sábado, 1 de febrero de 2014

El sueño del conquistador




El sueño del conquistador : Dos plantas más arriba, todo está dispuesto para que, a las nueve, el primer cliente que entre en el supermercado tenga la impresión de que el mundo es un lugar que está deseando ofrecerse en abundancia. Todo ordenado, obediente, limpio. Algo así debe ser el cielo, con la diferencia de que allí no tendrás que pasar por caja después de llenar el carro (el infierno será un local de estanterías vacías y cajeras que no dejan de teclear imaginarios precios durante toda la eternidad, traduciendo a euros el tiempo de tu condena)

Quiero ser ese primer cliente, pero hoy me quedo mirando la tapa de un desagüe en el suelo del aparcamiento. Su dibujo no coincide con las líneas blancas que deberían cruzarla. Aunque la girara, no encajaría: deben haberla cambiado por otra. En eso me quedo pensando.

Tal vez si no me hubiera detenido en esto habría podido ser el primero en entrar. Un par de veces he estado a punto, pero los que llevan cesta suelen ser más rápidos. Ser el segundo o el tercero ya da lo mismo. El importante es el primero, el que dejando las primeras huellas sobre la nieve reclama para sí el territorio.

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