domingo, 22 de febrero de 2015

La botella desplazada



La botella desplazada : Me quedo el día en casa repasando unas cuentas anuales. Una pérdida de tiempo porque me falta el mapeo del auditor y acabo sintiéndome como esas pequeñas bolas de metal que se desviaban en el laberinto justo antes de caer en el agujero. El tiempo se acelera al olfatear mi desesperación. Debería haber terminado el viernes y ahora estar en un restaurante con María y con los enanos, decidiendo qué comer y valorando el vino. Me levanto a por una copa. Tengo que abrir una botella y al descorcharla vuelvo a recordar algo evidente: el vino es algo que se comparte. Si quieres beber solo, te abres una cerveza. Me sirvo la copa, maldigo al auditor, fantaseo con un cerebro preciso, de esos que se aprenden el laberinto después de recorrerlo una sola vez. Un sorbo lento con el que le digo al tiempo “vamos a tranquilizarnos todos”.

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