jueves, 31 de julio de 2014

La vida por campañas




La vida por campañas : Las dos chicas llaman a la puerta y, al ver que está abierta, entran en la oficina. Dicen buenas tardes. Dicen que han traído sus currículum. Deben tener unos veinticinco años. La más baja, morena, me tiende el suyo: dos hojas cogidas con un clip de líneas verdes y blancas. Me da las gracias cuando lo acepto. La otra dice que el suyo lo lleva en un pendrive y que no sabe si la dejaría imprimirlo. Le ofrezco mi mail para que me lo mande porque así tendrá un contacto en la empresa. Al escuchar mi nombre dice que me llamo como su padre, como su hermano. Las dos se despiden dando las gracias, sin preguntar si estamos demandando trabajo, si encajarían en la empresa, si podrían llamar unos días más tarde para saber nuestra opinión.

Cuando se marchan, leo el currículum. Ha estado prácticamente toda su vida laboral  en un Callcenter. Divide los años según las campañas que ha ido haciendo para grandes empresas. El 2010 sería el año de Iberdrola. Es un currículo muy específico con un perfil que nunca vamos a necesitar. Después de leerlo lo meto en un cajón. Unos minutos más tarde lo saco y lo rompo porque dejarlo abandonado entre más papeles me parece una falta de respeto. Creo que lo honesto es darle una respuesta directa, aunque tome la forma de un no que se va rompiendo en noes más pequeños. Tiro los trozos a la papelera. Un rato más tarde rebusco en ella y me quedo con el clip de líneas blancas y verdes aunque siempre use grapas.     

miércoles, 30 de julio de 2014

El dibujo indultado



El dibujo indultado : Una mujer de espaldas se gira lo suficiente para que veamos su hombro izquierdo y cómo sostiene en sus manos un tubo de crema. Es el único dibujo de la droguería que han respetado. Supongo que lo que ha frenado a todos los que se han acercado para dejar su firma también en éste es el cuidado con el que la mujer agarra el tubo. También nos sostuvieron así. 

martes, 29 de julio de 2014

El cuidado de las algas




El cuidado de las algas : Las tiras amarillas de la fregona están secas y duras, como fettuccine. La mujer que nos hace la limpieza de la casa nos dejó antes de irse de vacaciones, como siempre, una hoja con los productos que teníamos que comprar, pero no añadió nada sobre la fregona.

Relleno el cubo con un poco de agua, como cuando veo vacío el depósito del hámster. Un reflejo automático para el que no hace falta pensar. Solo actuar. Me gusta el ruido cambiante del agua al caer conforme el cubo se va llenando. Lo corto al llegar a la mitad y vuelvo con él junto a la fregona.

Cojo el palo de la fregona y la sumerjo en el cubo. Al instante, las rígidas láminas de fettuccine se convierten en las amarillas hojas de un alga. La agito dentro del agua para ver cómo se mueve. Poco a poco se me va quitando la sed.  

lunes, 28 de julio de 2014

El simio mileurista




El simio mileurista : Hasta hoy, el obelisco dorado de Calatrava en Madrid servía para recordarme esa época en la que para unos pocos fue muy fácil encontrar catorce millones y medio de euros con los que levantar un proyecto como éste. Dar una vuelta alrededor de la glorieta que preside, ausente el componente estético, siempre me ha hecho sentir además como un simios mileurista frente al monolito de la riqueza de otro mundo, recordándome claramente mi sitio frente a él.

Pero también los objetos como éste tienen asegurado su momento útil, como el reloj parado que es (las láminas cubiertas de oro que lo forman debían moverse, pero el mecanismo es tan caro que nunca lo he visto en funcionamiento). Esta mañana doy con la que quizás sea la única forma de apreciarlo: verlo conforme subo por las escaleras mecánicas del metro de Plaza de Castilla en el momento en el que el sol desciende por sus láminas doradas. Sólo entonces, por primera vez en muchos años, consigue atraer mi atención para enfrentarme a él de otra manera. Me olvido de lo que costó, de que no funciona, de que soy un simio. De hecho, lamento que las escaleras no asciendan más despacio.

Puedo concederle entonces algo de valor estético, pero creo que ya es tarde para él. Ya que el obelisco no ha conseguido que nos elevemos en su contemplación, el Ayuntamiento de Madrid lo ha degradado para dejarlo a nuestro nivel : ha reducido su valor a 100.000 euros y lo considera chatarra. Por lo menos, queda el consuelo de que creer que es ahora, roto su vínculo con el pasado al ser tasado a precio real, cuando podemos hacerlo nuestro cada vez que lo veamos subiendo desde el metro.

domingo, 27 de julio de 2014

Este árbol ya tiene dueño




Este árbol ya tiene dueño : Siempre había visto el árbol desde lejos porque su imagen, en lo alto de una colina que después caía suavemente hasta la carretera donde estaba, me parecía suficiente. Hacía entonces un par de fotos como quien saluda a un conocido y seguía.

Pero hoy quedamos en el bar del pueblo y, mientras los demás piden botellines, yo voy rellenando y vaciando mi copa con el vino de una frasca que me dejan al lado, junto a las rabas que me traen, que admiten que no pruebe la oreja pero no que me quede sin comer. Como estoy atento a la conversación (una cuenta que se marcha tres semanas a Argentina, otro nos detalla el miedo que tenían los mecánicos del coche de Felipe VI a que se parara en el recorrido de su coronación), mi mano derecha me sirve una copa y me la lleva a los labios, me sirve una copa y me la lleva a los labios. Y así. Cuidado con los vinos que os llegan sin etiqueta. Cuidado con las rabas. Cuidado con las conversaciones interesantes.

De vuelta por el camino, ya  no me conformo con las dos fotografías desde la distancia. Esta vez me digo que ha llegado el momento de subir por la colina y hacerle una fotografía al árbol después de tocarlo. No importa que no lleve el calzado más adecuado ni que me duela un poco la cabeza ni que haga un sol que obliga a los girasoles a mirar al suelo. Empiezo a caminar hasta el árbol siguiendo un recorrido algo sinuoso, que es la distancia más corta cuando hay alcohol. El sol se entretiene conmigo, el único elemento que se mueve a estas horas. Los tallos de trigo, segados y duros, se me van clavando cuando no presto atención. La boca se me llena de un aire denso y caliente. Frente a todas estas oposiciones, el poder de la frasca, que me anima a seguir andando hasta llegar al árbol. Si no es hoy, no va a ser nunca, me digo. Y continúo hasta que llego junto al tronco. Al posar la mano se levanta una pequeña nube de moscas que parecen reprocharme que las haya molestado. Paso la mano por el tronco para reclamarlo. Por fin. 

sábado, 26 de julio de 2014

La fiesta cambia de plaza



La fiesta cambia de plaza : Junto al supermercado en el que las mujeres siguen vaciando sus monederos al pagar para acercarle una a una las monedas a la cajera con el índice, está el muro en el que se anunciaban las corridas de toros de la zona. El Facebook de antes del Facebook. Me gustaba leer los nombres de los toreros por si aparecía alguno que continuase con la dinastía de dos con los que coincidí en el colegio: ver que los demás construían su historia contribuía a añadir algo a la mía. Una vez reconocí uno de esos apellidos, pero desde entonces los toreros me han resultado tan desconocidos que he acabado por pasar al lado sin prestarle atención. Quizás esa falta de interés no sea cosa solo mía: ahora el muro está cubierto con los anuncios de la II Edición de la Fiesta Orgullo LGTB. La mujer empuja la última moneda y la cajera, tras recogerlas, le pregunta cómo le van las cosas.

viernes, 25 de julio de 2014

De camino a la ciudad venenosa




De camino a la ciudad venenosa : El verano es buen momento para leer novela negra porque igual que el cuerpo se calma al tenerlo tumbado bajo el sol, la cabeza también se tranquiliza con estas historias en las que un tipo es capaz de descubrir la verdad y pillar al malvado.

Luego depende de cada uno elegir el tipo de libro que se lleva consigo. En un extremo estaría el detective que es capaz de hacer su trabajo sin mover una taza de su sitio. En el otro, el que es contratado no para dar con un asesino (cosa que se quita de encima en las primeras páginas), sino para limpiar una ciudad : un cubo, una fregona y a sacarle brillo.

Que en la estación de servicio vea ese cubo lleno de agua con un cepillo dentro es señal de que empezar hoy con “Cosecha roja” es una decisión acertada. Un hombre frente a una ciudad, Personville, más conocida como Poisonville :

“No era bonita. La mayor parte de los constructores habían buscado la ostentación. Puede que la lograran al principio. Mas luego los altos hornos, cuyas chimeneas de ladrillo se erguían al sur contra una tétrica montaña, habían dado a todo una suciedad uniforme, amarillenta y ahumada. El resultado era una fea ciudad de cuarenta mil habitantes, situada en un vallejo entre dos feos montes, todo ello envilecido por las minas. Desplegado sobre el conjunto se veía un cielo sucio que dijérase haber salido de las chimeneas de los altos hornos”

Protegerse del sol bajo la sombra de un árbol y empezar a leer para creer que ahí afuera todavía hay tipos que hacen así su trabajo.