jueves, 7 de noviembre de 2013

Lo que escondía el telón




Lo que escondía el telón : A veces el Plus se pone tonto y sigue emitiendo sonido con la pantalla en negro. Debe ser que el otoño le vuelve susceptible y reacciona así al hecho de que muchos días sintonizo la guía de los canales y la uso como radio mientras leo. Lo mejor del Plus es, sin duda, esa música. Esa música y el Tizón de estos días, que voy alargando con cualquier excusa : que si el sueño, que si no tengo tiempo, que si es la hora de ir a trabajar.

Esa pantalla en negro es la que también emite mi cabeza con algunas letras de canciones que me gustan mucho. “¿Por qué esas flores raras crecen en la acera para ti?”, del “No me acostumbro” de El Último de la Fila. Siempre, al llegar a esa parte, se produce la caída de un gran telón negro que no logro detener con la imaginación. Ni idea de las flores.

Y así llego a esta tarde en la que, camino de una cena con dos amigas, voy andando por la calle entre la basura que se va a acumulando por la huelga. No es un espectáculo agradable y, en muchas partes por las que me muevo huele a mierda, pero está funcionando perfectamente como abono para unas cuentas de twitter que están dando unos tuits muy buenos. Podríamos decir que todo se equilibra y que gracias a estas bolsas de basura amontonadas está floreciendo la inteligencia en el mundo de los mensajes cortos.

En una calle que une la plaza de la Luna con la Gran Vía veo todas las papeleras repletas, a punto de rebosar. En ese momento no hay nadie y, curiosamente, el resto está completamente limpio. Salta entonces, de nuevo, la frase, encajando perfectamente con lo que estoy viendo. 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El embajador de la propiedad distributiva



El embajador de la propiedad distributiva : Todavía veo sus ejercicios y puedo explicárselos sin dudar. La distributiva, no problem, vamos allá, mira. Sé que cada día la distancia entre lo que los dos sabemos se va haciendo más pequeña. Poco a poco, claro, hasta que llegue el momento en el que nuestras dudas sean exactamente las mismas frente a un problema. Y hasta que llegue ese otro día en el que la suya ya sea más pequeña. Y a partir de ahí. Pero ahora la distributiva, y la goma de borrar, y el lento balanceo del lápiz al escribir, y el cortado, y el frío fuera y los que dejan el coche en segunda fila para entrar a por una barra de pan.

martes, 5 de noviembre de 2013

Solo se nos ocurren nombres de perros




Solo se nos ocurren nombres de perros: Como todos los globos del paquete estaban pegados, conforme los íbamos arrancando, como lonchas negras de plástico, se nos iban poniendo manos de forense. Esta vez la match ball de los productos chinos había caído del lado malo, qué le íbamos a hacer.

Solo pudimos salvar tres, que inflamos rápidamente para traerlos al lado de los productos vivos. Unos golpes de aire precisos, violentos, rítmicos, muy de cine, con los que conseguimos que el corazón que todo globo tiene latiera un poco.

Para que aguantaran más, no los atamos en las cuerdas que teníamos preparadas para ellos. Los dejamos en el sillón, con cuidado, que nos pareció un lugar especialmente apropiado al ver los gatos que tenían dibujados. Tenían que haber contribuido a crear un ambiente de siniestra alegría, pero se quedaron como cojines en reposo.

Sé que tenemos que ponerles nombres a los gatos antes de que pierdan todo el aire. Pasa otro día y hoy vuelvo a decírmelo : sé que tenemos que ponerles nombres a los gatos antes de que pierdan todo el aire. La cosa está difícil.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Nadie pone orden a gritos en un grupo de pájaros




Nadie pone orden a gritos en un grupo de pájaros : Antes me molestaba que el cambio de hora me quitara ese sol que más hace falta: el que te espera cuando sales del trabajo como esos últimos entrantes que quedan en la fiesta a la que llegas tarde. Ahora, además, me pone de mal humor el frío. Los abrigos son una hora más finos; las mangas, una hora más cortas; las nubes una hora más amenazantes y el viento una hora más persistente.

Me pego a la pared del colegio, pero también la noto fría.

Los que parecen inmunes son los niños que juegan al baloncesto. Van en manga corta y no veo a ninguno quejarse. Hay muchos. Sería difícil contarlos porque son como esas bandadas de pájaros que se agrupan, se rompen y vuelven a unirse, como un latido de alas. Los balones de baloncesto botan, vuelan, cambian de manos en un caos de pura energía que reconforta. Las profesoras insisten en que, pero nadie pone orden a gritos en un grupo de pájaros.

Sí que está fría la pared. Todos los focos están encendidos, todos. Bien por los de mantenimiento. Una bombilla apagada habría sido la puerta por la que se habría asomado algún pensamiento negativo o por la que se habría escapado esta sensación de que, a pesar del frío y de la oscuridad, algunas cosas están en orden. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

La tecla de pausa




La tecla de pausa : El Museo de Ciencias Naturales parece el almacén de un taller de reparaciones al que hubieran ido a parar todas esas partes de animales que han resultado inútiles y que se han reciclado aquí para que los niños se den una vuelta. El esqueleto de un gato. Las cabezas de veinte tigres con la misma expresión. Los tentáculos medio deshechos de un calamar. El saludo de un mono. A mí este paseo me recuerda a las visitas a las casas de los escritores famosos en la que falta lo único que me gustaría ver: al escritor. Todo lo demás me sobra.

Pero los niños se mueven por las salas como si fueran capaces de ver vida en esta exposición en la que los taxidermistas han hecho su particular apuesta por la eternidad. Supongo que para ellos esto es como darle a la tecla de pausa y así poder ver detalladamente a esos animales que normalmente no se ofrecen con esta paciencia de polvo y frascos herméticos.

Daniel lleva su libreta en la mano. Se va parando en todo lo que le llama la atención para dibujarlo. Estrena el lapicero que acabamos de comprar porque el suyo no tenía ya punta. Dibuja con cuidado, como si estuviera transcribiendo las respuestas de una entrevista a cada animal frente al que se detiene.

sábado, 2 de noviembre de 2013

En eterna órbita




En eterna órbita : Antes de ver “Gravity” me paso por el baño porque conviene subir al espacio preparado. Recorro un pasillo muy, muy largo hasta dar con él, como si los arquitectos hubieran querido separar lo más posible el mundo fisiológico y real del de las historias y la imaginación. Por mí vale, aquí va mi reconocimiento, pero éste no es un pasillo para gente que aguante poco: si vienes con prisa estoy seguro de que cada paso que des te alejará más, mientras que yo, tranquilo y despreocupado, llego a mi destino sin problemas.  

El lavabo tiene un aire espacial que me gusta. Entro en situación antes ya de que se apaguen las luces de la sala, lo que me va a venir bien para centrarme. Las críticas de “Gravity” están tan enfrentadas que no solo voy a tener que salir diciendo si me ha gustado o no, sino que me voy a ver obligado a justificar mi opinión con argumentos  más o menos objetivos. Habrá que pensar un poco.

Habrá que pensar un poco, pero sé que no daré en el blanco porque mi interpretación de las películas es tan particular que nunca coincide con la oficial de los críticos. Oigo el ruido raro, como los demás, pero mientras ellos abren el capó y localizan la avería sin problemas, yo estoy en el maletero, a lo mío, rebuscando entre lo que me encuentro ahí. No soy la persona adecuada para explicar de qué van las cosas. Digamos que me dedico a flotar alrededor de ellas. 

viernes, 1 de noviembre de 2013

El último lector de periódicos




El último lector de periódicos : En un banco de Fuencarral está sentado un anciano con un traje perfectamente planchado que es un reconocimiento a la parte más elegante de la fiesta. Sostiene el periódico con cuidado y lo lee como si estuviera eliminando cualquier pliegue de las palabras. La parte positiva de que decaiga el número de lectores de periódicos es que aumenta la calidad de los que siguen comprándolos.

Frente a él, los niños aprovechan que la calle está cortada para subirla y bajarla practicando con los patines. Ejercicios de equilibrio bajo un sol que ilumina todo sin calor. Hay cierta urgencia por hacer las cosas más despacio. Las conversaciones también tratan de mantener el equilibrio con unas pocas palabras mientras los niños se toman su tiempo en caerse. En el fondo, la tranquilidad de saber que nada de lo que se hace se acumula.

El hombre lee con cierta exigencia académica, como si todos los periódicos que ha leído en su vida estuvieran examinando a éste que tiene delante. Se toma el tiempo necesario: no hay excepciones. Debe tener unos ochenta años y lo que le mantiene erguido es una cultura que al final se ha quedado en lo firme, en lo esencial.

También nosotros podríamos haber traído los patines. O no. Basta con estar aquí.

Pasado un rato, el anciano se levanta y comienza a caminar muy despacio. Lleva el periódico perfectamente doblado: si al pasar junto al quiosco lo dejara encima de una pila, nadie notaría la diferencia.