lunes, 9 de mayo de 2011

Cuenta 140 : El revólver


Desde Octubre del año pasado, en El Cultural, el suplemento de El Mundo, Montero Glez conduce un concurso de microrrelatos. Cada semana se propone un tema con la condición de que las historias presentadas no sobrepasen los 140 caracteres y los lunes se publican las finalistas.

De las diez que escribo, mando las cinco primeras. A la final pasa la cuarta.

1-Le llamaban para los encargos difíciles por su habilidad y su gusto por la lectura : sabía cómo poner el punto y final.

2-Conocían a la anciana, así que no hicieron caso del detector. Fue, con una sonrisa, el bolso pegado, a hablar de su pensión con el director.

3-Les fue metiendo sus ideas en la cabeza como quien carga un revólver. Desde fuera eran una tranquila familia blanca en un barrio de negros.

4-Estrenó el revólver con su psiquiatra. Ahora le tocaba al mundo adaptarse a él.

5-Consideraba cerrado el asunto cuando los familiares del muerto le devolvían las balas.

6-Ya tenía el revólver. Ahora sólo faltaba engrasarlo con un poco de odio.

7-Un tipo frío, con balas de hielo.

8-Todos los invitados a la boda celebraron el beso disparando. Casi todos, menos el de la amante despechada, fueron al aire.

9-Para matar el tiempo, hacía prácticas con un calendario.

10-Se cumplió el último deseo del artista : en una galería se expuso la pared con las manchas de sangre y, al lado, el revólver.

domingo, 8 de mayo de 2011

La palabra más usada


Leer la prensa económica puede ser divertido si uno sabe cómo. Hoy, por ejemplo, juego a ver cuánto tarda en aparecer la palabra crisis en los artículos del suplemento Negocios. Es demasiado fácil, sí, pero no nos vamos a poner tareas complicadas un domingo por la tarde.

Sería interesante tener una distribución con las veces que la palabra crisis se repite cada día en la prensa para estudiar si existe relación con la evolución de la economía y, en caso positivo, si es capaz o no de anticipar las fluctuaciones económicas.

Editorial : “Portugal inicia la penitencia” : “La crisis de la deuda pública soberana de la eurozona no está resultando un modelo de gestión para las autoridades e instituciones europeas”.

Plan de ajuste, año uno (Alicia González) : “También se cumple ahora un año del día en el que José Luis Rodríguez Zapatero hizo público el giro de180 grados en su política económica y en lo que había sido su forma de encarar la crisis bajo lo que Luis Garicano, catedrático de Economía de la London School of Economics, define como “una intensa presión de los mercados, de la Casa Blanca y de nuestros socios europeos”.

Valoración de un año de reformas (Luis Garicano) : “Reformas estructurales para incrementar el crecimiento económico. La salida de la crisis requiere un amento sustancial de la productividad y la competitividad de la economía española”.

Crónica de un rescate anunciado (Francesc Relea) : “A diferencia de España, Portugal postergó las medidas más duras”, dice el economista Álvaro Santos Pereria, profesor asociado de la Universidad de Vancouver, que acaba de presentar en Lisboa el libro Portugal, a hora de la verdad, una documentada investigación sobre la crisis económica.

El papel se despide de la crisis (Carlos Gómez) : “La demanda de todos estos productos está creciendo en general en todos los países que van superando la crisis económica mundial y especialmente en algunos productos concretos y en los mercados de China e India”.

Carrefour reinventa el híper (Fernando Barciela) : “En el sector hay dudas de que la nueva versión sea la respuesta a la crisis de madurez que viven estas grandes superficies”.

Alvaro Saieh – Presidente de Corpgroup (Jorge Marirrodriga) : “La crisis y la misma evolución de las economías locales están haciendo que las reglas del juego de la inversión española en Latinoamérica comiencen a cambiar de manera perceptiva”.

La rehabilitación del “sector ladrillo” (C.D.) : “Otra de las respuestas a la crisis ha sido la internacionalización. Los grandes jugadores comprendieron muy pronto que cuando en casa lulueve es momento de viajar al extranjero para ver si hace mejor tiempo”.

Fallos de diseño y de gestión del área euro (Guillermo de la Dehesa) : “Resumiendo, tres fallos de gestión de la crisis de deuda del área euro han desencadenado los rescates de tres de sus miembros más endeudados que, más que mejorar, han empeorado su solvencia por el duro castigo recibido.

Hegemonía o liderazgo (Antón Costas) : ¿cómo usará Alemania su poder? : “Alemania emerge de esta crisis con un nuevo poder financiero que se viene a sumar a su ya reconocido papel como potencia central dentro de la UE y de la zona euro”

sábado, 7 de mayo de 2011

"Verano", de J. M. Coetzee


Joder con Coetzee. En la contraportada del libro, José Maria Guelbenzu no se sabe si recomienda, aconseja o implora que leas este libro. Yo, antes de leerlo, me lo compro porque sólo cuesta 8,95 (menos que un menú de diez euros con gazpacho y pollo al ajillo) y un Nobel es un Nobel.

Luego, me lo leo, y es entonces cuando me doy cuenta de que Guelbenzu pide que lo leas, no que lo compres, como si a Guelbenzu le diera igual cómo te hagas con el libro, lo que a los de Debolsillo puede que no les haga mucha gracia y le obliguen en el futuro a recomendar que, primero, lo compres. Algo debe tener el libro.

Y sí que lo tiene. Joder con Coetzee, que es el gancho que he puesto al principio para colgar ahí el resto del post. Si ves su cara en la contraportada junto al anuncio de que se trata de otra entrega de sus memorias, puedes temerte lo peor, ahora que todos estamos escribiendo las nuestras a golpe de blog. Pero ese temor se desvanece a las pocas páginas. Lees a este Coetzee y te dan ganas de dejar de escribir un blog y, sobre todo, de dejar de leer a los demás hasta haber terminado toda su obra.

Coetzee te dice : “Mira, así es como yo creo que deben hacerse las cosas”.

Y te lleva a esa época de su vida en la que vivió en Ciudad del Cabo, peleándose con todo, contra todos y contra sí mismo de una manera muy inglesa : sin que el te en la taza llegara a derramarse. Y después de dejarte ahí, en medio de afrikaneers desorientados, un padre lejano, una casa con humedades, una carrera mediocre como profesor y unas relaciones distantes con las mujeres (los adjetivos pueden cambiarse entre ellos), te recuerda que la verdad sobre alguien está en tres sitios : en lo que los demás piensan de ti, en lo que tú crees que eres y en lo que realmente eres.

Coetzee elige la primera opción, quitándose de en medio de la mejor manera : muriéndose antes de que este libro se escriba. Una especie de número literario a lo Houdini que funciona como la mejor literatura cuando cuenta cómo se vio afectada la vida de cinco personas por el hecho de que su padre y su madre una noche se quisieran mucho y él empujara su semillita dentro de ella.

"Claro que todos somos creadores de ficciones, no voy a negarlo. Pero ¿qué preferiría usted tener: una serie de informes independientes procedentes de una gama de perspectivas independientes, con las que luego podría tratar de sintetizar un todo, o la enorme y unitaria proyección que comprende su obra? Yo no sé qué preferiría" (Página 217).

Como arranque, no está nada mal. Con estas bases, muchos se habrían ahogado ya en esa taza de te, pero Coetzee sigue con una lección de cómo se escribe. Los cinco personajes que aparecen en el libro están vivos de una forma tan intensa que deja en evidencia a mucho de lo que se ha leído hasta ahora y a muchas personas con las que se trata día a día. En este libro los personajes hablan con la cabeza, con el cuerpo, con los sentimientos. No hay ese cruce de guiones que llena páginas para que llegues al final pronto y puedas presumir de haberte terminado otro libro.

“Siempre me habían interesado estos intercambios entre congéneres, cuando las palabras no tienen nada que ver con el tráfico de los pensamientos por la mente” (Página 36).

Aquí ese tráfico queda al descubierto porque el Coetzee del que hablan está muerto, lo que permite que los personajes hablen y sean sinceros. Y, con esa sinceridad, ofrecen la imagen de un Coetzee que da pena. El Coetzee escritor tira piedras sobre la tumba del Coetzee personaje, lo que ya es una lección : uno no escribe sus memorias o un blog para decir lo majo que era.

Un escribe sus memorias para contar la verdad.

La de alguien que no tenía una fuerte personalidad (pagina 231), que no era buen amante (56), que despreciaba la política (219), que era tibio (191), que no estaba a gusto con su cuerpo (178), que como profesor era competente (215), que no encajaba en su propia familia, que le veía como un delincuente (91), que carecía de un espíritu pragmático, guiado mas por sus ideales (66), que defendía el trabajo manual (112), y que se aferraba a la perspectiva de que la gente le leyera después de muerto porque le provocaba consuelo (65). Un tipo al que, como le ocurre a Adriana, la bailarina, no le dejarías que se acercara a tu hija.

A pesar de todo, la verdadera imagen de Coetzee, permanece oculta. Quedan algunas pistas, unos pocos escritos en primera persona, que apenas muestran lo que él de verdad pensaba. Pequeñas escenas redactadas por el Coetzee personaje que se cierran con la parte final del libro, esos fragmentos de las últimas diecisiete páginas sobre la relación con su padre que, por sí mismas, ya justificarían la lectura del libro y que demuestran por qué a este hombre le han dado un Nobel.

“Sobre las mesillas de noche de las demás camas de la sala hay floreros, revistas, en algunos caso fotografías enmarcadas. Sobre la mesilla, junto a la cama de su padre no hay más que un vaso de agua”.

Escribir es saber dónde colocar ese vaso de agua.

viernes, 6 de mayo de 2011

Hormigas


Daniel, que está merendando junto al coche, ve a Jorge y Carlos, sus mejores amigos de clase, y sale corriendo hacia ellos, con el bollo en la mano, como si no se hubieran despedido hace cinco minutos.

La madre de Jorge, que camina detrás de los dos, les advierte de que hay una mierda de perro en el suelo.

-No la piséis.

Y los tres juegan a tratar de pisarla, haciendo que la evitan, hasta que uno de ellos, no sabemos quién, la pisa.

-¡Frotad las suelas contra la arena! – les recomienda el padre de Jorge, que se acerca hacia nosotros sabiendo que ésta va a ser una despedida larga. Los viernes conviene tomarse las cosas con más tranquilidad.

Los tres salen corriendo, arrastrando los zapatos, muertos de risa, hasta que, un poco lejos, descubren algo que les llama mucho la atención. Uno se agacha, después otro y otro.

Tienen cara de estar viendo hormigas. Reconozco en la de Daniel la mezcla de curiosidad y reto. No sé por qué, pero parece que con seis años todavía uno es capaz de recordar alguna vieja afrenta, quizás de la época del Neandertal, que todavía exige ser vengada. Cogen unas ramas, las mueven por el suelo y se ponen de pie.

Comienzan a saltar encima del hormiguero al estilo de los masái, como si no hubiera nada más divertido, como si el buen curso del mundo dependiera de que no quedara ni una hormiga viva. Le grito a Daniel que no haga eso. El se detiene un momento y me mira sorprendido, como diciendo : Pero si son hormigas.

No le doy una explicación porque no se me ocurre ninguna. Pocos niños habrá en el colegio a los que les gusten tanto los animales como a Daniel. Si ve un documental en la televisión, se queda quieto, atento a la pantalla, disfrutando de algo que él sabe que es sorprendente y que, con cuarenta años, te tienes que recordar que lo sigue siendo. Su vocación no ha cambiado:

-De mayor quiero trabajar en un zoo.

Así que no sé qué decirle. A lo mejor hay que ver documentales de insectos. Hemos visto, en la serie de Mis Animales Favoritos, al canguro rojo, al ñu, a la nutria, a los macacos japoneses, al oso negro, al armiño, al damán, a la cebra, al frailecillo o a la foca gris. No creo que ahora estuviera saltando encima de alguno de ellos. El problema de la hormiga es que es pequeña, no se la escucha, no ataca, hay muchas, se asustan enseguida, son rápidas, pueden esconderse, reaccionan a lo que les haces, sabes que su punto débil es la entrada al hormiguero y nadie va a notar que has pisado unas cuantas.

Sus amigos dejan de saltar y los tres vuelven a mirar al suelo, como si contaran las bajas y calcularan cuántas hormigas más tienen que matar para que esta rencilla histórica se acabe.

Los padres de Jorge han presentado una solicitud para cambiarle de colegio. Hoy salían las listas con los admitidos. No les pregunto nada. Ya me enteraré, más pronto o más tarde. Se me hace raro pensar que estos tres enanos, siempre tan juntos desde primero de infantil que al pronunciar el nombre de uno salía el de los otros dos, como cerezas enlazadas, tengan que separarse.

Es viernes. Esta cubierto pero no creo que llueva. Los últimos niños salen del colegio acompañados de sus padres. Ya quedan pocos coches junto a la entrada. Ni los padres de Jorge ni yo insistimos en que regresen. Esperamos. Es Marcos, el hermano mayor de Jorge, el que se pone al mando

-¡Vamos, Jorge!

Es un grito definitivo. En las orillas de algún lago de África un grupo de pájaros somnolientos habrá echado a volar, asustados.

jueves, 5 de mayo de 2011

El verano está cerca

Las grandes compras, de carro y coche en el parking, son cosa mía; las pequeñas, de cesta y coche en la puerta, son de María. Las mías son siempre iguales, las de María cambian cada día. Yo soy el defensa; ella, el delantero

-¿Has visto lo que he comprado hoy? – me pregunta.

Y abro la nevera y veo que el verano está cerca. Está llena de cosas que no había ayer. Yogur cremoso con 51 calorías por yogur, marca Hacendado, 0% materia grasa 0% azucares añadidos. Queso fresco batido desnatado, marca Hacendado, 0% materia grasa. Bifidus activo con muesli y fibras, marca Hacendado, 0% materia grasa. Gambas congeladas. Yogures Hacendado sabores 0% materia grasa 0% azucares añadidos. Yogur para beber desnatado de sabor a piña, marca Hacendado, 0% materia grasa. Leche desnatada con calcio Pascual. Coca-cola light. Cacao puro en polvo desgrasado Valor. Filetes de pechuga de pollo.

Mis compras no varían. Cajas de leche. Huevos. Naranjas. Zumo. Yogures. Yo pienso en la despensa; ella, en las bandejas de la nevera. Yo podría atender a un batallón; ella, sacar el postre apropiado para una merienda con un par de amigos. Mis compras ocupan mucho espacio, las suyas bastante poco. Las mías no interesan a nadie, las suyas siempre tienen algo que enseñar a los enanos. Yo sé cuándo nos hace falta leche, ella conoce quién de los enanos va a necesitar antes unos zapatos. Mis compras no llevan etiqueta; las suyas, sí. Yo vuelvo con un ticket de cuarenta artículos; ella, con cuatro de diez. Mis compras no vienen envueltas; las suyas, sí. A mí no me atiende una dependienta; a ella, sí. Yo dejo mis compras en la cocina; ella, en la mesa del salón. Yo trato de acabar la compra cuanto antes, ella intenta apurar hasta el final. Yo no pienso que tenga que volver a la tienda a devolver algo; ella, sí. Yo no compro cosas de temporada, ella se pasa por las tiendas de moda. Yo compro lo que necesitamos; ella, lo que está bien de precio. Yo no soy sensible a las ofertas, ella las busca de tienda en tienda.

-Hay muchas cosas. ¿verdad? – me dice. Y se marcha a ve si los enanos se están aclarando ya el pelo.

Me quedo en la cocina, preparando la cena. En la televisión, Arguiñano enseña cómo hacer un sancocho. Yo voy cortando en trozos la merluza, pasándola por el huevo y cubiréndola de pan rallado antes de freírla en la sartén. Arguiñano tiene su plan culinario, María el suyo y yo, claro, el mío.

El mío de esta noche es muy sencillo. Basta con tener un plato de pan rallado. Cuando la cena está lista, echo mostaza y kétchup sobre el pan rallado, como si estuviera pintando. Después me como la mezcla con la cuchara.

Es una guarrería, pero es muy divertido. Para mí, el verano todavía no está cerca.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El trabajo de celador

Me gustaría ser celador de un colegio y tener mi casa dentro de él. Debe haber pocas cosas más agradables que pasearse por el patio de un colegio de noche. Caminar lentamente, sin pensar en nada en especial, y después sentarte en una valla y fijarte en los objetos. Las flores. La arena del patio. Los neumáticos que utilizan para jugar. Algún rastrillo rojo medio enterrado. La puerta por la que suben al segundo piso. Los corchos flotando en la piscina. La red de la portería. Las papeleras verdes que se llenan con los envoltorios de los bocadillos y los bollos. Las ventanas de los de infantil con algunos dibujos pegados. Y tus zapatos : después de un inventario como éste suele venir bien fijarte en tus zapatos un rato.

Ser celador de un colegio y tener mi casa dentro de él. Éste sí que es un buen trabajo. Y él debe saberlo porque siempre se le ve contento por el colegio. Me saluda o se despide de mí con buen humor, como si normalmente quedáramos para ver un partido juntos y tomar algo aunque decirnos hola y adiós es lo único que hacemos

Me cambiaría por él en ese momento en el que abre la puerta y los niños entran corriendo. Algunos padres se quedan en la puerta para volver corriendo a su coche. Otros, como yo, acompañan a sus hijos hasta esa puerta por la que suben al segundo piso. A largo del día, lo sé, va a haber pocos momentos tan intensos como éste. Se mezclan los saludos, las prisas, el ruido de las mochilas por el suelo, los besos, las conversaciones entre niños que parecen retomarse en el punto justo en el que se dejaron.

Lucía me da un beso y sale corriendo. Veo cómo se mueve su coleta de un lado a otro.

Daniel me agarra de la mano. La otra la tiene en el bolsillo donde lleva una figura de Pokemon que se ha traído para jugar. La figura llevaba descabezada bastante tiempo hasta que la pegué el lunes. Daniel me repitió varias veces hacia dónde tenía que mirar. Imitaba la postura de la figura y, atento a un punto, sin moverse, me mostraba cómo debía ir la cabeza.

-Así.

A pesar de sus indicaciones, la cabeza miraba ligeramente a su derecha. Tuve que convencerle de que era mejor así.

-Es como si hubiera escuchado un ruido y se preparara para atacar – le digo.

Su silencio, primero, fue de reproche. Después, de aceptación

Nos despedimos en la puerta. Sube despacio las escaleras, dándole vueltas a algo que le preocupa. Le va a llevar tiempo aprender de qué tiene uno que preocuparse. Básicamente, de nada.

Regreso a la puerta de entrada envidiando de nuevo al celador. Acercarse hacia los coches es como caminar hacia la zona de la playa en la que la marea ha acumulado la basura. No hay más remedio que meterse dentro y empezar a nadar entre noticias, mails, presupuestos, temas urgentes, vasos de café, papeles con el menú del día, comentarios sobre la falta de Ronaldo, cálculos, nóminas, extractos de bancos, peticiones de clientes y dos o tres malas noticias.

En ningún momento haremos nada que pueda compararse al gesto del celador abriendo la puerta. Se lo diría a los que ya llevan las llaves del coche en la mano, pero a estas alturas creo que es algo que ya sabemos.

martes, 3 de mayo de 2011

Mi vecino es del Barça

Mi vecino de abajo es del Barça. Es un hombre mayor, con el pelo blanco. Tiene un coche antiguo, siempre limpio, de esos que deben pasar la ITV cada dos meses. Sé pocas cosas más de él.

Por su acento, podría ser venezolano. A veces, cuando estoy en el cuarto de mis hijos contándoles un cuento, escucho discursos de Chávez que me llegan desde abajo. Son discursos muy largos, con un tono de amenaza que te anima a acordarte de todas las personas que te deben algo. A veces discute con su hijo, con su mujer, con todos a la vez. A veces no se escucha nada.

Estaba en el cuarto de mis hijos cuando Pedro ha marcado el gol de Barça.

-¡Y ahora qué, ahora qué! – grita su hijo por la ventana al resto de la gente. Ahora nada : nadie le responde. En el lenguaje críptico de los economistas, se podría decir que el madridista ya tenía descontado ese gol. O, para entendernos los demás, que contábamos con él.

Mi vecino, y su hijo, y su mujer son del Barça.

El gol de Pedro me rompe la concentración del cuento que estaba inventándome. Así que tengo que imaginarme a los del Madrid en el Nou Camp, en un partido que no he querido ver porque la remontada era imposible. Me da por pensar que estarán pasando frío, como si fuera una madre que hubiera mandado a sus hijos al colegio en manga corta un día nublado. Una madre debería saber que para el Madrid siempre estará nublado en Barcelona.

Al rato, por un grito lejano y el silencio que me llega del piso de abajo, sé que el Madrid ha empatado. Cómo me gusta ese silencio. Es un silencio blanco, mullido, en el que me gustaría envolverme, como si fuera un edredón. Tengo ganas de ir a la televisión a ver el gol, pero el cuento todavía no se ha acabado y hay que hacer las cosas bien.

Así que sigo con el cuento. Escucho gritos cuando uno del Barça se cae al suelo, no sé si porque se tira o porque le empujan. Cuando termino el cuento, salgo al salón a ver lo que queda de partido. Al final nadie vuelve a marcar y el partido termina con un empate que sólo existe en el marcador. Mañana, unos y otros, a base de titulares, tratarán de demostrar que su gol pesó más que el del otro al nacer. Me sorprende que ninguno de los de abajo, ni padre, ni madre ni el hijo celebren la calsificación tanto como el primer gol.

Una vez dejaron solo un gato durante todo el fin de semana. El gato no dejaba de maullar día y noche, por lo que fue bastante difícil dormir. Debe ser que los gatos que maúllan no necesitan dormir. Cuando bajé a quejarme, me dijeron que se lo estaban cuidando a un amigo. El gato, que andaba por ahí, era blanco. Mal sitio para ser blanco, pensé.

De todos estos cuatro partidos entre el Madrid y el Barça saco varias lecciones :

1-No escuches a Chávez si quieres tener un momento zen.
2-El Barça sólo le gana al Madrid jugando contra diez.
3-No invites a Wolfgang Stark a la fiesta de cumpleaños de tus hijos si eres madridista porque puede expulsarlos antes de que soplen las velas.
4-Mourinho necesita algún amigo más en la FIFA.
5-Como no están acostumbrados a las copas, a los del Madrid se les suelen caer de las manos.
6-Si Mourinho no quiso cortar el césped del Bernabéu fue porque no quería que Busquets se hiciera daño al caerse.
7-Pep es un animal de sangre caliente. Como tú y como yo.
8-Lo de la Décima se merece el título de la película de Wim Mertens : “Tan cerca, tan lejos”.
9-Es hora de aprenderse la alineación del Manchester.
10-¿Y ahora qué? Pues no tengo ni idea. Ni puta idea.