sábado, 4 de mayo de 2013

La mirada invisible




La mirada invisible : Da igual la actividad. Lo importante es este momento en el que puedo observarlos con cierta distancia porque están centrados en algo de lo que no formo parte (solo como espectador). Es lo más parecido que voy a encontrarme a ese agujero por el que me gustaría verlos en el colegio (copiando un texto de la pizarra, llevando su bandeja en el comedor, charlando con los amigos en el recreo, arrastrando la mochila por el pasillo, secándose el pelo después de natación) y descubrirlos cuando son ellos, sin la inevitable modificación que mi presencia les causa. Cuando son ellos.

Por eso me gustan estas clases de los sábados. Que hagan pádel, tenis o gimnasia : da absolutamente igual. Las discusiones sobre si este deportes es el más adecuado o no me dejan frío, porque no es eso lo que busco. Quiero estar aquí sentado, viendo cómo el profesor aparece por el pasillo tirando de su carro repleto de pelotas y ellos le quitan las fundas a las palas; quiero ver sus reacciones cuando fallan, cuando dan un buen golpe, cuando bromean o se pican entre ellos, cuando algo les cuesta, cuando se caen, cuando se quejan porque tienen calor, cuando salen a beber agua antes de que les den permiso, cuando se distraen, cuando tratan de subirse la puntuación en un juego, cuando comparten un ataque de risa.

Pero todo esto lo razono después de la charla con María sobre la necesidad de ir reduciendo gastos : basta mirar alrededor para no preguntarse por el qué, sino por el cuándo. Entiendo sus argumentos económicos porque caminamos sobre ellos. Sabíamos bastante de economía y, ahora, mucho más. El problema es que no somos capaces de descubrir lo que fluye más abajo porque el discurso de los economistas ha asfaltado completamente la realidad, dejando que, por algunas grietas, surjan unas cuantas ideas como mala hierba.

-Lo veo como un lujo. Tampoco es un deporte al que ellos se vayan a dedicar.

Es caro pero no es un lujo : es lo que cuesta ser invisible. 

viernes, 3 de mayo de 2013

Tarde de estreno




Tarde de estreno : La edad te va alejando de lujos como éste : el batido de Oreo coronado con nata del Vips. Voy a repetirlo porque escribirlo es como marcar el teléfono de teletaxi para ir al aeropuerto a coger un vuelo a un país lejano y exótico : el batido de Oreo coronado con nata del Vips. Partiendo de una fotografía, sé calcular  cuánto tiempo necesitaría correr en la cinta para quemar, como en una pira india, las calorías. En este caso, tendrían que cerrar el gimnasio toda una semana para mí. Pero entre comerlo y pasar a las ensaladas, hay un término medio : sugerirle a Daniel que ésta es una gran merienda. Objetivamente hablando, no es buena, pero subjetivamente, lo es, y muy grande. Si te tiras por el tobogán de la frase “por la tarde meriendo en el Vips un”, solo puedes acabar cayendo en este batido. Así que paso las páginas del menú hasta detenerme en él. Lo pongo tan bien que por un momento temo que Daniel se lo pida para Reyes. La estrategia es llevarle hasta ese punto en el que lo pida porque quiera, no porque piense que deba hacerlo por mí. No es fácil. Tiene que ser su batido, no el mío. Me quedo en el silencio del vendedor de coches que como último argumento le ha enseñado sus tatuajes al cliente. Daniel duda. ¿Entonces?. Vale. ¡Vale!. Lo que traen es exactamente lo que aparece en la fotografía, lo que ya es suficiente como para convertir este sitio en lugar de peregrinación porque la realidad y el deseo se mezclan igual que las familias de los novios después de vaciar la barra. Este va a ser un gran momento para Daniel, pero tengo que mantenerme en silencio para que la magia, como un pájaro susceptible, no eche a volar. Lo veo comérselo con placer, con la inocencia del que piensa que toda la comida es sana y me doy cuenta de que estamos programados genéticamente para disfrutar con aquello que peor nos sienta : curiosa especie. Pero hoy no le voy a dar ningún sermón sobre la pirámide alimentaria para no tener que explicarle que, para que la cúspide brille con el pan integral o el brócoli, es necesario que en el camino hacia ella chapotees en nata. Todos sus gestos son los de una obra que me sé de memoria porque yo también la he representado. Desde el dedo en la nata hasta el vaso bien elevado para recibir la última gota en la lengua. Cuando lo termina, siento en el estómago esa alegría culpable del que se ha comido lo que no debía y le ha dado lo mismo. Igual pedimos unas ensaladas para despistar a la conciencia, si es que se presenta. 

jueves, 2 de mayo de 2013

Guía intransferible de Ávila



Guía intransferible de Ávila :

1-El plato que no está en el menú

Por diez minutos, no llegamos al desayuno del hotel. Es un hotel en el que puedes elegir entre nueve tipos de almohadas : Planet, Polipluma, Suprema, Bonrepo, Plumas, Latex, Duna, Nube y Mare. Con esa oferta y dos niños de ocho años, es normal que te retrases un poco. Ponemos cara de pena, pero el camarero niega con la cabeza muy despacio. Nada que hacer. Terminamos en la zona de la barra, donde nos juntamos los rechazados. Ahí nos espera El Mundo, con un artículo de Jabois (que honro dejando caer unas gotas de aceite de mi barra de pan), y una camarera que se convierte en una madre que responde que sí, que ella le trae un cuenco de cereales a Daniel a pesar de que no esté incluido en el desayuno. Con esos ojos verdes, Daniel va a conseguir de las mujeres esos platos especiales que no aparecen en el menú. Lo pienso, pero no lo digo. Lo envidio, pero tampoco lo digo.

2-El milagro de San Segundo

Hoy se celebra el día de San Segundo, el patrón de la ciudad y el de mucha gente, aunque no lo sepa. Un experto en coaching les habría dicho algo a sus padres por el tema del nombre. Alguien cansado de tanto coaching pensaría que tal vez lo del nombre hasta le haya venido bien : tiene una ciudad que le dedica un día al año a honrarlo.

A mí me cae bien desde ya mismo. Gracias a él podemos aparcar en zona verde y azul sin pagar, lo que aprovechamos. Como milagro, no sé si superará al de San Isidro.

3-La precisión del tren turístico.

Quizás el mejor en el que hemos subido : las explicaciones coinciden exactamente con lo que estamos viendo, algo que no suele suceder y que provoca cierto desconcierto en otras visitas. Al terminar, el conductor se ofrece a hacernos una foto. No sale muy centrada, pero no le puedo reprochar nada a alguien  que ha llevado el tren por calles por las que no podrías pasar con las manos en los bolsillos.

4-Menú degustación

Todos los restaurantes ofrecen diferentes tipos de menú degustación, que es una manera educada de advertirte que, por ese precio, te van a servir patatas, judías, y sopa en recipientes pequeños, la carne fina, el vino en frasca y el helado de los niños va a ser un cono servido en un plato sin ninguna indicación sobre su marca. Si por ese precio esperabas algo más, deberías haberte quedado en casa.

5-El primer cómic

En el Mausoleo de la Basílica de San Vicente me encuentro con la historia del martirio de los tres hermanos. “La organización narrativa dispuesta de tal manera que es considerado el primer antecedente de las viñetas de los cómics del siglo XX”. Los detalles de la tortura y de cómo les acaban aplastando las cabezas a Vicente,Sabina y Cristeta, sus dos hermanas, bajo una gran piedra, son explícitos. Como mi fe es igual a esa bola de comida que, ya sin sabor, conservas en la mejilla, sin saber si escupirla o tragarla, vuelvo atrás en la historia en vez de buscar el final : ese instante en el que las dos hermanas van a buscar a Vicente, en manos de los romanos, para huir. Pienso en su miedo, en los caminos que eligieron, en la decisión de permanecer juntos sabiendo cuál era el final si les cogían. A los mellizos les he explicado algo del estilo de la basílica, pero los alejo del mausoleo.

6-Los abulenses

Un amigo me aconseja que me ande con ojo “Cuidado con los abulenses, que lo mismo que los manchegos son marcianos disfrazados. Allí os pasan el escáner…esas miradas de arriba hacia abajo, con vuelta de boomerang, que intimidan y desnudan”.

7-La supervivencia de los hidalgos

Ayer recorrimos una parte, la más pequeña de la muralla, y hoy, entrando por la Puerta de Carniceros, vemos la segunda. Es un buen paseo cuando tienes ocho años y cada vez que te paras repites, como para darte cuenta de la suerte que tienes, que es la segunda más grande del mundo : con esa frase desaparece el cansancio, subes a todas las almenas y todavía te quedan fuerzas para leer toda la información que te encuentras. Los adultos se limitan a hacer fotografías y se pierden datos importantes. A saber : que los judíos aportaron el hierro y los aparejos; que los campesinos limpiaban los fosos y conseguían la piedra, la cal y la arena; que los mudéjares se ocupaban de la albañilería; que el pueblo llano realizaba la vigilancia de las almenas; que, en fin, los hidalgos, como no estaba bien visto que trabajaran con las manos, hacían la ronda por el adarve.

8-Tierra

A las 17:10 salimos por la Puerta del Puente y comenzamos a subir hacia el centro un poco desorientados. Podríamos estar en cualquier ciudad. Los mellizos están cansados y la frecuencia con la que preguntan cuánto queda aumenta de una forma preocupante. Yo también me lo pregunto, pero por un tema de edad y de dignidad no puedo decirlo en voz alta. Contenedores. Edificios levantados en algún plan de vivienda. Una mujer con velo que se mete en un coche. El iPhone dice que estamos muy cerca, casi, pero la esperanza regresa cuando veo a un turista con una cámara en su tripa. ¡Tierra!. La muralla se edificó para separar el orden y el caos, la civilización y lo salvaje : ahora parece proteger al turismo de la crisis, que ronda sin detenerse.

9-El inglés que se quería cortar un brazo.

Un extranjero le señala contento al camarero las mangas cortas de su camiseta. Hace un gesto con la mano derecha como si se fuera a cortar el brazo izquierdo de lo alegre que está. Se le ve feliz con este sol. Después levanta el índice y lo mueve como si estuviera apretando un botón y se sienta a tomarse la jarra de cerveza que le acaban de servir. Todas las bebidas tienen una sombra brillante, hasta mi licor. El hombre de la cerveza parece alemán, lo que hace que me caiga mal (todavía tengo el último remate de Sergio Ramos en la cabeza), pero tan pronto le oigo hablar inglés, hago las paces con él y con todo el mundo en general (cosas del sol). Con casi todo el mundo.

10-Las monedas pesan el doble.

En la plaza de la Iglesia de San Pedro entramos en una tienda de chucherías a comprar la merienda. Todo vale : aquí los billetes son más gruesos, las monedas pesan el doble. Nos sentamos con nuestro botín en uno de los grandes bancos que hay en la plaza. Un grupo de quinceañeros tontea al lado. Un anciano le dice a otro “yo tengo que tener el corral como la patena”. Colocamos todas las bolsas de chucherías como si improvisáramos un puesto. Es lo último que vamos a hacer antes de volver a Madrid, así que nos lo tomamos con tranquilidad. Daniel propone una carrera, Lucía hace trampas. Yo me como un donut y un par de filipinos. Al fondo veo la fachada de San Pedro. Debería darme un paseo por dentro, pero el edificio lleva ahí desde 1100 y esta tarde no vuelve. Soy una mierda de turista.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Tu hijo de 40 a 43 años



Tu hijo de 40 a 43 años : “Tu hijo ya tiene 43 años. ¡Felicidades!. Empieza ahora una etapa muy bonita en la que va a relacionarse con el mundo y con su cuerpo de una nueva y fascinante manera. Es una época de cambios en la que buscará a menudo tu compañía para seguir afianzando su personalidad. Recuerda que intentará hacerlo todo él solo, pero que se sentirá más seguro si te siente a su lado. Ayúdale a desarrollar su faceta sensorial y psicomotora y a que sienta placer descubriendo el mundo. No lo riñas ni lo juzgues. Proponemos, por ejemplo, que veas con él sus fotos y que las comentes. Es probable, pues lo hemos visto repetidamente, que pase una fase en la que haga fotografías en blanco y negro a puertas rotas y edificios en ruinas. Es normal. No te preocupes : tu hijo de 43 años está tratando de decirte que no encuentra su sitio en el mundo y que lo ve como un lugar amenazador. Es su manera de comunicarse contigo aunque él crea estar haciendo arte. No le dejes leer noticias económicas ni permitas que vea series como Dexter o Breaking Bad solo. Alaba lo que hace pero insinúale que el color es más alegre y que con el blanco y negro cualquiera hace una buena fotografía. Usa palabras sencillas para comunicarte con él y evitarás que esa desorientación se convierta en cólera contra sus juguetes, sus muebles o sus representantes políticos. También puedes leerle cuentos antes de dormirse en los que el Universo trabaje para darle todo lo que pida. El cariño que le ofrezcas le ayudará a dominarse y  a vencer estos y otros temores”

martes, 30 de abril de 2013

Blanco con marco negro




Blanco con marco negro : Si Sergio Ramos, en esos diez minutos de los que hablaremos los madridistas dentro de un tiempo, hubiera metido el tercer gol de cabeza, habríamos regresado de golpe al pasado. Eso era, en el fondo, lo que todos queríamos. Como el que se deshace de toda la tecnología para volver a la máquina de escribir en la que encuentra la verdadera inspiración. Sudor donde debería haber estadísticas. Codazos donde deberíamos ver desmarques. El futbol en los cojones, espeso y anárquico, una vez que el tiempo que transcurre lo va desterrando del cerebro y sus estrategias. Y vuelta al blanco y negro, a los bocadillos en el descanso, a las zonas de pie y al portero al que puedes pasarle un billete de cien pesetas para que tu nieto pueda ver el partido y recordar ese gesto ahora.

Habrá quien diga que lo aconsejable hubiera sido no dejarlo todo para el final y yo tengo que admitir que me habría gustado venir de Alemania con los deberes hechos, pero entonces el partido en el Bernabéu habría ofrecido otro tipo de fútbol. No es tan difícil de entender que no es el mismo fútbol el que se despliega cuando el tiempo te va arrinconando que cuando se dilata ante ti como un campo de primavera con los alemanes como inocentes abejorros que puedes quitarte de encima mientras lees tranquilamente a Virginia Woolf. Del fútbol estilo James Bond al de Bruce Willis. Del arma en el reloj al lanzador de misiles para derribar helicópteros. De Michael Bublé a Brian Johnson.

Como hincha, conviene adaptarse pronto a lo que hay enfrente y no perderse en el camino de las conjeturas. Si Xabi Alonso no hubiera cometido ese penalti en Alemania. Si Higuaín hubiera aprovechado esa primera oportunidad. Si Cristiano hubiera llegado en plena forma. Si Marcelo no estuviera lesionado. Esas habrían sido las cartas de otra partida y lo que hay hoy es distinto : un encuentro en el que vas calculando los minutos que tienes para meter tres goles mientas notas cómo, a pesar de tu empeño, el tiempo es un jugador de rugby que te va arrastrando metro tras metro.

Y cada vez queda menos tiempo, pero es eso precisamente lo que hace que el fútbol se comprima y que destile esa esencia picante y densa que se instala en el pecho junto a un corazón que sientes latir, probando su potencia como un coche en una larga recta. Esto es estar vivo y hay que disfrutarlo : cada segundo cuenta, cada pase tiene sentido. Se está dentro del partido como pocas veces sucede, ofreciéndote la oportunidad de formar parte de él. No hay que engañarse : esto no pasaría si tuviéramos la clasificación garantizada. Es así como llega el gol de Benzema y, poco después, el de Sergio Ramos. Y ya no es un simple recurso del periodismo deportivo decir que, en parte, esos goles también los has marcado tú.

Falta sólo el de Sergio Ramos cuando ya notas la pared contra la espalda. Sabes que tiene que llegar de él porque es el que se ha echado el pasado sobre los hombros. Tantos entrenadores, tantas teorías sobre lo que es la esencia y al final no hay que darle más vueltas : esto es el Madrid, estos dos, tres minutos, en los que crees que puedes lograr lo que no has hecho antes. No hay lamentos cuando el partido te ha llevado hasta este punto en el que has apostado todo el dinero que tienes a una última jugada, con el balón moviéndose como la bola en la ruleta.

Sergio Ramos salta para cabecear. Si el balón entra, se soltarán muchos mensajes que están esperando para salir de móviles afilados, muchas crónicas tendrán que reescribirse, muchos comentaristas releerán lo dicho para encontrar una puerta de salida. Eso me da igual. Si el balón entra se demostrará que se está por encima (o más bien, por debajo) de lo que suceda en despachos o redacciones. Que al final va a ser verdad lo de la camiseta.

Pero ese cabezazo sale desviado por muy poco. No es gol y los que los que pasan son los alemanes. A pesar de todo, estos diez minutos han valido la pena. Soy más madridista cuando vuelvo a casa (y al presente) en el metro que cuando venía. Y muchas de las camisetas que veo en el vagón seguro que están sudadas. Hay derrotas que arrastran jirones de victoria.

lunes, 29 de abril de 2013

El antídoto



El antídoto : Después de darle el beso de buenas noches y justo cuando estoy saliendo de su habitación, la luz apagada, el libro de Rodari en su sitio, Daniel me dice que ha hecho un dibujo en el colegio y me pregunta si quiero verlo. Ya sabe que las palabras pueden tener más o menos valor y que para saber si realmente valoro sus dibujos, como suelo decirle, tengo que demostrarlo ahora con un gesto : ya es tarde y el cansancio se ha extendido por mi cuerpo, justo cuando he terminado el largo cuento de Rodari de hoy, como un veneno denso. 

Dudo un par de segundos y enciendo la luz. Daniel salta de la cama y de su mochila saca un papel doblado que despliega. Un niño que tiene problemas con las matemáticas, me dice. Me fijo en su rostro, en la posición del cuerpo y en ese árbol con manzanas del fondo. Parece una interpretación de "El Pensador". Le pregunto si lo han dado en una ficha. Sí, me dice. Hablamos un rato del dibujo : llovía en uno de los recreos y un amigo y él se pusieron a dibujar. Mientras me lo cuenta, me voy fijando en los detalles : la mano cerrada, la oreja, el pelo desordenado, los cordones de los zapatos, el gesto, entre triste y preocupado del niño. Pasamos un rato charlando. Al darme cuenta de la hora que es, termino bruscamente con la charla, le pido que se tumbe y apago la luz. Objetivamente hablando, algo debe haber en sus dibujos porque la segunda vez que cruzo la puerta de su habitación ya no estoy tan cansado

domingo, 28 de abril de 2013

El solitario placer de la venganza




El solitario placer de la venganza : El banco de hierro forjado que veo camino de la iglesia del pueblo parece fuera de lugar. Su sitio apropiado sería un parque, pintado de verde, rodeado de naturaleza fácil de mantener y ocupado por ancianos cruzándose información sobre ofertas para alargar la pensión y quinceañeros en silencio lanzándose mensajes en mayúsculas a través de los móviles. Unos pájaros de fondo, un padre en chándal empujando un carrito, un perro de correa tensa controlado por un tipo con tatuajes en el cuello, duro como el mármol. Ahí encajaría bien el banco.

Aquí, bajo un puente, rodeado de hormigón y mirando una estrecha carretera, parece condenado al destierro. Es un banco en el que no me imagino a nadie sentado. Lo miro un buen rato sin conseguir que lo que se me pasa por la cabeza (y son muchas cosas) encaje bien ahí. Un joven delgado tocando una guitarra. Una mujer con bolsas alrededor concediéndole a sus varices la tregua que le piden. Un chaval haciendo a última hora los deberes que había olvidado. Dos municipales charlando de un tema del que han prometido olvidarse cuando se levanten. La promesa de un rápido viaje húmedo. Todo se acaba desvaneciendo sin que le encuentre una justificación a ese banco.

Dejaría de pensar en él si no fuera porque noto cierta intención. El hilo de una historia del que no me veo capaz de tirar. Lo aparto y lo retomo sin mucho éxito durante la ceremonia de la comunión a la que nos han invitado. Como el día es frío, cuando nos reunimos al terminar las indicaciones de cómo llegar a la casa donde se va a celebrar la fiesta se dan de forma precisa. A nosotros : tenemos que coger en sentido contrario la carretera por la que hemos venido, que va desde la iglesia hasta el cementerio, y una vez que lo pasemos seguir recto hasta que nos crucemos con la zona que ya conocemos.

Vuelvo a pasar por delante del banco, ocupado ahora por alguien al que me imagino disfrutando del último viaje de un íntimo enemigo. El fin de uno de esos odios de pueblo que crecen como dos troncos entrelazados.