El invitado sin cubierto : Creo que los muertos no acuden cuando se los convoca
de manera explícita. Hay que evitar los nombres, los brindis, los recuerdos
compartidos. El de la sutileza es el camino, apenas marcado, que más les
permite acercarse a lo que fueron. En el postre, ese hojaldre vuelve a servirse
con la misma naturalidad.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
martes, 30 de diciembre de 2014
A unas estaciones de la libertad
A unas estaciones de la libertad : Todos
los animales de plástico de la colección que le gusta a Daniel llevan una
etiqueta en una de sus patas. Es ancha y resistente, por lo que no es nada
fácil arrancarla: hay que tirar con fuerza de ella hasta que se estire lo
suficiente como para poder sacarla. Eso es lo primero que hacemos Daniel y yo solemos
hacer después de pagar porque tenemos la sensación de que, más que comprar un
animal, lo hemos liberado.
Con el guepardo negro, sin embargo,
tardamos un poco más. Es una reproducción tan fiel que tememos que, si le
quitamos la etiqueta en el Metro, celebre su recuperada libertad saltando sobre
la funda de un Kindle, la muñeca de una niña o las botas de una quinceañera. Un
poco de paciencia, le decimos, solo son unas cuantas estaciones más.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Aquí hemos venido a pasar hambre
Aquí hemos venido a pasar hambre : Vamos al restaurante chino del barrio que más nos
gusta para escondernos un rato de la Navidad. No creo que se asome a un local
sin decoración de fiesta, con un menú en el que cada plato viene acompañado por
su foto y con unos camareros que ponen
la misma cara si recitas la numeración completa de la carta o te limitas a
pedir un cortado con un rollito de primavera. Porque esto es lo que queremos:
señalar un par de fotos y pedir el vino por copas y salir con hambre. Con
bastante hambre: todo un lujo.
domingo, 28 de diciembre de 2014
La orilla sinuosa
La orilla sinuosa : Apenas se sale del pueblo ya se ven viñas, lo que ya
da una idea de lo seca que es esta tierra. El agua, las hortalizas, las frutas
quedan lejos. Aquí las sombras se refrescan en las paredes blancas. Esta tarde, además, el
pueblo parece vacío. Lo recorre un frío que te atraviesa sin esfuerzo y que
favorece la atención, tal vez porque de ella pudiera depender la supervivencia.
¿Y esta calle?. En estas fiestas son muchos los que, habiendo emigrado hace
tiempo, aprovechan para volver. Es posible que haya sido uno de ellos el que
decidiera diseñar el recorrido de esta acera imitando la sinuosa orilla de
un arroyo como primer paso.
sábado, 27 de diciembre de 2014
Niebla sobre los viñedos
Niebla sobre los viñedos : En esta región de nubes altas y densas me sorprende ver
por la mañana una niebla tan pegada a la tierra. Tan persistente. Pasan los
kilómetros y del paisaje que conocemos solo nos va mostrando algunos detalles secundarios.
Tal vez haya una razón para que destaque ahora un árbol, ahora una choza, ahora
una señal oxidada en la zona en la que la punta se ha doblado. Tal vez no y
todo esto vaya cayendo como las uvas de un camión tras la vendimia.
viernes, 26 de diciembre de 2014
El hábitat de la imaginación
El hábitat de la imaginación : Prácticamente
todo en el castillo está restaurado y dispuesto con un limpio orden pedagógico
que impide a la imaginación colocar detrás de las puertas a un grupo de caballeros
dispuestos para el combate. La manera de protestar de los niños es correr por
los pasillos atravesando las figuras que la luz crea en el suelo al ser
domesticada por las ventanas. La manera de protestar de los adultos es no
decirles nada a los niños. Es más fácil conectar con el pasado a través de este
desorden que con las fichas interactivas de las pantallas.
Entre los desgastados escalones de
las escaleras de caracol del exterior crece la hierba. Quizás sean originales y
por aquí subieran y bajaran emisarios con noticias sobre amenazas, sobre el
resultado de las batallas, sobre la situación política. Ahora es la imaginación
la que pide ir más despacio.
jueves, 25 de diciembre de 2014
Bukowski, el gato sin nombre
Bukowski, el gato sin nombre : Una de
las tareas de estas fiestas es encontrarles nombres a los dos gatos que se han
traído para acabar con los ratones. Con el primero, de pelaje blanco y marrón,
apenas hay problema y su nombre acude a él con la misma docilidad con la que él
se acerca a nosotros para que lo acariciemos. Esa caricia lenta con la que uno
acaricia muchas otras cosas a la vez. Amis, de amistad.
Al negro, esquivo, resulta difícil
ponerle el collar de un nombre. Mantiene siempre la misma distancia y cuando
nos aproximamos salta como si nuestras mullidas intenciones guardaran algo
afilado. Evita ese exceso que traemos a
una rutina que, tumbado en una parte alejada, parece bastarle. Su actitud es la
misma del Bukowski de “Lo que más me gusta es rascarme los sobacos”, que
terminé ayer.
“Entiéndeme, hay demasiadas cosas
que suceden constantemente; incluso cuando estás inmóvil y sentado, suceden
cosas. No se debe buscar nada, no se debe apreciar nada, las cosa suceden
continuamente. Levantar un vaso de vino y beberlo, ya es mucho. Esta es la
razón por la que no me gusta viajar por Europa, ver torres y esculturas. No lo
necesito, todo sucede por sí solo. No necesito ir a algún sitio a ver cosas.”
Están
tan confiados con los gatos, que ya nadie se queja si la puerta de la despensa
se queda abierta.
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