sábado, 30 de noviembre de 2013

La legión de extras




La legión de extras : Visto desde esa nave espacial en la que las lágrimas de Sandra Bullock volaban despreocupadamente, el punto de la Tierra que más brillará estos días será la Plaza de Jacinto Benavente. Mirar fijamente estas bombillas durante unos segundos debe ser más peligroso para la retina que esquiar sin gafas por los Pirineos durante una semana. Pero es bonito, no nos vamos a engañar, y las retinas ya aguantan lo que les echen.

El mensaje subliminal parece ser : donde hay luz, hay alegría. Y debe funcionar porque todos nos movemos entre los puestos con bastante buen humor. Gorros con formas de animales. Carteras hechas a mano. Dulces artesanales. Lo de siempre. Ya se sabe que es Navidad y cualquier sombra de culpa al gastar el dinero desaparece ante el avance implacable de esta efectiva invasión de luces.

Somos los extras de uno de esos anuncios en los que los actores caminan con unas bolsas que parecen pesar menos cuanto más llenas van.  

viernes, 29 de noviembre de 2013

Nueve millones de bombillas




Nueve millones de bombillas : Hoy encienden las luces de Navidad en Madrid. Nueve millones de bombillas que se reservarán para el centro y las zonas comerciales. Si los Reyes Magos se guiaran por ellas, buscarían a Jesús en alguna tienda de Princesa. H&M. Zara.

En el Carrefour las botellas de Yellow Tail están a 3X2, así que esta noche cenamos con una de ellas. Después me tumbo en el suelo del salón con una caja de Ferrero Rocher a la izquierda y El Cultural a la derecha. Si buscas el momento y el sitio perfecto para ponerte al día en lo referente a la cultura, estás perdido. Voy picando de los artículos como de los bombones, al azar, disfrutándolos.

Hoy también ponen el último capítulo de la temporada de Violetta, por lo que me obligo a respetar el atento silencio del salón. Cada bombón que me como, una luz que se enciende. Doy entonces con un artículo de Echevarría titulado “Claridad” y en el que menciona una cita de Botho Strauss : “Lo que está por decir es infinito. Y en realidad no puede articularse' según las leyes de la gramática y de la razón cotidiana”. Pero seguimos con la ilusión de las luces.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Promesa de invencibilidad




Promesa de invencibilidad : Entre los dos carriles hay unas plantas dispuestas según cierto orden geométrico que la falta de cuidado ha ido eliminando, como a una división perfecta a la que le fueran surgiendo decimales con el paso del tiempo. 

No hay nada en ellas que atraiga la atención salvo en un instante : justo éste en el que los pequeños frutos rojos que dan se iluminan con el sol al nacer. Pruébame, parecen decir, y serás invencible. Esa una imagen cuya intensidad apenas dura unos segundos porque nunca la he visto así. La radio. El atasco. Esa sensación de que no vas a conseguir sintonizar bien el día por mucho que te esfuerces. Ése deberías. La radio. Antes de que el sol se eleve un poco más, insisten, ¡venga!  

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Un indulto en el último instante




Un indulto en el último instante : Ante la duda de qué objeto guardar, hay dos caminos : desprenderse de todos directamente o valorar cada uno para acabar tirándolos con la sospecha de que entre los papeles que se arrojan a la basura haya un décimo premiado. Quizás ese impulso a conservar algo venga de cuando la vida se quedaba pegada a ellos frente a esta existencia líquida, como la definen algunos, que se acaba convirtiendo en unas gotas que terminan cayéndose de cualquier superficie. Todo se queda en nada, así que ¿para qué?

Pero. La jeringuilla de plástico con la que les damos las dosis cuando se encuentran mal.

Pero. Ese abrigo de mi padre que llevo en el maletero y que en el último momento salvé del punto limpio. No le recuerdo con él y a mí me queda realmente mal. Pero hubo un día en el que se levantó con la idea de comprarse uno. O quizás lo vio en un escaparate y se decidió. Pensando en mi padre, pienso que sería lo primero. Así que entró en una tienda, tal vez con mi madre, y entre los dos decidieron que ese abrigo le sentaba bien. No resulta raro suponer que salió con el puesto y que verse con algo nuevo que le favorecía le puso de buen humor. Un buen humor que debía regresar a él las siguientes veces que se lo puso hasta que acabó convertido en rutina. Si no lo tiro es, sobre todo, por no rendirme a esa facilidad con la que nos desprendemos de esas historias, aunque sean imaginadas.

La jeringuilla tiene las marcas ya algo desgastadas, así que damos las dosis un poco a ojo. Muchas veces de noche, con la luz del cuarto de baño encendida y el resto de la casa durmiendo. 

martes, 26 de noviembre de 2013

El oráculo al final de la escalera



El oráculo al final de la escalera : Hay una ventana estrecha, construida al final de la escalera que sube del garaje, de la que cae una fina franja de luz, como el chorro de agua que refresca pero no quita la sed. Pero no parece estar ahí para eso. Cuando la veo, en el momento en el que la mañana se ha asentado, no es solo la indicación del tiempo que hará, sino la primera valoración de cómo va a ser el día.

lunes, 25 de noviembre de 2013

El salón del gran baile




El salón del gran baile : No tengo suficiente entidad metafísica como para convertirme en escarabajo. A lo más que llego es a transformarme en polilla cada vez que me acerco al edificio de Mc Donald´s que tenemos cerca de casa, atraído por la luz que sale por las ventanas y la que adorna las paredes. Parece que siempre estuvieran listos para recibir a alguien que celebrara su cumpleaños.

Lo mejor es ir entre semana, de noche, con la cancha de baloncesto vacía y un par de coches en el aparcamiento, y disfrutar del contraste sin pensar en nada. Solo el contraste entre el frío de fuera y el calor de dentro, entre la oscuridad de fuera y la luz de dentro. Así de simple. Dentro. Fuera. En cuanto las ideas quieran adornarse un poco para empezar a divagar sobre la soledad, la extrañeza y los lugares de paso, se les pega una patada en el estómago para que vuelvan a la simplicidad del contraste básico. Dentro. Fuera.

Hay que quedarse en ese nivel. Fuera, hambre; dentro, comida. Así que salgo del coche y voy andando por el aparcamiento. El local está iluminado como si se estuviera rondando uno de los bailes de “El Gatopardo”. Cuando entro, solo veo una pareja en una mesa, cogiéndose las manos como si trataran temas fundamentales sobre su vida. Mal. Los dependientes, sin embargo, bromean. Bien. Les veo tan de buen humor que por un momento me entran ganas de decirles que es mi cumpleaños. Y el suyo también.

Sí que hay luz aquí para una polilla como yo: voy a llenarme los bolsillos.

domingo, 24 de noviembre de 2013

La silla del ocioso



La silla del ocioso : En una mesa de carnívoros me pido el bacalao porque, no sé, me imagino una cocina con los expertos en preparar la carne saturados mientras el del pescado espera sentado en una silla, pensando en la revisión pendiente del coche, en que por primera vez debería aprovechar uno de esos vales que te entrega la cajera del Carrefour, en cómo encontrar un rato para ver “La gran belleza” después de haber leído la crítica de Marchante, en una excusa para llamar a su madre. Me lo imagino con el cansancio del banquillo, esperando la excusa para ponerse de pie, en marcha. Y esa excusa se la doy yo y la aprovecha para preparar un gran bacalao. También podría haber pedido la carne porque sé que mi preferencia por el pescado se interpreta como una forma de marcar distancias, como el que, brindando con los demás, pide blanco en vez de tinto. Pescado Vs carne. Pero cuando el camarero me sirve el bacalao sé que todo lo que me he imaginado es cierto y que no me he equivocado. El mundo se convierte en ese plato y lo demás se va difuminando. Como concentrado, disfrutando, abandonándome. Pienso que tengo que pasar la revisión del coche, pienso en los vales del Carrefour que acumulo en la cartera, pienso en las palabras de Marchante, pienso en que tengo que llamar a mi madre.