martes, 30 de septiembre de 2014

Esperando a la rutina



Esperando a la rutina : Veo girar en el microondas el plato con la lasaña que sobró ayer. Tan pronto empieza a empañarse el cristal, salta el aviso de que está listo. Antes de que Lucía lo diga, me adelanto y le comento que la pasta parecerá algo más seca y el trozo más compacto, pero aun así estará buena porque ayer nos gustó mucho. Curioso camarero que anuncia los fallos del plato que deja en la mesa para satisfacer a la clienta. Lucía lo observa igual que a una prenda que hubiera sacado de su mochila y que no reconociera a pesar de llevar su nombre en ella. Le insisto en que está bueno y después corto un buen trozo del mío. Aunque cena despacio, cuando termina todavía nos sobra el tiempo que hemos ahorrado al no cocinar esta noche. Como nos hemos adelantado a nuestra rutina, nos tumbamos en el salón esperando a que pase el tiempo y nos podamos subir a ella de nuevo. No hacemos nada.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Xabi Alonso y la ballena blanca



Xabi Alonso y la ballena blanca : Al Xabi Alonso que más echo de menos es al que cubría toda la fachada del Corte Inglés de La Castellana con un traje de Emidio Tucci, mirando al horizonte con barba de marinero, por si por ahí soplaba la ballena blanca. También estaba el otro, sí, el que nunca dejaba que se lo tragara esa ballena blanca del Santiago Bernabéu gracias a ese juego con el que lograba que su balón se moviera entre las piernas enemigas con la precisión de un espía esquivando los haces de luces que protegían la portería contraria. Pero creo que, en el fondo, es el futbolista el que le debe al modelo.

Me explico : casi todos los grandes jugadores se sirven del fútbol para dar el salto al mundo del lujo, como el que sube la escalera de un sótano, pero con Xavi Alonso daba la impresión de que él hacía el recorrido contrario, bajando de un ático con el traje de Emidio Tucci para ponerse las botas y jugar al fútbol. Por eso me gustaba, porque traía al campo ese toque de elegancia que demostraba que en el césped, como en las tribunas, caben todos.

Debido a esto, no sé si el homenaje que se merece habría que hacerlo en la planta de moda de El Corte Inglés o en el Santiago Bernabéu. Cualquiera sería apropiado siempre que se le haga, que en el Madrid parece que, desde Redondo, tendemos a saludar a un nuevo jugador cuando todavía no hemos soltado la mano del que estamos despidiendo de esa posición. Con los mediocentros, más que con ninguno, hay que cuidar el protocolo porque es lo que a ellos se les ha pedido.

Y por esa cuestión de protocolo, sería bueno que, llegado el caso, supiéramos algunas palabras de alemán para darle la bienvenida. Sería una buena forma de decirle que le hemos seguido, que nos hemos alegrado de sus éxitos, de los récords en toques que va acumulando, de los elogios de la prensa. Que pudo marcharse, pero que aquí será bienvenido venga de donde venga.

Para irme preparando, cojo un cuaderno de alemán de Daniel. Lo que me encuentro es una relación de varias formas distintas de decir adiós. Mal empezamos. Le llamo para preguntarle dónde están los saludos pero me lío y le cuento un par de cosas del número catorce. 

domingo, 28 de septiembre de 2014

Los tres panties de la loba



Los tres panties de la loba : En el barrio hay un local en donde, en un par de años, primero ha habido un gabinete psicológico (supongo que para que pequeñas manías, porque el sitio es muy pequeño), después una frutería (con un género que parecía venir aquí a terminar su ciclo de vida) y, ahora, han instalado un gimnasio con máquinas que, en veinte minutos a la semana, te dejan el cuerpo listo (sin permitir que sudes).

Aunque me he acostumbrado a ese fluir de negocios como manifestación de la teoría de la oferta y la demanda (de la que se protegen las grandes empresas con métodos que solo se les permite a ellas), me siguen sorprendiendo esas tiendas que parecen llevar en el mismo sitio desde antes de mi nacimiento.

En el paseo por Valladolid me quedo mirando el escaparate de una lencería. Los precios están escritos a mano sobre trozos de cartulina diferentes. No hay fotos de modelos: no hay fotos. Se ven unos cuantos carretes de hilos. También trabajos de ganchillo. Y, saliendo de una pared de corcho, tres piernas mostrando diferentes tipos y precios de panties.

Es posible que dentro haya una dependienta mayor leyendo hasta la última palabra del ABC, un café con leche servido en una taza de cristal sobre un plato a juego, una radio a pilas de fondo de las que se sintonizan a mano y un gato tranquilo retrasando con su sueño el ritmo de un reloj al que hay que dar cuerda cada dos días. El ambiente de una tienda de la que los clientes llevan saliendo decenas de años pensando que han hecho su última compra ahí.  Habría que estudiar este marketing de ganchillo capaz de encontrar su hueco en el marketing de redes.

Tal vez el mirar un escaparte frente al que se ha detenido tanta gente estimule la imaginación. Al ver esas tres piernas me imagino una nueva versión del cuento clásico en el que una loba trata de entrar en las casas de los tres cerditos enseñando la pierna. El primer cerdito cede ante la tentación que esconde un panty rojo de 3 €. El segundo no puede resistirse a la historia que sugiere el panty blanco de 6 €. Y el tercero, que se creía capaz de evitar cualquier invitación lujuriosa, cae ante la loba que se presenta con un panty térmico de 6€, la que intuye que el frío que lleva el cerdito dentro no se calienta con el fuego de un cuerpo listo.   

sábado, 27 de septiembre de 2014

El discípulo de Dioniso



El discípulo de Dioniso : Después de la visita a la bodega pasamos por la tienda. Entre las botellas expuestas están las dedicadas a Pepe Yllera, el fundador de la bodega : su rostro aparece dibujado, como a carboncillo, sobre una etiqueta blanca. El efecto inicial es extraño porque cada botella se encuentra dentro de una pequeña hornacina, lo que le da al lugar cierto ambiente funerario.

Pero si se deja por un momento al fundador en un segundo plano y la atención se centra en el vino, la estancia sufre un giro interesante. Permanece el fondo religioso, pero ahora no cuesta nada saltar a Dioniso, el dios de la vendimia y del vino, y verlo honrado en cada una de esas botellas. Como si todo estuviera dedicado a él y a sus fieles : ya fueran escritores, como Baudelaire, del que se recuerdan unas palabras suyas en una pared de la bodega :

“Para no sentir el horrible peso del tiempo sobre sus espaldas, hay que embriagarse sin tregua. De vino, de poesía o de virtud, a vuestra elección. Pero embriáguese”

o personas dedicadas a buscar el mejor sitio para elaborar un vino y levantar ahí su bodega.  

viernes, 26 de septiembre de 2014

El león doblemente abandonado



El león doblemente abandonado : La farmacéutica consulta el precio de la crema de la receta en el ordenador. Lleva su tiempo: en alguna parte del mundo una hija llama a su madre para decirle que va a ser abuela. El dato finalmente aparece y se sobresalta al verlo como si le hubieran pasado una foto suya en lo más descontrolado de Nochevieja. Veo que piensa “¡coño!”. Yo pienso “¡joder!”.

-Dieciséis euros – suelta – Sí que es cara.

Voy sacando la tarjeta para que no me duela tanto como si pagara en efectivo. Así de tonto soy. La sostengo entre los dedos un momento, a ver si de ese silencio en el que se ha encerrado la farmacéutica sale con alguna receta tradicional barata e infalible.

-Si frotas el grano con piel de morcilla de arroz durante diez minutos, todo desaparece.

En vez de eso, dice :

-El ácido fusídico sale por unos tres euros. Y lo otro es un antibiótico.

Veo que me quedo sin cenar las morcillas que iba a comprar. La buena mujer me ha dado información para calcular el tamaño del margen que se lleva la compañía farmacéutica. Pasa la tarjeta por la terminal como si de mi cuenta cortara una loncha de dieciséis euros.

Esta tarde ha resultado algo violenta. Hemos visto, de regreso del colegio, un municipal ayudando a un hombre con un casco caído en la calle, junto a un coche con parte del morro destrozado y una moto tumbada. Hemos visto una ambulancia detenida junto a un supermercado con todas las luces encendidas. Quizás, para contrarrestar, he pensado en lo de la hija con su madre y he imaginado unas luces de Nochevieja.

Pero todavía queda algo más. Al salir de la farmacia nos encontramos con un león de peluche abandonado en la calle. Y pienso en ese oso de peluche sin un ojo que flotaba en una piscina en “Breaking Bad” y en ese otro chamuscado que aparecía en los flashbacks de “The blacklist”. Mi mirada sobre los animales de peluche ha perdido su inocencia. Quizás por eso, a pesar de tener en mis manos una crema capaz de cualquier milagro, no se la aplico a este león. Sí está aquí es por alguna importante razón dramática. Y ahí lo dejo.   

jueves, 25 de septiembre de 2014

De la mano de Nicholson Baker



De la mano de Nicholson Baker : Hoy me doy cuenta de que Lucía ya solo me pide ayuda para enchufar el secador en un sitio al que no llega. El resto lo ha hecho sola. De la bañera de plástico en la que le sujetaba la cabeza con una mano mientras la enjabonaba con la otra, hemos llegado aquí, al último capítulo del baño diario.

La historia con los pequeños cambios en la forma de bañarse de los mellizos ha pasado por delante. Si no he sido capaz de leerla es porque no he prestado atención para ir descubriéndolos. Y sin esa atención, como señala David Eagleman en “Incógnito. Las vidas secretas del cerebro”, nuestro cerebro se guía con un programa de “ceguera al cambio”: la información que codifica es muy baja y se limita lo básico para que, en este caso, el baño funcione sin problemas.

El resultado de esa “ceguera al cambio” es que la intensidad de esa vida es baja, a pesar de que la realidad no lo sea. En esta situación, la literatura sería un buen entrenamiento para la mirada porque le enseñaría dónde hay que prestar atención. Una vez que el agua esté a la temperatura adecuada, la ropa esté lista, el champú se encuentre en su sitio y la toalla espere, empezaría esa aproximación literaria que ayudaría a ver esa historia de los pequeños cambios. La vida doméstica de la que habría sido consciente si hubiera ido de la mano de Nicholson Baker.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Ortografía para adultos con paraguas



Ortografía para adultos con paraguas : Poco antes de que todos los niños salgan de sus clases, la Naturaleza, ya satisfecha, dice, ea, que se contengan las nubes, venga, que el sol se refleje de nuevo en los charcos, sea, pues, que el cielo se deje ver, y nosotros en ese momento echamos hacia atrás las capuchas y cerramos los pocos paraguas que no se han vencido. ¿Cómo explicarles, cuando nos vean con los paraguas en la mano y este sol desafiante que solo hace unos pocos minutos la tarde, hasta entonces doméstica, se había revuelto recordándonos que a la Naturaleza, digan lo que digan, siempre hay que escribirla con la primera letra en mayúscula?