La ronda del profesor : Como se nos dan tan mal las plantas, lo más lógico sería
que acudiéramos a las tiendas pidiendo aquellas que estuvieran ya en las
últimas para traerlas a casa sin ilusión. De alguna forma, nuestra esperanza
les resulta muy perjudicial, así que optamos por recibir los ramos que a veces
nos regalan con una distancia nihilista, como quien pinta una cuna de negro.
Puede parecer un ambiente negativo, pero los ramos aguantan mucho más si nos
acercamos a ellos pensando “ya se estarán poniendo mal” que si lo hacemos con
la idea de “a ver si ha florecido algún capullo”. El ramo se conserva más
tiempo así, pero nunca expresamos delante de él nuestra alegría, solo el leve
asentimiento del profesor que comprueba que todos sus alumnos han dado la
respuesta adecuada al problema.
jueves, 19 de noviembre de 2015
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Los Reservas de Protos: Ni rastro de tópicos
Los Reservas de Protos: Ni rastro de tópicos : Parece que llega
un momento en el que los proyectos tienen que disculparse por todo lo que han
crecido. Todo el mundo siente atracción por la pequeña tortuga en su casa de
plástico, por el ático sin ascensor en el que había que elegir entre abrir la
cama o colocar la mesa para cenar, o por esa maqueta que va de mano en mano de
un grupo del que no se ha oído hablar. Pero si las cosas van bien y la tortuga
crece hasta comerse un paquete de jamón al día, el ático se convierte en chalet
y el grupo llena estadios, miramos a otro lado, como si se hubiera perdido lo
genuino. Debe estar en nuestros genes.
El mundo del vino no es una
excepción. Sigue predominando el enfoque romántico del
enólogo soñador que se retira a una parcela para, ahí donde unos buscarían lagartijas
debajo de las piedras ellos, imaginarse sus futuras viñas madurando una uva tratada
con cuidado.
-El problema – me dice Carlos
Villar, Director General de Bodegas Protos – es que muchas de esas bodegas tienen
muy complicado subsistir económicamente. Y no digo que su vino sea malo, al
contrario, que muchas veces lo recomiendo cuando me preguntan por algo nuevo.
La explicación la comparte con los
que estamos sentados con él en una mesa de un sótano del restaurante MetroBistro de Madrid para una cata de sus reservas. Toda esa afinidad que generan
las pequeñas bodegas parece desaparecer con las grandes conforme crecen, como
si fuera un precio a pagar y el verdadero talento se mantuviera siempre en la
cantera para ser sustituido por otra
cosa cuando el campo, en vez de ser de tierra, pasa a ser de césped regado
todos los días.
Y si difícil es defender la imagen
de una gran bodega, más aún es hacerlo utilizando como argumentos sus reservas.
El esfuerzo me parece tan grande, sobre todo con aficionados que, como yo,
solemos evitar los reservas, que tengo
que reconocer que logra atraer mi interés.
A Carlos Villar, lo acompañan
Fernando Villalba, Director de Comunicación, y Marilena Bonilla, su nueva
enóloga. Sorprende ver reunido a un equipo así, sin suplentes, en una cata
que se celebra en una pequeña sala a la que se llega tras bajar varias
escaleras en un ejercicio que tiene algo de clandestina reunión de resistencia.
Pero el escenario, como en las
buenas novelas, forma aquí parte del significado. Es un descenso que busca
acercarse a las raíces de los conceptos, a las bases de los vinos, dejando
arriba, en la superficie, todos esos prejuicios, que son muchos, sobre lo que
significa acercarse a los reservas.
La que actúa como guía de la cata
es su enóloga. Y los vinos que va a utilizar para tratar de vencer nuestras
ideas preconcebidas son un Reserva 2011, un Gran Reserva 2006, un Selección
2001 y un Grajo Viejo 2012. La explicación de Marilena sobre los vinos consigue
que, conforme habla, el espíritu inicial de la veterana y gran bodega vaya
mostrando otra cara complementaria que sigue viva dentro de ella: la de la
pequeña que se enfrenta a cada reto con nuevas ideas.
Y es que el primer y fundamental
cambio que se produce afecta a la percepción de lo que es producir un reserva.
Parece que la inquietud y la ilusión estuvieran asociados únicamente a
proyectos de crianza, destinados a llegar pronto al público y que el
tratamiento de un reserva, al que se le asocia el largo trámite del tiempo,
necesitara de enfoques clásicos, perennes e inmutables como principios de
derecho romano.
La realidad, por lo que la enóloga
demuestra, no es así. Cada uno de sus proyectos tiene una intención, un deseo
de innovar, la ambición de mejorar cada vez más y más. Solo hay que escucharla
hablar de la tierra, de las uvas, de la madera, de los procesos, de las cepas,
de las vendimias, de las parcelas, de las añadas o de las barricas. El empuje es el mismo que en cualquier otro
trabajo, solo que su objetivo es otro. No es la escritora que trata de llegar
al público con una columna ingeniosa en el periódico, sino la que pretende
dejar una página que perdure en una novela.
Tal vez parezca un descubrimiento
menor, pero en mi caso adquiere la evidencia de esas revelaciones que logran su
fuerza por integrarse en lo cotidiano. Eso elimina ya cualquier barrera que
pudiera tener acerca de los vinos presentados y logra que me acerque a ellos
con uno de los elementos fundamentales de cualquier catador: la curiosidad.
La experiencia de la cata sostiene
el discurso de la enóloga. Los diferentes vinos que vamos probando, algunos de
añadas muy antiguas, rompen también con el tópico del entrar en un reserva como
el que accede a una biblioteca repleta de tomos encuadernados en piel. Los
vinos están vivos y tienen mucho que decir. La diferencia es que necesitan más
tiempo para expresarse.
Además, contra lo que pudiera
parecer en la aproximación a un reserva, estos vinos no permanecen quietos,
esperando que sea uno el que se acerque. Ellos también se aproximan mostrándose
rápidamente en unos colores, unos olores y un paladar que rompen la idea
preestablecida de ellos. Es evidente que el tiempo también puede jugar a tu
favor.
La cata termina con una gran cena servida ahí mismo tras escuchar unos grandes temas de Miguel Dantart, algunos como “El viaje de la uva” o “Cosas bonitas”, dedicados al vino. Al final queda la sensación de que, en las grandes bodegas, los proyectos más innovadores pueden estar en sus reservas. No era lo que yo pensaba al principio: cuando subo las escaleras para salir, dejo el prejuicio abajo. El que sale a la calle no es el mismo que el que entró. Y eso siempre está bien.
lunes, 16 de noviembre de 2015
El sprint imaginario
El sprint imaginario : Como esta semana
no tengo coche, tengo que volver caminando desde la casa de Federico hasta la
estación de metro. Hay pocos placeres que superen al de compartir mesa con
alguien que disfruta más de la comida y del vino que tú. Nos hemos comido lo
que quedaba de la tortilla de patata que hizo ayer y hemos apurado la botella que
ya tenía abierta. Se puede decir que lo de hoy ha sido un gran epílogo de su
cena.
Me noto pesado y feliz. Es cierto
que si ahora tuviera que coger el autobús en esa parada que está debajo de este
puente no podría recorrer la pasarela a tiempo y lo perdería por mucho que me
esforzara. Pero la única razón por la que de verdad lo intentaría sería la de
verme regresando a la mesa de Federico.
domingo, 15 de noviembre de 2015
El cinco rojo
El cinco rojo : En la mesa de la celebración hay varias botellas de “Damana
5” para los pocos que somos más aficionados al vino tinto que a la cerveza. Entiendo
que haya quien prefiera la cerveza al vino, pero en una reunión como ésta debe ofrecerse,
por lo menos, una botella de vino que sirva para recordarla. Esta cerveza que
sirven en la barra, sin marca, sin etiqueta, sin historia, se olvidará. Pero
dentro de un tiempo, cuando veamos otra botella de “Damana 5”, nos acordaremos
de la moto rosada neo pink 2.0 que le regalan a Berta, del tartar de carne y atún, del Gran Premio de
Brasil en la televisión del fondo, de las fotos del grupo, de las charlas que
surgen alrededor del tema al que El país dedica su titular del día, “Guerra al
Estado Islámico”, y de cómo, copa tras copa, todo lo que de rojo había en el
local empezó destacar sobre el resto, como si el ojo fuera más sensible y
buscara la analogía alrededor.
sábado, 14 de noviembre de 2015
Que ya son euros por una copa de vino
Que ya son euros por una copa de vino
: Tenemos un rato para tomarnos un vino antes de que empiece “El alcalde de
Zalamea” en el recién abierto Teatro de la Comedia, que ha estado en obras
muchos años. Tantos que ya era normal pasar por delante y decir “Ah, las obras
del Teatro de la Comedia”. Sin lamentarse, como algo que llevaba su tiempo, “Ah,
las obras del Teatro de la Comedia”. A
los del Mezklum, el restaurante que está al lado, los continuos retrasos no les
hacían mucha gracia porque las obras les ocultaban la entrada. Claro. A los
demás, que no teníamos ese problema, nos bastaba con saber que, “Ah, las obras
del Teatro de la Comedia”, algún día se acabarían. Y como todo, efectivamente,
se acaba, llega un día en el que quedan unos quince minutos para el arranque de
“El alcalde de Zalamea” y los aprovechas pidiendo en un local cercano un “Dominio
del bendito” a 4,5 € la copa, que ya son euros para una copa, que si esto lo ve
Pedro Crespo, igual se hubiera marcado aquí uno de sus monólogos. Pero no hay
problema porque, por un error que no tratamos de arreglar, nos cobran solo 2,5
€ por copa. Lo tomamos como una buena señal de una obra en la que descubrimos
monólogos que justifican las obras, el retraso, el mosqueo de los del Mezklum y
hasta el precio de la copa si nos hubieran pedido por ella 4,5 €. Que qué son 4,5 € con
monólogos como éste:
“En un día el sol alumbra
y falta; en un día se trueca
un reino todo; en un día
es edificio una peña;
en un día una batalla
pérdida y vitoria ostenta;
en un día tiene el mar
tranquilidad y tormenta;
en un día nace un hombre
y muere; luego pudiera
en un día ver mi amor
sombra y luz, como planea;
pena y dicha, como imperio;
geste y brutos, como selva;
paz e inquietud, como mar,
triunfo y ruina, como guerra;
vida y muerte, como dueño
de sentidos y potencias.
Y habiendo tenido edad
en un día su violencia
de hacerme tan desdichado,
¿por qué, por qué no pudiera
tener edad en un día
de hacerme dichoso? ¿Es fuerza
que se engendren más despacio
las glorias que las ofensas?”
Que si no habríamos pagado 4,5 € por algo así.
viernes, 13 de noviembre de 2015
Una madre hace que todo parezca normal
Una madre hace que todo parezca normal :
Veo la cuerda amontonada junto al andamio de la obra y me pregunto cuánto
medirá. Me gustaría poder tirar de ella conforme avanzo por estas calles del
barrio en el que nací y ver si alcanza hasta el portal de mi casa, que traspasaría
con la cuerda en mi mano para subir por las escaleras y presentarme en el primer piso, que
es donde vive mi madre. Siempre me parecía que vivir en el primer piso no tenía
ningún interés, que era en los más altos donde se acumulaba una intensidad que
yo no podría experimentar. Pero estoy seguro de que hasta ahí no podría llegar
la cuerda. A la puerta de mi madre es posible que sí. Estaría bien: llamar a la
puerta y explicarle el impulso que me habría animado a intentar este juego. "¿Y los niños, bien?".
jueves, 12 de noviembre de 2015
No hay mejor recibimiento que una buena despedida
No hay mejor recibimiento que una buena
despedida : Justo donde el metro ligero tiene la última parada de la línea
hay una bicicleta. Está apoyada en una valla, junto a las cuatro vías del
metro. Seguramente su dueño, al bajar
del vagón después del trabajo, se quede un rato mirando para que el contraste
entre los círculos de las ruedas y las líneas de las vías le permita saltar más
rápidamente de lo laboral a lo doméstico. Una vez subido en ella, se fijará en
los caminos paralelos de los raíles mientras, con los primeros pedaleos, va
improvisando el camino de vuelta a casa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













