domingo, 31 de agosto de 2014

El circuito de la alfombra roja




El circuito de la alfombra roja : Es una mañana de domingo con el Paseo de la Castellana totalmente despejado. Somos tan pocos los que circulamos que los semáforos podrían estar apagados, dejándonos que seamos nosotros los que nos organicemos. En los cruces podríamos darnos el paso sacando el brazo por la ventana. En los pasos de cebra podríamos detenernos hasta que cruce esa persona para la que van extendiendo la alfombra roja del domingo.

Debería estar permitido parar junto al puesto de helados que está bajo el puente, bajar la ventanilla, charlar con la dueña, elegir un helado, pagarlo con un billete y empezar a comerlo sin hacer caso de si el semáforo está en rojo o en verde.

Y con el helado en la mano, probar en otro paso de cebra. Por si aquí hubiera suerte. 

sábado, 30 de agosto de 2014

Sandwich en palacio




Sandwich en palacio : Hemos cambiado el plan de un restaurante por unos sándwiches en una estación de servicio. No nos arrepentimos. El continuo movimiento de los coches al otro lado del cristal enmarca la tranquilidad con la que comemos, dándole un toque de lujo al escenario : una mesa pequeña con los envases de los sándwiches, unas bolsas de patatas fritas abiertas, dos botellas de agua.

El empleado que nos ha cobrado, metiendo él mismo todos los artículos en una bolsa, mira hacia nuestra mesa regularmente. Esa vigilancia me incomoda al principio y me hace buscar algo que estemos haciendo mal. Cuando vaciamos la primera bolsa de patatas viene a por ella y se la lleva con una elegancia que añade al sitio unas paredes de piedra, unos cuadros con los retratos de los antepasados y, al fondo, un fuego recién encendido. Repite la misma acción con cada envoltorio que vamos dejando en la mesa. 

Antes de marcharnos pasamos por el servicio. No huele a nada. Las dos máquinas de aire caliente funcionan. De una ventana cae un cuadrado de luz con solemnidad de palacio.   

viernes, 29 de agosto de 2014

El reloj de conchas




El reloj de conchas : Vamos recogiendo conchas por la playa. Resulta fácil porque al retirarse la marea las deja a la vista sobre una arena que somos los primeros en pisar. Lucía busca en una parte y yo en otra: nos juntamos cuando las dejamos en el cubo que está entre nosotros. Ahí vigila que tengan el tamaño que quiere y que estén perfectas. En los charcos se reflejan unas nubes inmóviles que se agitan cuando las pisamos con cuidado.

Le prometí a Lucía que le iba a dedicar todo el tiempo que nos llevara llenar el cubo rojo de plástico. Hasta entonces, todo está detenido. Incluidos María y Daniel, desarrollando  un inacabado gesto en la toalla. Los segundos caen con las conchas en el cubo. Me gusta mucho el ruido que hacen. 

jueves, 28 de agosto de 2014

El lujo de un plato casi vacío



El lujo de un plato casi vacío : La bandeja recién servida, repleta de marisco, parece un escudo con el que defenderse de cualquier golpe de mala fortuna que pueda llegar en el futuro. Esta abundancia funciona también como un conjuro frente a las carencias del pasado, como si así quedaran anuladas, hundidas en el tiempo, sin fuerza ya para afectar al humor: una historia que le pasó a otro. Para que el rito funcione completamente, hay que comérselo todo y hacerse con esa riqueza que una vez en el estómago calienta el ánimo y concede una limitada sensación de ser invulnerable.

Quizás no me guste el marisco porque soy inmune a ese efecto que es más evidente conforme aumenta la edad de los comensales. Frente a esa acumulación de animales, hubiera preferido algo más minimalista. Una camarera que fuera trayendo una pieza de cada en un plato y nos la hubiera explicado. Ahí está para mí el lujo. Sin esa historia, ando un poco perdido, incapaz de valorar todo lo que voy comiendo.  

miércoles, 27 de agosto de 2014

Anegados por la teoría




Anegados por la teoría : Caminamos por una zona que poco a poco va cubriendo la marea, por lo que el paisaje no deja de cambiar. Este es otro de los encantos de la playa. El cielo está cubierto por unas nubes que dejan pasar el sol justo para que no nos tengamos que poner una camiseta. El verano, defendido por la poca gente que hay en la arena, parece dispuesto a rendirse antes de que le llegue la fecha, dejando unos días sin estación. Es agradable caminar por esta frontera.

Daniel me cuenta una historia que tiene en la cabeza. No le digo que es una mezcla de “Aragon” y de “La isla de Nim”, dos películas que hemos visto estos días. Para demostrarme que es una buena idea, se detiene en los detalles con una meticulosidad que resulta agotadora. El agua del mar va subiendo por momentos mientras caminamos.

Pasado un rato, viendo que él mismo se encuentra rodeado por una abundancia de detalles que pueden acabar engulléndolo, le cuento de dónde ha sacado esa idea para que no le dedique tanto esfuerzo. Se queda un poco sorprendido. Luego se enfada. Le explico que es difícil encontrar historias originales, que todas, analizadas, acaban reduciéndose a unos planteamientos básicos que están identificados.

Hacemos la última parte del paseo en un silencio del que me arrepiento. El agua, como la teoría de la que he hablado, lo ha cubierto ya todo. 

martes, 26 de agosto de 2014

El saludo de la nutria




El saludo de la nutria : Hay sitios que te esperan aunque tú no lo sepas. Tienen algo que llevas tiempo buscando, así que sólo deben tener paciencia. Saben que llegará el día en el que aparecerás por allí y te encontrarás con lo que te guardan. Y en ese momento pensarás que ha sido casualidad.

En Luarca no tenemos que esperar mucho. Apenas llegamos al puerto, Daniel se fija en algo que va nadando entre las barcas. No lo duda. Tampoco nosotros. Se trata de una nutria que parece haber venido a vernos. Esa nutria que no vimos ni en el acuario de Gijón ni en Faunia. Se muestra el tiempo suficiente para que le hagamos unas cuantas fotos. Después se aleja.

Pasamos el resto de la excursión buscándola. Al principio, entre las barcas. Seguimos por la zona que cierra el puerto. Y como ahí no aparece, Daniel sospecha ya de todo. Se asoma a la cazuela en la que nos sirven los fideos con almejas como si la nutria fuera a mostrar la cara para despedirse. Para demostrarle que no va a aparecer por aquí, no dejo ni un fideo.

lunes, 25 de agosto de 2014

Fidelidad eterna a Londres



Fidelidad eterna a Londres : Estas son las playas que deben recorrerse a pie desde la del Altar, en Barreiros, hasta la de Das Catedrais. A saber : De San Bartolo, Acantilado, Remior, Complexo, De Coto, Da Salsa, De Valea O Castro, De Fontela, Da Roda, De Lóngara, Punta Corveira, Da Pasada, Do castro, Da Arealonga y Da Malata.

Entro en el baño de la cafetería en la que hemos desayunado para partir más ligero en este paseo. Me miro en el espejo. Echo las manos a la cremallera y cuando voy a seguir con el proceso veo que encima de la tapa del váter han colocado una imagen del Big Ben con la característica cabina de teléfono roja en primer plano.

Aprieto la vejiga mientras pienso. Tenemos muchos kilómetros por delante. Esto, por un lado. Por el otro, la evidente carga simbólica de levantar esa tapa y mear dentro como el que deja su opinión. Habrá quien no tenga estos problemas, pero yo sigo aguantando sin saber qué hacer.

Me fijo entonces en el lavabo, que está a buena altura.