viernes, 28 de febrero de 2014

La cosecha del viernes



La cosecha del viernes : Tres puertas en el aparcamiento con el mismo letrero: “No exit – No hay salida”. Claro que no hay salida, por eso podemos olvidarlo : porque ya lo sabemos. Dos pisos más arriba es viernes y se renueva otra vez la impresión de que esta vez podremos descubrir algún truco. O hacerlo. El dinero no carga con tanta culpa, se gesticula más al hablar y el camarero espera sin prisas a que te decidas por uno de los vinos de la pizarra. Le digo a Lucía dónde tiene que apretar para que el cajero suelte los billetes. Así de fácil se cosecha la semana.

jueves, 27 de febrero de 2014

El viaje de la tortuga




El viaje de la tortuga : Las cajas de Lego traen una pieza de más y las instrucciones de Origami un paso de menos. Todo va perfectamente hasta que llega ese momento en el que ya no sabemos cómo avanzar. De nada sirve empezar de nuevo con cuidado, como cuando se dejaba la aguja con delicadeza para ver si así no volvía a quedarse atrapada en el mismo punto del disco. De nada sirve aunque lo intentemos. El mundo será digital, pero la realidad sigue analógica con estas cosas. Mi imagen como padre se queda ahí atrapada. Y la aguja de los minutos avanza y se retrasa y avanza y se retrasa. Empiezo entonces a maldecirlo todo lentamente, como la leche que se desbordaba del cazo cuando me confiaba y salía de la cocina. Lentamente. Es así con cualquier figura y lo tengo asumido. Esa asunción adulta que te justifica y que es como un balcón desde el que ver el fracaso. Daniel no tiene tiempo para estas imágenes. Esta tarde deja en la mesa del salón su interpretación de una tortuga. 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Los deberes en sus carpetas



Los deberes en sus carpetas : Ayudo a un mellizo con los deberes y antes de que el otro  haga las mismas preguntas unos minutos después le dicto las respuestas con una seguridad bíblica. Hoy no soy el único en beneficiarme de esta repetición. El Madrid también parece haber visto su partido contra el Schalke 04 antes de jugarlo porque solo así soy capaz de entender cómo pueden crear algunas jugadas que no estaban ahí y que ellos trazan con una perfección que me empuja a celebrar los seis goles en silencio, llevándome las manos a la cabeza. Leila Guerriero también lo hace con su columna de esta mañana. Ya la había escrito varias veces, tal vez sin saberlo, hasta pulirla en la forma en la que se publica hoy. “No es verdad que todo permanezca dentro de nosotros. Hay cosas que se pierden para siempre. Hay, en el coraje de saberlo, una belleza helada". La leo en un ejemplar del País dispuesto en una mesa para que le dé una franja ancha de luz mientras espero a que me hagan una factura. Me entregan la factura, los mellizos guardan los deberes en sus carpetas y ese gol del Schalke 04 al Madrid, en el 1-6, no hace sino añadir una excepción al día para que quede todo bien atado.

martes, 25 de febrero de 2014

Un collage italiano




Un collage italiano : Cocinamos como si preparamos un collage, con la confianza de que es imposible que salga mal. Lucía, el jamón; Daniel, los tomates y el maíz, que caen de la lata después de dos o tres golpes secos. Y un cuarto por si algún grano se quedara pegado a la pared. El calor del horno caldea la cocina. El termostato marca 180 y tenemos que esperar a los 240 porque sí. Cortamos el jamón y los tomates y cuando están dispuestos encima de la masa y la salsa, dejamos caer el maíz como si sembráramos. 204, por fin, y al abrir el horno recibimos un golpe de calor que nos fija en este momento. Advertimos, con cuidado. Y dejamos la pizza en la bandeja y ya vamos disfrutando de la mezcla de olores que van pintando la cocina. Luego regresamos, cada vez dejando pasar menos tiempo, a admirar este cuadro en el que los tonos se van oscureciendo. Cuando queda poco, ponemos la mesa con una intención distinta porque vamos a cenar algo que hemos hecho todos. Abrimos el horno y dejamos el plato en medio de la mesa, uniendo los cuatro manteles. 

lunes, 24 de febrero de 2014

Luz en los charcos



Luz en los charcos : En el camino de vuelta a casa hay un descampado con unas cuantas farolas. Eso es todo lo que se levantó de los edificios que se iban construir. Todavía hay expuesto un gran dibujo con el diseño final, varias casas elegantes rodeando una piscina, que ahora parece el cartel del “ahora vuelvo” del promotor. Las farolas iluminan la tierra, esas plantas secas que crecen como el moho de los proyectos olvidados, y unos charcos que hacen más irregular el terreno. Una farola y el viento, helado, se pelean por el reflejo, que ahora parece perfecto, ahora no.

domingo, 23 de febrero de 2014

La precisión del tatuador



La precisión del tatuador : Los domingos, los objetos habitan en sus sombras, perfiladas con las agujas de un reloj sin prisas, vacío de tiempo. Gracias a ellas, como raíces en la superficie, pueden moverse por su entorno, palpar las texturas, intentar llegar un poco más lejos que la semana pasada. Habría que sentarse en un banco y observar ese avance, dejando que esos minutos de silencio y paciencia también te perfilen. Nunca es más evidente el movimiento como ley que en los cambios de lo que parece inmóvil, en la última línea del horizonte, en las sombras de la valla.

sábado, 22 de febrero de 2014

El regreso del hombre bala



El regreso del hombre bala : Es una merienda que comienza con el hombre bala de la etiqueta de la botella de garnacha disparado hacia el cielo y termina con pequeñas naves de Star Wars de mano en mano. Se podría decir que sale un cumpleaños temático dedicado al espacio, aunque no se me ocurre cómo incluir en él al número siete dibujado con Cola Cao en la tarta de crepes. Cuando terminamos con el postre, esperamos pacientemente a que el cumpleañero vaya montando las piezas de Lego de las naves para que los adultos podamos pasárnoslas. Tiene dedos ágiles. Llega un momento en el que el impulso del hombre bala se agota y tiene que volver al punto del que partía. Nosotros le acompañamos en ese camino de regreso a ese momento en el que vimos la película, la primera de la serie, y supimos que, en ciencia-ficción, nada volvería a ser igual.