miércoles, 4 de mayo de 2016

Una copa menos para la undécima



Una copa menos para la undécima : El hombre se queja de que haya partido en el Bernabéu porque lo nota en el local. Reacciona a algo que ve al mirarme y de lo que no soy consciente y añade que él es madridista. Pero. Me sirve una copa de “Cortezada”, de Fedellos do Couto, que acompaña con dos trozos del queso que va a formar parte de una cata para veintidós americanos que llegan a las ocho. Se van a llevar buena impresión, le digo. Miro el reloj. Debería marcharme ya al estadio, pero está el vino y el cuidado con el que va colocando los distintos quesos en la bandeja. Ayer cayó el Bayern y hoy le toca al Manchester City, los dos de países cerveceros. La mencía de la copa como parte de la estrategia.

martes, 3 de mayo de 2016

La humildad de los adictos



La humildad de los adictos : La que lleva un rato atendiendo en el mostrador le dice a la recién llegada que no manche mucho. La nueva golpea uno de los mandos de la máquina de café para vaciarlo, sigue golpeándolo, lo llena, coloca una taza pequeña y aprieta un botón. Después coge la taza, a la que se le cae el café por todo el borde, y la deposita sin plato encima de una bandeja. La veterana me dice que me puedo llevar mi pedido sin añadir dónde puedo coger un sobre de azúcar y una cucharilla. No importa. Ya lo hago yo.

martes, 12 de abril de 2016

Un pasillo de silencio



Un pasillo de silencio : Justo antes de que Ronaldo tire la falta con la que va a marcar el tercer gol del Madrid, Keylor Navas cruza el campo para decirle algo. Todo el estadio le grita cómo lanzarla. Cuando llega, Keylor se cubre la boca con el guante mientras le deja caer al oído unas pocas palabras precisas, como esas gotas de aceite caliente que nos echaban cuando teníamos otitis. Después regresa corriendo de espaldas, sin perder de vista cómo se prepara la falta. 

lunes, 11 de abril de 2016

La pompa de jabón



La pompa de jabón : Hay una limpieza básica, la que realizan los barrenderos regando estas calles con el agua a presión de sus máquinas y el paciente barrido posterior. El paseo de los niños hacia el colegio, acompañados por su padre o su madre, con un bocadillo en la mano y una frase como “te voy a meter en una pompa de jabón para que no te escapes”, realiza otra limpieza. Por dentro.

lunes, 4 de abril de 2016

La hora fija



La hora fija : Una lluvia que sabe que vas a rendirte tú primero. Una lluvia de mil páginas dispuesta a llenar los tiestos, a empapar las carteras, a ocultar los socavones. Una lluvia que se estira en los atascos, que se frena en los cruces, que se comunica a través de los paraguas. Una lluvia que permanece todo el día fija en una hora. Es una lluvia en la que solo sobreviven los zapatos elegantes.

martes, 22 de marzo de 2016

El primer paso de una buena manicura



El primer paso de una buena manicura : Al pasar junto a la pescadería "Campanero" escucho el sonido metálico de unas tijeras abriendo tripas, cortando aletas. Es una invitación a afrontar así las primeras horas del día, cuando hay que separar cuanto antes lo que sobra. Sin matices ni dudas. Luego ya habrá tiempo para cambiar a las tijeras pequeñas y dedicarse a la manicura de los últimos momentos del día.

jueves, 10 de marzo de 2016

Bombones para los primeros auxilios



Bombones para los primeros auxilios : Quizás porque ya la historia de sus antepasados sea tan interesante, en su casa solo tienen cabida aquellos objetos que vienen con una biografía sugerente. Siéntate en el sofá del salón que da a la calle y fíjate en ese agujero de la pared. No es un agujero cualquiera: vino un hombre enviado por una oferta del banco a colgar una lámina de una fea escultura griega. Hizo un agujero tan profundo que traspasó la pared y llegó hasta el baño de la vecina, una mujer de ochenta años que les dijo que mirad lo que ha pasado, hijos. El cuadro se cayó horas después. Ahí está, encima de la mesa con el cristal partido. Y por ese agujero escucharon una tarde los gemidos de la mujer. Profundos, largos. Placer o agonía. Para descubrirlo, fueron a verla con una caja de bombones para disculparse por lo del agujero. La mujer les abrió la puerta sofocada. Les dio las gracias y al rato volvieron los gemidos. Mientras me lo cuenta, me sirve unas aceitunas que ha traído de un pueblo de Zaragoza. Las acompaña con un vino que me sirve tapándome la botella. ¿Qué te parece?. ¿A que es bueno?. Sí que es bueno. Un euro y medio, me dice. La botella no lleva etiqueta, claro, porque no la necesita si a continuación me va a contar cómo la descubrió.