies de un grupo de bailarinas calentando.

jueves, 5 de julio de 2012

Moscú




Moscú :

-Cables, lo primero que te llama la atención al llegar al Moscú son los cables.

Ahora Moscú y después San Petersburgo. Mi madre me llama vía Viber, aprovechando que en el hotel tienen wifi. Yo la escucho en la terraza, fijándome en los dos cables que salen del canuto de la pared preparado para colocar una lámpara. Si los cables son Moscú, éste es un trozo de Moscú, y en el baño hay otro y en los cuartos de los enanos también hay recuerdos de Moscú.

En cuanto puede, mi madre se marcha de viaje con los amigos. Ahora todos esos países están muy cerca, pero con la crisis se van a ir alejando en un nuevo desplazamiento más económico que geográfico : unos pondrán los ladrillos al muro desde fuera mientras nosotros, a base de IVA y ajustes y controles y recortes los colocaremos por dentro. En lo que eso llega, los abuelos hacen viajes rápidos de adolescentes y nosotros, ni adolescentes ni abuelos, miramos por el balcón a los niños que juegan en la piscina.

Le digo que lo pase bien. Le dio que eche una mano en eso de crear la marca España. Le digo que tenga cuidado con el vodka. Me responde a todo que sí con prisa porque ya están todos cambiados y se marchan a cenar. Solo le falta despedirse con un vale largo y transparente como cinta adhesiva con la que cerrar con varias vueltas la conversación.

Me siento como la barra de la que cuelgan los columpios. Es lo que toca.

miércoles, 4 de julio de 2012

A lo lejos, la dentista



A lo lejos, la dentista : Me limpio los dientes cada cinco minutos. No exagero. Me llevo el capillo y la pasta de dientes y ese aparato sin nombre que es la versión minúscula de la escobilla del baño al trabajo. Cuando los tres se ven juntos en una bolsa se alegran, como perro que escucha el sonido de la cadena, y me preguntan dónde nos vamos de vacaciones. Al trabajo. ¿Al trabajo? (desilusión). Sí, al trabajo (firme). Jo (ellos), pensábamos que nos íbamos a un hotel. ¡Nos encantan los hoteles, eso de llegar a un cuarto de baño nuevo y verte en un vaso de cristal limpio, tan limpio que tiene ese plástico que lo envuelve, y no éste en el que nos amontonamos! (dice el cepillo de dientes). Mucha presión (la pasta de dientes). (La mini escobilla no dice nada porque en esa cabeza de alambre no caben muchas ideas). Sigue el capillo de dientes, que, claro, habla entre exclamaciones porque él mismo es una exclamación con cedras, dice : ¡Y conoces gente! ¡Nos gusta conocer gente! ¡Los botecitos pequeños con gel y con jabón, tan monos que te dan ganas de adoptarlos! ¡Y esa esponja para los zapatos que, a pesar de estar encerrada, te saluda y te pregunta de dónde eres! ¡No puedo dejarme fuera a esos jaboncitos redondos, pequeños, envueltos como si fueran porciones de un queso caro y suave, listo para untar! ¡Tanta gente nueva!. Tanta gente nueva (añade la pasta de dientes). El cepillo asiente, no sé si asiente o es que se ha quedado dormido. ¡Además el lavabo está tan limpio que parece nuevo, no como el nuestro, en el que siempre hay un pelo, o un trozo de pasta seco (¡no te molestes, pasta de dientes!), o un animal de plástico o un resto de espuma de afeitar!. Dos segundos de silencio que les dejo, que se desahoguen, que en la bolsa en la que les voy a meter hace calor, vaya si hace calor, y además van a compartir espacio con la comida, cara y cruz en un área reducida, a ver qué pasa. ¡Luego levantas la vista y ves toallas blancas, colgadas como blasones en el castillo de un mago bueno!. El cepillo de dientes me ha salido lírico, pero es normal, que trabaja en una boca y ahí tiene que encontrarse todo tipo de palabras arrugadas, como pelotas de papel en el fondo de una papelera. La imagen no está mal, jodido cepillo de dientes. ¡Me gustan esas toallas, es, no sé, como si nos dieran la bienvenida! ¡Como si regresáramos a casa!. A casa, añade la pasta de dientes, que tiene capacidad craneal (blanda) pero anda un poco densa en sus razonamientos de fluor para veinticuatro horas. Y yo me pregunto por qué no se sienten en casa, si los objetos tienen inquietudes metafísicas, si es normal este desarraigo de todos con todos. ¡Jo! ¡Ojalá tuviéramos toallas blancas en casa!. Pues es una idea que anoto, porque todo lo que cuelga en la parte de atrás de las puertas del baño es de color. Mira, no lo había pensado. ¿Por qué se reserva el blanco para los hoteles?. ¡Y, sobre todo, me gusta ese pequeño cepillo de dientes que viene metido en su precinto! ¡No me he encontrado ninguno que no quiera aprender! ¡Es normal! ¡Nunca han visto una boca por dentro y están llenos de dudas, que si lo harán bien, que si les dará  miedo, que si les dolerá, que si, y esta es una de las pesadillas más compartidas, que si se los tragarán! ¡Cómo me gusta responder sus preguntar y guiarles! ¡Tener un becario es algo que me hace sentir importante! ¡Poder transmitir todo lo que sé antes de que encuentres una oferta en el Mercadona y me cambies por algún trío de cedras más duras, porque con la edad sé que tenéis fantasías con tríos de prominencias más duras, que no consideráis que con el uso y la edad es normal que las nuestras vayan diciendo y se queden así! (se gira para que vea las suyas). Silencio. Tanto miedo. Estos momentos de sinceridad, de por sí violentos, resultan más duros si no te los esperas y te pillan a las siete de la mañana. ¿Y qué hago?. La verdad : les cuento que no nos vamos de viaje, que lo siento, que es que por la tarde voy a la dentista y que necesito llevar los dientes limpios. ¡La dentista!. La dentista, dice la pasta de dientes. La dentista, murmura la pequeña escobilla. ¡Entonces tenemos que hacer un buen trabajo!, se anima el capillo. Sí, les digo. ¡Cuéntanos algo de esa dentista, necesitamos saber qué tipo de trabajo hay que realizar!. Les hablo de mi dentista. Es una mujer simpática que tiene una gran habilidad con la anestesia. Cuatro pinchazos y ya puede esculpir las caras del monte Rushmore en tus dientes que no te enteras. Me gusta la dentista. Esto es un resumen, con ellos me alargo más. Los tres, mentalmente, van asintiendo como si recogieran las pistas para orientarse en el laberinto del Minotauro. ¡Buena chica!. Sí, pero hay algo que me hace temerla. No es el dolor. No. Es algo para lo que no hay anestesia. ¡Dinos!. Es ese reproche que me hace cuando con uno de sus instrumentales me saca algo escondido entre mis muelas. Me lo enseña un segundo, mueve la cabeza de forma casi imperceptible y me dice que hay que limpiarse bien los dientes. Es apenas un pequeño nubarrón en un cielo de anestesia y buenas palabras, pero qué frío se pasa cuando ocurre. Cepillo, pasta y escobilla parecen compartir un escalofrío. Por eso, les digo, me acompañan hoy. Los tres se reúnen a hablar y el cepillo, como portavoz, me dice ¡Déjalo en nuestras manos! ¡Cada cinco minutos repasaremos esos dientes! ¡Vaya si lo haremos!. Les meto en la bolsa con la comida, esto es llevar a los hooligans de dos equipos en el mismo autobús, pero no pasa nada. Hasta me parece escuchar una canción de excursión. Empieza el equipo de limpieza y acaban uniéndose los cubiertos y la tartera.

martes, 3 de julio de 2012

La brocheta del verano




La brocheta del verano : Voy sacando del barreño la ropa.

Colgar una toalla es muy fácil y queda muy bien en la cuerda, con sus dos pinzas a cada lado. Si ves que las puntas coinciden, es que has hecho un buen trabajo.

Los bañadores tampoco exigen mucho aunque el resultado final no sea tan satisfactorio como con la toalla : ocupan muy poco en la cuerda. Pero es la compañía perfecta para la toalla. Toalla, bañador, toalla. La brocheta del verano.

El problema lo tengo con el bikini de Lucía. No sé cómo colgarlo porque apenas tiene por dónde hacerlo. Tan poca superficie. Además, cosas mías, la idea de dejarlo ahí en la cuerda, con las pinzas, no me gusta. Este no es su sitio. El secador, tampoco.

Así que lo dejo encima del radiador. Aunque está apagado, parece ese gato que, desde dentro de casa, ve a los demás, colgados en la cuerda, abandonados a su suerte bajo el sol.

lunes, 2 de julio de 2012

Entreacto



Entreacto : Hemos vaciado los dos cuartos de los enanos para que el viernes vengan los pintores y unos días más tarde coloquen el nuevo mobiliario. Es el momento del entreacto y de despedirse del atrezo de la anterior parte : muchas cosas, juguetes sobre todo, han terminado en grandes bolsas de basura que ocupan el pasillo como una cosecha de tiempo. Está bien abandonar esta fase un tanto barroca, de exceso, y relajarse viendo las paredes limpias al tiempo que deja de sentirse esa opresión que ejercen los objetos, ese chantaje de que sin ellos no serás nada. En este pequeño vacío las palabras que decimos tienen un pequeño eco que convierte estos cuartos que en celdas de monasterio. De hecho, barremos y fregamos el suelo de uno de ellos y colocamos sobre él los colchones que había en las literas. Esta solución improvisada adquiere así una utilidad simbólica, un rito de paso que nadie planificó. Para ellos es un juego. A través de esa levedad que provoca el espacio vacío me conecto con “La habitación de Catherine”, de Bill Viola. No es una conexión que se produzca por lo que veo o pienso, sino por lo que siento. Lo único que queda en el cuarto es la lámpara del techo con forma de sol.

domingo, 1 de julio de 2012

Epicentros




Epicentros : Muevo las piernas sin avanzar. Los pies dicen ¿qué se ve? ¿qué se ve?, los ojos responden que lo mismo y las piernas, joder, que ya estamos otra vez en el gimnasio. Eso es. Domingo por la mañana.

Frente a mí, tres pantallas. En Cuatro, los de Top Gear prueban un vehículo lunar; en el Canal 24 horas dan la noticia de los muertos que la explosión de una bomba ha causado en una comitiva en Siria; en Telemadrid Pedro y Heidi se lo pasan bien, pero que muy bien, en la nieve.

Me pongo como objetivo una hora a buen ritmo. Es un tiempo que puedo aprovechar para pensar. Estaría bien que encontrara una idea original y definitiva a la que acudieran en peregrinación filósofos, científicos y esos porteros de discoteca que también emplean sus horas muertas en pensar y, vaya, se acercaron mucho a lo que yo, finalmente, lograré. Una referencia que fuera a esta cinta lo que la ley de la gravedad al manzano. Repiten en Facebook que la vida no hay que pensarla, que hay que vivirla, pero si Newton se hubiera comido la manzana (primer impulso) no habría ley de la gravedad, joder.

Mira que sudo. Hay que tener cuidado con el sudor, que lo he leído en la web del gimnasio : “Aunque las probabilidades de contraer alguna enfermedad son bastante escasas, debido al alto contenido de sal del sudor, algunos microorganismos que se encuentran en el sudor y en las heridas abiertas de la piel, pueden vivir en la superficie el tiempo suficiente como para causar problemas” Voy a sudar hasta que se ahoguen los microorganismos.

En Cuatro, ahora habla Dave Pearce, experto en escalada; en Canal 24 H entrevistan a Del Bosque; en Telemadrid la mujer de David el gnomo nos enseña su casa.

Para situarnos, esta es la música que hay de fondo : “Hello”, de Martin Solveig y Dragonette (4755557 visitas ahora en Youtube); “How does it feel”, de Abril LAvigne (1121150 visitas ahora en Youtube); “Born free”, de Kid Rock (8186105 visitas ahora en Youtube); “Club Can´t Handle Me”, de Flo Rida ft David Guetta (13067765 visitas ahora en Youtube);”Just the way you are”, de Bruno Mars (245457378 visitas ahora en Youtube); ”Castles in the sky”, de Liz Kay (313336 visitas ahora en Youtube);”Babacar”, de Kate Ryan (757581 visitas ahora en Youtube); “I Can wait forever”, de Simple Plan (189558 visitas ahora en Youtube); “Disco lies”, de Moby (3303583 visitas ahora en Youtube);”Angel”, de Akon (1056427 visitas ahora en Youtube). Suficiente para saber por dónde nos andamos. No, no es la elección que haría el que busca las canciones en el Plus, pero aquí se viene a matar microrganismos y esto funciona.

Que me pierdo : En Cuatro aparece un anuncio de sartenes antiadherentes, después, un helicóptero sobre un volcán; en Canal 24 H hablan Karina Moscol (Actriz) y después Pedro Miste (Bajo) y después Cristina Busto y después Pepa Nieto; en Telemadrid el señor gnomo se marcha montado en su zorro, después se ven unas ratas colgadas en la cueva de los trolls (por el cuello, que no se tira de sutilezas para mostrar a qué pueden llegar los trolls), después al gnomo encerrado en la cueva, después al zorro con una cadena al cuello y después a la señora gnomo preguntando a un cuervo.
            
Hacer ejercicio es bueno. ¿No?. Y el monitor con el que hablo de series y de películas en versión original se encogió de hombros, como diciendo, depende de para quién. Se necesitan muchos kilómetros virtuales como éstos para acercarse unos metros a la imagen que uno tiene en la cabeza. Después nos pusimos a discutir un poco sobre “El árbol de la vida”, la única película en la que no coincidimos, sin dramatismos, sabiendo que en esto del cine estamos en el mismo equipo, como dos madridistas en plan Guti era un golfo, Guti era un genio. Qué bien sienta discutir.

¿Mi idea? Ni idea. Estoy demasiado perdido entre tanto estímulo, que la cosa no se acaba en el párrafo del cuervo y la señora gnomo. Qué más quisiera yo. Sigue. El anuncio del spray para las varices, el anuncio de Iberia en la presentación de Willy Fog, la noticia del tiroteo en Lille, la subida prevista de la luz y el gas, un tráiler de la película “Entre esquelas”, la zorra que se asoma a la ventana de un carruaje en París para decirle algo a Willy Fog (es el zorro de David el Gnomo con una peluca, bribón), la implantación para ya del copago.

Más que idea, me doy cuenta de que es una necesidad. ¿Hay algún punto del que salgan, como vectores, todas estas noticias, canciones, anuncios, programas, dibujos? ¿Algo que permita el salto de uno a otro por muy alejados que estén : del anuncio de la marca España al bote en el que se lee opium y que la señora gnomo vuelca en el guiso de los trolls para salvar a su marido? ¿Existe ese epicentro que provoque el terremoto que se percibe en las inmutables pantallas y altavoces? Digo.

No sé. Quién va dar con él corriendo, matando microrganismos. Lo siento filósofos, científicos y porteros de discoteca. Soy una metáfora de mi inútil esfuerzo intelectual, que se queda en el mismo sitio, aunque el cerebro, creo, no suda. Si tuviera más potencia. Pero no.

Pero no. Pasa la hora y me quito todos los microrganismos muertos de la piel. Vaya repaso. Bebo agua. Pongo cara de haber hecho mucho ejercicio para que los demás lo sepan. Y me apoyo así, con los brazos estirados y la cabeza caída. Ganas tenía de imitar esta postura.

Entonces me marcho a la máquina de pectorales. Porque sí y porque es de las pocas que están libres. Me siento. Y justo después de poner la carga me doy cuenta de que en la sala de al lado hay una clase de strenght donde solo veo mujeres. Se mueven con ritmo, como si ensayaran la coreografía de un musical de Disney. No voy a negar que me gusta mirar.

No voy a negar tampoco que en un determinado momento obtengo la revelación, la respuesta, el punto del que salen todos los vectores. A una orden de la monitora, a la que no puedo ver, todas las mujeres estiran los brazos y mueven el cuerpo, todo el cuerpo, como si sintieran un terremoto bajo sus pies. Todo, digo. Ese es el epicentro. Todas las frutas se mueven, pero ninguna se cae, Sr Newton.

Así de simple.