La cocina de los monjes : Salimos de la
estupidez de las series de Disney gracias al viaje de Jamie Oliver por Italia.
Los mellizos aceptan la propuesta de acompañarle en su viaje (el primer
capítulo de ayer fue un éxito) y esta noche, después de la cena, visitamos con
él el Monasterio de Farfa. “Estoy muy emocionado, porque este monasterio tiene
uno de los huertos de especias más antiguos de Italia. Tiene 1.500 años. Estoy
deseando ver lo que cocinan los monjes. Pero el trato es que tengo que seguir
su rutina”. Jamie no tarda en descubrir que la realidad es otra : del huerto de
especias no queda nada y en el monasterio sólo habitan seis monjes que se
alimentan de latas. “No está bien. No está bien. No está nada bien. A lo mejor
esperaba demasiado, ¿sabes?. Lees libros y hablas con la gente. Llevo diez años
oyendo “Oh, el monasterio, ahí sí que saben comer”. Creo que la sopa tenía
verduras congeladas. Luego los palitos de pesado. La ensalada estaba muy buena
porque era del huerto. Pero creí que habría aceite de oliva local, que estaría
muy rico. Qué va. Sí, estoy un poco decepcionado. La verdad”. Le basta con
abrir las neveras y con comer un par de veces con ellos en un ambiente de
silenciosa resignación. “Vine aquí pensando que las recetas antiguas me iban a
iluminar. Pero estoy sorprendido. Los monjes parecen haber perdido todo el
contacto con sus tradiciones culinarias. Tienen uno de los huertos de hierbas
medicinales más famosos, pero creo que son los italianos menos sanos que he
conocido. Aquí mi chico tiene unos cincuenta años, pero toma unas tropecientas
pastillas. Aquel de ahí toma tropecientas pastillas. Todos se atiborran a
pastillas. No están tan sanos, en serio, no lo parecen. Si te fijas en el resto
de Italia, lo que de verdad ha mantenido viva la cocina han sido las madres,
las abuelas, las esposas”. En uno de los ratos de silencio obligado, Jamie
admite que los papeles van a cambiar. “Tiene gracia. Vengo hasta aquí para
escapar de cosas, pero voy a acabar haciendo lo que hago siempre. Enseñar a la
gente a cocinar”. Así que Jamie improvisa un plan sencillo en tres pasos. El
primero es llevarse a los dos monjes más jóvenes a montar un puesto en la calle
: “La inspiración para cocinar se consigue con la diversión”. Ahí, a cambio de unas lentejas, obtiene
donativos con los que poder pasar al punto dos. “He hecho cosas divertidas en
mi vida, pero cocinar en una cuneta con dos monjes, tiene que ser una de las
mejores”. Con ese dinero pasa a la siguiente fase : comprar unas especias que
planta en el huerto. “Hasta ahora, mi sueño del monasterio y de la comida
tradicional no ha sido como esperaba. Con tanta comida enlatada y seis monjes
poco sanos. Pero ya que estoy aquí, me gustaría inspirarles para que coman
comida mejor, más sana. Y he empezado a replantar su huerto de especias para
darles una sorpresa” El tercero y último es sencillo. Con algunas de esas
especias, prepara una barbacoa para los seis monjes. “Mi religión es la cocina.
Para mí, en mi casa, mi mesa, mi mesa de comer es el altar. ¿Me entiendes? Es
donde nos reunimos, es donde discutimos, donde lloramos, donde reímos. Es donde
planificamos el futuro. Es una parte muy importante de mi casa. Ellos no tienen
una familia porque han consagrado su vida a Dios. Me gustaría reunirlos a los
seis alrededor de una mesa veinte minutos para cocinar y reír”. El menú de esa
barbacoa es simple. Buñuelos de ricota con parmesano, harina y huevo. Sopa
minestrone. Conejo con adobo de romero y tomillo. Jamie pone a cocinar al Padre
Massimo, que no ha cocinado en treinta y cinco años o al Padre Mario, que no lo
ha hecho en su vida. La comida es muy estilo Jamie, con salsas, jugosa,
abundante, a la que no debes enfrentarte si no tienes todo el pan que vas a
necesitar para no dejar nada. “¿Te has fijado en lo animados que están? Eran
todos serios y cerrados. Y de repente les das un poco de manduca decente, y
empiezan a hacer bromas. Sí, estoy satisfecho, muy, muy satisfecho.” El
capítulo termina con Jamie poniendo en su caravana “Close to me”, de los Cure. Perfecto.
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