miércoles, 3 de febrero de 2016

El otro lado



El otro lado : La puerta está tapiada. Los goznes a la vista. Encima de la superficie se ha dibujado un grafiti que parece la contraseña que necesitas para poder traspasar la puerta. Quizás baste con que el índice recorra las letras. ¿Por qué no creer que su efectividad se probó, lenta y cuidadosamente, sobre una espalda y que en un momento fue posible pasar al otro lado?.

martes, 2 de febrero de 2016

La risa contagiosa



La risa contagiosa : La camarera termina todas las frases con un “mi amor”. Está sola en la barra y no tiene un momento de descanso: le firma un albarán a un hombre, cobra a una chica y me mira a los ojos para saber qué quiero desayunar. Repetir “mi amor” parece la forma que tiene de calmarse. Me sirve el café y, con una jarrita metálica en cada mano, me pregunta cómo quiero la leche. Las barras tardan un poco, me dice. Cojo el periódico que ya ha sido leído varias veces y me siento junto a una ventana. En la peluquería de enfrente trabajan tres hombres que parecen idénticos. Calvos, con barba y tirantes. Un cliente, sentado en una silla, no para de reírse. No dejo de observarlo. Todavía no sé qué titular trae el periódico. “Mi amor”, oigo a mi espalda, “mi amor”.

lunes, 1 de febrero de 2016

La clave secreta



La clave secreta : La puerta principal al polideportivo es la que se encuentra al final de la rampa. Por ahí se debe entrar y salir. Y ésa es la que usamos los padres cuando acudimos a esperar que nuestros hijos terminen la clase de deporte. Vemos cómo recogen el material que han utilizado. Los de judo apilan las colchonetas del tatami. Los de hockey juntan las barreras de plástico que han usado para delimitar el campo de juego. Los padres miramos todo relajados, sin prisa: esta era la última obligación del día y aquí estamos. Nada urgente nos espera. Parece llegado el momento de que la realidad deje de ser útil para mostrarse sugerente. En esa puerta del polideportivo que siempre está cerrada y que hoy, entornada, derrama sobre la noche una luz contundente que esconde una invitación personal. 

domingo, 31 de enero de 2016

Goles en contra



Goles en contra : Es a partir del cuarto gol del Madrid cuando me doy cuenta de que ya no me siento capaz de celebrar los que estén por llegar con idéntica ilusión. Sé que al estadio se viene a festejar todos los goles con la misma intensidad, pero a mí me cuesta mucho mantenerla en estos partidos con resultados tan abultados. Estoy acostumbrado a encuentros en los que hay más equilibrio y donde la diferencia de tanteo no es tan grande. A partir del tercero, empiezo a sospechar que esto no es un partido normal, que hay alguna norma que se ha roto y que lo que veo es otra cosa. Debe ser cosa mía, porque cuando marcan el cuarto soy el único de mi zona que se marcha. Ya en los alrededores, todavía desiertos, pienso que había que irse de un estadio no solo cuando el equipo no juega a nada, sino cuando se dan las condiciones para que los goles caigan fácilmente, sin oposición. El quinto y el sexto llegan cuando estoy en el metro.

domingo, 3 de enero de 2016

Consignas perfectas



Consignas perfectas : ¡Ah! Estamos ya en los días en los que los melancólicos rascan los muros para recuperar las pintadas que el tiempo sabiamente había cubierto de pintura. Lo nuevo, nos dicen, no está encima, sino debajo, al fondo. Melancólicos, nostálgicos que llevan las camisetas de conciertos celebrados hace muchos años. Pero prefiero que los muros anuncien giras actuales  y que, en vez de con proclamas utópicas, se cubran con el dibujo de una sonriente mujer mostrando sus detallados pechos.

sábado, 2 de enero de 2016

El lastre que nos empuja



El lastre que nos empuja : La bicicleta que está aparcada junto al bar tiene marchas y ruedas gruesas. Es de las que aquí en el pueblo se usan para recorrer los caminos, pero a ésta le han colocado en la parte de atrás una caja grande de madera con pegatinas del Madrid. Un gran escudo y, más pequeñas, unas cuantas figuras de jugadores: me gusta el mensaje implícito de que el club está por encima de las personalidades. Elevando un poco más el nivel de interpretación me resulta sugerente esa imagen de que toda afición supone una carga sin la que siempre nos imaginamos más rápidos. Esa tarde de domingo que los demás atraviesan ligeramente a nosotros se nos vuelve impracticable mientras el marcador va en contra. Hasta que llega la remontada.

viernes, 1 de enero de 2016

El esfuerzo que hará falta



El esfuerzo que hará falta : En el pueblo es posible saber con qué partes para empezar el año. Basta un paseo para hacer el inventario. El montón de madera junto a la pared blanca, por ejemplo. Puedes calcular hasta cuándo te durará y tratar de imaginar cuánto quieres que haya crecido el año que viene en estas mismas fechas. Y con esos números, es posible medir el esfuerzo que te hará falta durante el año. En la ciudad, este ejercicio se detiene en el primer paso porque nada se deja atrapar por la precisión en la medida.