miércoles, 31 de julio de 2013

Sin la cáscara de la rutina



Sin la cáscara de la rutina : Nos dejamos caer en el sofá y nuestro cansancio se va extendiendo lentamente como la clara de dos huevos sin que encontremos ninguna razón que nos empuje a coger una fregona y a recogerlo. Lo mismo le pasa a los objetos. Al bolso de María, por ejemplo.

martes, 30 de julio de 2013

El cadáver de la muñeca




El cadáver de la muñeca : En el parque veo el cadáver de una muñeca detrás de unos setos. Por la forma de los miembros tengo la certeza de que está muerta: peor que muerta, abandonada. Sé que, objetivamente hablando, se trata de un objeto inanimado, pero está claro que hay grados y que no es igual de inanimada cuando es llevada en su carrito que cuando aparece tirada en el suelo. Ese desnivel que se siente al comparar ambas situaciones es ya una evidencia de que hasta ahí donde desechamos un tipo de vida aparece otra.

Son las cosas que suceden en el verano, que por algo es la época propicia para leer novela negra. Este sería un gran arranque para Fred Vargas, que ya se atrevió a comenzar una buena historia con un árbol que aparece un buen día en un jardín. Por un momento me siento como Adamsberg, llevándome esa impresión a casa. 

lunes, 29 de julio de 2013

Gotas de sangre en el cristal




Gotas de sangre en el cristal : En el cristal del gimnasio veo los restos de un pájaro que se ha golpeado contra él. Ha debido de ser un gran impacto. Supongo que iba confiado y que todo se habría evitado si el empleado que ahora veo no hubiera limpiado el cristal de una forma tan meticulosa: el sudor se puede oler pero no se debe ver, siempre hay alguien eliminando cualquier rastro. Ahora, por ejemplo, uno de los encargados nos pregunta si nos molesta el sol antes de bajar las cortinas. Desaparece el sol, desaparece el pájaro. Sigo corriendo. Estos del grupo de tarde, sin la presión de tener que irse a trabajar, corren sin prisas. Puede ser la misma velocidad, pero parece que no les costara tanto. El lujo del tiempo. 

domingo, 28 de julio de 2013

La pinza blanca



La pinza blanca : Me pasan el link de un científico que afirma que el cerebro, cuando está bajo presión, no genera ideas. No lo leo. Salgo al jardín: Pongamos que la realidad sea una naranja y nuestra atención la que la exprime. Según mi forma de verlo, el estrés es lo que aprieta una contra la otra. No añado link. Hago una fotografía de algo que estaba ahí, un poco escondido : la blanca sábana de Guillermo colgada de una cuerda por una pinza blanca, con una pared blanca de fondo. Encima, un cielo gris.

sábado, 27 de julio de 2013

El turista en San Marcos



El turista en San Marcos : El sol hace una precisa radiografía de cada objeto en su sombra.  Le quita el volumen, el brillo y la textura hasta convertirlo en una relación de formas y proporciones. Quizás sea eso lo primero que vemos de los objetos antes de que, como palomas sobre un turista con pan, vengan los conceptos, los nombres, los usos y la rutina a cubrirlos.

viernes, 26 de julio de 2013

Lo único que vas a conseguir es romper la tregua



Lo único que vas a conseguir es romper la tregua : Si realmente la realidad es una lucha entre el orden y la entropía, el campo de batalla al que hay que asomarse para ser testigo es el garaje de un pueblo. Ahí están, revueltas, las dos facciones. El coche brillante. La silla rota. El calendario antiguo. El móvil. El cenicero con colillas. Las bicicletas que se han quedado pequeñas. Una lavadora que no se usa. La mesa de ping pong. Un balón pinchado. Siete tiestos apilados. La guía de vinos del 2001. Una caja en la que faltan varios destornilladores. Nueve cajas de cartón precintadas. Cuatro figuras de los Gormiti. Varios troncos amontonados. La impresión que deja todo eso es que, contra lo que se dice, ha sido posible llegar a una tregua a base de acercar posturas : lo antiguo queda justificado por todo ese tiempo, orgánico, que acumula; lo nuevo, por su precisión y su utilidad, a pesar de su falta de pasado. Todo esto se acaba asimilando cuando, al levantar la vista y ver la bombilla colgando desnuda del techo, uno no echa nada en falta. Está como debe de estar.

jueves, 25 de julio de 2013

La sala perdida del museo



La sala perdida del museo : El cuarto es una especie de hornacina (el suelo es rojo, las paredes de hormigón) a la que llega la luz directamente a través de una rejilla en el techo. Me acerco al salir del trabajo, atraído por el contraste entre la oscuridad del resto del aparcamiento y esa luz. Hay mucho espacio, pero no se ve la figura de ningún santo, solo tres objetos : una fregona, una papelera y un bidón de plástico blanco distribuidos de una forma que, dentro de todo el conjunto, les da sentido. Hacía mucho tiempo que no experimentaba algo así en un museo.