jueves, 7 de mayo de 2015

Cambio de papeles



Cambio de papeles : Venimos a este restaurante a menudo, así que sabemos que las raciones que sirven, a pesar de ser platos del menú, son grandes. Mientras hoy mira la carta, le recuerdo a mi madre que ya se ha dejado comida otras veces y que debe pensarse bien lo que quiere. Me fijo en la lámpara que tenemos al lado y en un hombre con traje que se persigna al pasar junto a la iglesia que está enfrente. Huevos rotos y pescadilla, me dice. Me parece mucha comida, pero me responde que lo sabe, que es lo que le apetece, que tal vez no pueda con todo. Al escuchar que es lo que le apetece dejo de insistir. No sé si, cuando los papeles eran los contrarios, había algún razonamiento mío que provocaba que ella también se rindiera.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Un sitio para cada cosa



Un sitio para cada cosa : El valor subjetivo de lo que nos llevamos de la tienda puede medirse dividiendo los recursos que hemos empleado para hacer la compra entre las unidades que hemos elegido. Los más apreciados  son los objetos que tienen la suerte de ir de la tienda a casa en una bolsa de plástico poco cargada. Justo lo que necesita el hombre que la agarra con su mano izquierda. Cuando deje la bolsa en la mesa de la cocina tendrá tiempo para sacar cada cosa, reconocerle su utilidad, y después elegir un buen sitio para colocarla. Hasta la bolsa tendrá su lugar apropiado.

martes, 5 de mayo de 2015

Pétalos de tinta



Pétalos de tinta : Pensábamos que bastaba con llamar a la puerta, dos golpes, y esperar a que la mirilla se abriese para decir la contraseña, Juventus, y ver a un guarda con los gestos densos e indolentes como miel cayendo sobre una tostada, abrir la puerta para que los chicos, con la camiseta limpia, entraran tranquilamente al pasadizo, caminando con su música en los auriculares, con los mensajes de sus agentes esperándolos en el móvil, bajo una lluvia de titulares elogiosos cayendo sobre ellos como pétalos de tinta, todos satisfechos, complacidos al ver que las cosas se desarrollaban con la confianza del que lanza las respuestas para que otros escriban las preguntas, en un tranquilo paseo tranquilo hacia Berlín, con las mujeres pintándose las uñas de los pies con la precisión del deseo, con los seguidores marcando el día en el calendario con seriedad de cirujanos, con los directivos doblando el volumen de sus negocios y con los proveedores imprimiendo, cosiendo, diseñando, apalabrando, negociando, y para que todo esto pasara pensábamos que bastaba con llamar a la puerta, pero llega un gol en contra y nos vemos frente a una ventana cerrada a la que ni siquiera queremos asomarnos.

lunes, 4 de mayo de 2015

¿Por qué nos gusta lo que nos gusta?



¿Por qué nos gusta lo que nos gusta? : En la pared de una pequeña calle que sale de Espíritu Santo han creado la cara de un hombre con cuatrocientos post-it de seis colores. Un tipo con barba y camiseta de marinero. Lo normal por esta zona.

Me lleva tiempo darme cuenta de qué es lo que ha hecho que me pare. No es lo efímero del trabajo. Ni la paciencia con la que se ha realizado. Ni la sencillez de la idea. Tampoco el contraste con lo que la rodea. Me obligo a quedarme ahí hasta dar con ello aun sabiendo que es posible que no lo logre, pero es bueno tratar de descubrir por qué nos gustan realmente las cosas que nos gustan.

La respuesta tarda en llegar y entonces me parece evidente. Lo que me atrae es que no falte ni uno solo de los cuatrocientos post-it. No es la representación de una cara lo que ahí se ve, sino la de un barrio. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Unos días más de lozanía



Unos días más de lozanía : Apenas traspasada la entrada de la floristería, me encuentro en otro país, envuelto por una mezcla de olores pegajosos que reclaman más espacio para recuperar la sutileza de las flores de las que provienen. La respiración se vuelve un poco densa: el aire es cálido y pesado, como el de esa sala del zoológico en la que vuelan distintas clases de mariposas.

La tienda acaba de abrir y las dependientas no dejan de sacar de un almacén flores en pequeños carros que van colocando en los huecos que quedan. Se mueven con la alegría que da el saber que todo ese esfuerzo va a merecer la pena. Es el día de la madre y a todos los hombres que entremos nos llevarán con sus consejos hacia las plantas que quieran vendernos. Ese poder, se nota, también las hace sonreír.

Dejo que me aconsejen con el color de unas orquídeas y dan el visto bueno a mi elección de unas rosas blancas. La chica que me atiende extiende un papel sobre el mostrador y dispone sobre él las rosas. Mientras va añadiendo ciertos complementos para obtener el ramo que tiene en la cabeza, y del que no me ha dejado opinar, recupera una conversación con otra compañera. Es su forma de decirme que hoy es un día en el que los hombres solo somos mensajeros y que debemos aceptar nuestro papel de oyentes.

El ramo es bonito. Parece que hubiera pensado en el que a ella le gustaría recibir. Lo ata en la base con una cinta roja que aprieta con un nudo enérgico. Solo entonces me enseña un pequeño sobre y me dice que eche un poco al agua cada vez que se la cambie para que las flores aguanten más. Lo vuelve a repetir. Me mira a los ojos mientras me lo da para advertirme de que no debo perderlo.

Me guardo el sobre el en bolsillo. Tengo ganas de entregar las flores, pero  lo que ahora me hace más ilusión es completar la entrega con el sobre. Como si éste fuera el verdadero regalo. 

sábado, 2 de mayo de 2015

La medida del esfuerzo



La medida del esfuerzo : Aunque el agua caliente salga nada más girar la llave, la preparación de la ducha ha llevado su tiempo: hora y media en un gimnasio que, a la hora de la sobremesa, está casi vacío. Todo el esfuerzo se puede traducir en calorías, en minutos, en ejercicios o en canciones escuchadas. Una acumulación de estadísticas que no son tan precisas como la impresión del agua de la ducha sobre la piel. Ese placer es la auténtica medida.  

viernes, 1 de mayo de 2015

Una tarta compartida



Una tarta compartida : Nunca sabemos qué va a responder Lucía cuando le proponemos que se pida un postre. Una opción es que diga que no quiere nada. La otra es que elija el plato más goloso. Un coulant. O una tarta de chocolate con fondant, como la de hoy. Si la hubiera pedido yo, no habría obtenido la mitad del placer que me experimento al mirarla. Como llena la cuchara con trozos grandes, tarda poco el comérsela. Uno de los grandes delicias de una comida es ver cómo disfrutan los demás. Los platos pueden ser magníficos, pero si falta ese gozo en los que te rodean, la celebración será imperfecta. Por eso cuando parece que Lucía no va a mirar la carta de postres, insisto un poco. No mucho. Un poco.