lunes, 7 de septiembre de 2015

Esperando al quitanieves



Esperando al quitanieves : Cuando Daniel se duerme, salgo a la terraza de la habitación del hospital, pego una pequeña banqueta a la pared y continúo con la lectura de “Tú ganas, Jack”, de Elmore Leonard. Una novela negra en papel me parece hoy la mejor opción, tal vez porque la sangre de la historia casa bien con mi recuerdo de lo que fue mi operación de amígdalas : han pasado casi cuarenta años, pero estoy seguro de que el médico todavía niega con la cabeza para sí al recordar, como yo, aquella palangana rebosante, aquella toalla empapada, aquella operación que hubo que repetir un año después.

Agradezco el ruido de tráfico que me acompaña de fondo mientras en el libro una tormenta de nieve asola Chicago y en el restaurante de la última planta de un hotel tres ejecutivos tratan de ligar con Karen Sisco, una Marshall que le sigue la pista a dos fugitivos. A uno de ellos por motivos más que profesionales. Esa nieve también es una buena razón para haber elegido este libro porque la sensación como acompañante en un hospital es la de encontrarse atrapado por la nieve. No hay nada que hacer salvo esperar a que el médico, como si abriera un sendero con un quitanieves, entregue el alta. En lo que sucede, me doy el lujo de leer despacio.   

domingo, 6 de septiembre de 2015

Mística a la siciliana



Mística a la siciliana : Escucho a Franco Battiato en el teatro Price desde un asiento bastante alejado, por lo que no puedo verle bien la cara. Ya es la cuarta o la quinta vez que asisto a un concierto suyo. Este es prácticamente idéntico al que dio en este mismo lugar hace unos años, lo que agradezco. Debe ser cosa de la edad: antes buscaba novedades, ahora quiero escuchar lo mismo. ¿Por qué va a dejar su lugar a otro un tema como “La sombra de la luz”?

Sí me hubiera gustado ver cómo reaccionaba Battiato a sus temas, los gestos de su cara, el movimiento de las manos. Ver cuál sigue siendo su relación con las canciones que se van sucediendo, sobre todo las que consiguen que el público se levante para bailarlas. Pero es imposible. Es una figura lejana a la que le pongo la cara de la foto que aparece en una entrevista que Irene Hernández Velasco le hizo en el número nueve de la revista Jot Down el año pasado. La nariz, los ojos y al sonrisa de la página ciento ocho me recuerdan a Virgina Woolf. Es una entrevista interesante de la que me voy acordando conforme escucho el concierto.

En ella admite que vive en silencio, apartado, preparándose para una muerte mística que ha elegido; que cree en la reencarnación; que medita dos horas diarias; que tardó un mes en terminar la letra de “La sombra de la luz”, escribiendo cada día la frase que le venía a la mente: ”no que pensé, sino que me vino de arriba”.

Al final del concierto suena “Cucurrucucú”. Todos los que estamos allí, muchos italianos, coreamos el estribillo de pie, a voz en grito. Esa locura instantánea, pienso, también será el resultado de sus atentas lecturas de Gurdjieff, Jäger Willigis o Santa Teresa de Ávila. 

sábado, 5 de septiembre de 2015

El segundo tiempo



El segundo tiempo : El abuelo les ha colgado a sus nietos el mismo columpio que usó su hija de pequeña. Hubo un día en el que lo descolgó y decidió conservarlo. Otro en el que se fijó en la viga de hormigón que está a un lado del patio y recordó dónde lo había guardado: comprobó su consistencia, le quitó el polvo y buscó una cuerda sólida. Algo que se había detenido volvió a ponerse en marcha cuando lo vio en uso de nuevo.

viernes, 4 de septiembre de 2015

La vigilia del curioso



La vigilia del curioso : Es posible que nadie haya pasado por este callejón en mucho tiempo porque no es práctico. Basta con caminar por la carretera para llegar hasta aquí desde el otro lado. Es más rápido y seguro. Pero resulta difícil resistirse a la invitación que expresa la ausencia de indicaciones. Por eso, al final de la entrada al callejón, donde se dobla hacia la derecha, se mantiene encendida una luz toda la noche.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Paso a los globos



Paso a los globos : Reconozco esos globos que van atados a un palo de plástico: son los que dan en los McDonald´s. El palo se abre al final en un pequeño cono en el que se encaja sin problemas el lazo del globo. En el local junto a la gasolinera al que me gusta ir los suele repartir una empleada sin ningún motivo aparente. Siempre me había preguntado por qué los entregaban así y la respuesta me llega cuando tres niños suben corriendo la calle con sus globos. ¡Eh!, dicen con sus risas, apartaos, si no habéis hecho esto en su momento, no sabéis lo que os habéis perdido, apartaos.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El espejo apropiado



El espejo apropiado : Pertenezco a ese grupo que en las máquinas del gimnasio no busca alcanzar un nuevo máximo, sino conservar un mínimo con el que encontrarse satisfecho: puede haber medallas en cualquier parte. Me siento en ellas como si fueran parte de un circuito de chequeo que hago para controlarme. Si rebajo la resistencia, lo noto en la autoestima, si la fuerzo, no tarda en asomarse el aviso de un tirón o de una lesión. Mientras todo siga así, no tengo por qué tomarme muy en serio lo que vea en el espejo.

martes, 1 de septiembre de 2015

Agua para las masas



Agua para las masas : En los anuncios de agua mineral se insiste en la pureza de las fuentes. Manantiales transparentes y montañas por las que todavía debe andar algún personaje de “Sonrisas y lágrimas” cantando ladera arriba, ladera abajo. A los que echamos mano del grifo, esa lírica del origen inmaculado nos queda un poco lejana. Sospechamos que el agua que bebemos ha sido más manoseada que el pomo del cuarto de baño de una discoteca, pero no nos importa. A cambio, podemos disfrutar del diseño de esas cañerías por las que nos llega a casa.