iTeatro : Sé que con esta
crítica no me voy a ganar ningún amigo y que, por el contrario, es posible que
más de un anónimo se pase por aquí a desahogarse como el que echa la basura en
el contenedor. Bueno. Sea.
Aunque, para curarme en salud, más
que una crítica al musical, lo que pretendo es hablar del tipo de musical que éste sobre Gerónimo Stilton representa. A saber : todo lo que la tecnología puede hacer
por una obra para que uno no tenga que pensar en una obra. O, dicho de una
forma más directa, ese tipo de representación en el que el escenario te importa
bien poco porque lo estás sustituyendo por una pared, la famosa cuarta pared, que
en este caso es una pantalla transparente, en la que se proyectan trolls , dragones
o arcos iris digitales. El iMusical para niños. El iPad de tus padres a lo
grande.
Mal, chicos, muy mal. Es cierto que
estamos en crisis, vale, y que esto ahorra mucho atrezo y elementos del
escenario, correcto, pero este no es el camino. No, chicos, y menos ante un
público infantil al que hay que presentarle una silla, una silla a secas, no
una isilla, y transformarla, cosas del teatro en otra cosa. Parte del encanto
del teatro es mostrar que los objetos tienen varias interpretaciones y que a
veces basta con un poco de imaginación para descubrirlas. Imaginación a secas,
chicos, no iMaginación, que perdemos el norte.
Al eliminar cualquier juego con
los objetos, todo se hace evidente al mostrarlo digitalmente. Hablan de lluvia
y ves illuvia, hablan de un castillo y ves un icastillo, hablan de un unicornio
y ahí tienes un iunicornio de verdad, todo digerido. Con lo fácil que es ahora
contratar a un unicornio y echarle con la reforma laboral, no entiendo por qué,
por qué, aparece tanto personaje digital.
Pero al musical le han dado premios
y a este blog de mierda sólo se acercan unos cuantos perros vagabundos más por
cariño o por pena o por ninguna de las dos cosas. Escuchad a los premios, que
ellos saben.
Por lo demás, imaginación hay
bastante poca. Sin el apoyo de las imágenes digitales, los personajes no saben
muy bien qué hacer y se pasan la obra saliendo por la izquierda y entrando por
una puerta al fondo a la derecha para ayudar a un hada en un recorrido que
parece un paseo por las áreas temáticas de Disneylandia. O algo así. El
protagonista es Gerónimo Stilton, pero podría serlo Mortadelo porque ni es un
mundo de ratones ni importa que sea periodista. Sugiero lo de Mortadelo porque
de él sí que he aprendido mucho. Y las risas que me he echado.
La obra ensalza la amistad y eso
siempre es de agradecer porque irse de vinos solo es bastante triste y es bueno
que los niños lo aprendan.
Y ya sé que no está saliendo un
post muy objetivo pero es que creo que a un niño se le lleva a un teatro, entre
otras cosas, para alejarls de las pantallas y de lo virtual. Lo virtual y el
iPad están muy bien para aprender chino jugando y para repasar las tablas de
multiplicar. Pero un teatro, un escenario, tiene una reglas distintas y
encontrarte con una pantalla gigante es como ver a un cirujano operando del
corazón con un cigarro en la boca. Un escenario es algo que debe respetarse,
algo a lo que debe irse con una propuesta honesta, por muy salvaje que sea,
como si fuera una ofrenda.
Sólo hay un momento en la obra en
la que la tecnología parece seguir a la acción y completarla y es justo al
principio, en el número inicial. Ahí se marca un camino que se abandona muy
pronto. Ya puestos ¿por qué no haber creado a los actores virtuales? ¿Y al
teatro? ¿Y a los espectadores?
Acaba la obra, que me hace recordar
con agradecimiento el trabajo del equipo del musical Shreck, y nos acercamos a
la cava baja a disfrutar del bullicio de la gente. Gente, gente y más gente. Y
en los locales, pizarras con los nombres en tiza de vinos desconocidos.
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