El mejor nombre para un gato : El gato estaba en una cuneta. Lo recogieron y le
pusieron Milú, un nombre de perro de tebeo. No tenía muy buena pinta Milú. Más
que los cuidados de la casa, quizás lo que le salvó del destino que le rondaba fue
ese nombre: al no encontrarlo en esa cuneta, el hado lo fue llamando con todos
los nombres de gato que han existido y él, a pesar de su oído fino, no
reaccionó a ninguno. Agitó una oreja, como espantando una pequeña mosca, y
siguió durmiendo.
domingo, 7 de septiembre de 2014
sábado, 6 de septiembre de 2014
El hotel de los desterrados
El hotel de los desterrados : Para saber el futuro de un niño no hace falta echarle
las cartas, ni realizar test complejos ni analizar sus respuestas ante una
serie de preguntas específicas. Basta con ver cómo lanza los dados sobre el
tablero del Monopoly y su reacción. Lucía, por ejemplo, no permite que la
partida caiga en intensidad a pesar de que llevamos más de una hora jugando. No
ha pasado nada por alto. Ha calculado, ha comprado con cuidado. Cuando quiero
reaccionar, me veo obligado a hipotecar casi todas mis casas. Es entonces
cuando caigo en la celda en la que ha colocado un hotel: este juego también
sirve para conocer el pasado de un adulto
viernes, 5 de septiembre de 2014
Las zonas templadas
Las zonas templadas : Daniel y yo
sabemos que pronto cerrarán la piscina y que hay que aprovecharla antes de que
vuelva a pasarse varios meses con la lona puesta. Ese impulso razonado (si es
que entre las dos palabras puede haber una relación así) nos pone en marcha:
bañadores, chanclas, toallas y gafas. El ascensor desciende con la desgana de
un lunes y con cierta obligación gris de funcionario subimos por la rampa de la
piscina.
Hay cosas que es preferible hacer
sin ganas a no hacerlas. Por eso extendemos las toallas, nos duchamos y
probamos el agua. Para que dentro de unos meses, cuando sea ya de noche al
llegar a casa y nos asomemos a la terraza, no encontremos una excusa para el lamento
en esa tarde en la que pudimos bajar y no lo hicimos. Bastará con recordar esta
agua fría, las sombrillas cerradas y las sillas ya amontonadas para volver sin
esfuerzo a ese presente a buscar sus zonas templadas.
jueves, 4 de septiembre de 2014
Euforia italiana
Euforia italiana : Dos chicas se
sientan delante de mí en el metro y comienzan a hablar en italiano. Me parece
una gran forma de terminar el día. Son jóvenes y, viendo la bolsa de plástico
que una de ellas deja en el suelo, parecen venir de comprar la cena en un
supermercado. Conversan en voz alta, rápidamente, de un tema en el que las dos
coinciden, lo que se nota en el tono: se hacen con el espacio.
A través de esa conversación, como
por una ventana, me asomo a varios recuerdos de Italia. No me detengo en ellos.
Prefiero dejarme llevar por una charla en la que no me esfuerzo por entender algo.
No me importa. Como siempre que escucho hablar en italiano, se me renueva la convicción
de que la forma en la que hablas de algo incide en cómo lo experimentas, como
si la realidad, que nunca perdería su maleabilidad a lo largo del tiempo, necesitara
de la palabra para trabajarla. Esa posibilidad de modificarlo todo, hasta el
pasado, me provoca un optimismo, italiano, que no desaparece cuando las dos
chicas se marchan.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
El baile de la goma
El baile de la goma : El lápiz que
utiliza Daniel para hacer los ejercicios de lengua está mordido en el centro, entre la punta y la goma. Parece
que lo hubiera hecho Bernie, el hámster, al que es posible que por las noches Daniel
le pase el cuaderno y el lápiz para que le eche una mano. Una pata. Las noches
de Bernie deben ser largas y aburridas, por lo que este tipo de ejercicio no le
vendría mal. Me lo imagino royendo el bolígrafo y pensando si royendo se
escribe con i griega o con elle.
En cualquier caso, los ejercicios
son sencillos, diseñados para la falta de atención de las largas tardes de
verano. Un saco colgado del techo al que darle unos cuantos golpes para no
perder la forma. Echo de menos esa sensación de recibir una hoja corregida sin ningún
círculo rojo. Tal vez sea eso lo que busquen los que hacen sudokus o
crucigramas, volver a ese momento en el que se habían dado todas las respuestas
y todas erran correctas.
Una frase dice “En Navidad comemos
turrón, polvorones”. Otra, “En invierno hace frío, hace viento”. Abajo, en la
piscina, cada día la sombra cubre un poco antes la superficie. Los niños van
apurando estos últimos días con la misma intensidad que el primero. Los padres
se detallan las vacaciones en las sillas de plástico sin buscar ya la
protección de las sombrillas. Abundan los detalles pero falta la ilusión del
plan.
He entrado en el cuarto porque este
silencio de concentración es acogedor. No digo nada. Ni eso está bien. Ni ahí
te has equivocado.
El baile de la goma reproduce el de
la mina sobre la hoja, así que se puede decir que lo que está escribiendo el
lápiz por un lado, lo está borrando por el otro. Todo esto que está sucediendo también
está desapareciendo.
martes, 2 de septiembre de 2014
El negativo de una explicación
El negativo de una explicación : El salmorejo viene servido con una bola de helado
de queso. Lucía me pregunta por qué no lo he pedido sin el queso si ya sé, de
otras veces, que no me gusta. Después de pensarlo un poco le digo que tal vez
la razón sea estética : esa bola de helado es la yema blanca de un huevo con la
clara naranja. Si pidiera solo el salmorejo rompería ese juego de contrarios
que ha inspirado al que diseñó el plato. Puestos a elegir, termino, prefiero
dar preferencia a la vista frente al gusto. Creo que es una explicación
convincente. Lucía la escucha con atención y después vuelve a preguntarme por
qué no lo he pedido sin el queso si ya sé, de otras veces, que no me gusta. Me
mira como si le hubiese pedido que se pusiera un jersey al revés.
lunes, 1 de septiembre de 2014
Manual de estilo para autores de un año
Manual de estilo para autores de un año : Lanza el balón al aire y le da patadas cuando cae.
Como el balón es reglamentario, muchas veces se hace daño al golpearlo. Suelta un
par de pucheros. Se acerca entonces a coger un globo rojo del cumpleaños de su
hermano. Le da una patada, pero el resultado no le convence aunque no le haga
daño en el pie. Vuelve a su balón. Lo lanza al aire y le da patadas cuando cae.
Vuelve a hacerse daño. Vuelve a soltar un par de pucheros. Tener un año es
poder escribir un texto repitiendo el mismo párrafo durante toda la tarde sin
que el resultado te parezca mal.
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