lunes, 3 de febrero de 2014

La fiesta clandestina




La fiesta clandestina : La lluvia llena el cuarto de baño de perchas con la ropa de los cuatro recién lavada. Es una mezcla que tiene algo de fiesta clandestina en la que no se va a juzgar a nadie por lo bien planchado que llegue. Cierro y abro la puerta para medir esa impresión: es la misma. Me gusta que, ya que nosotros pasamos tan poco tiempo juntos, por lo menos esas prendas tengan unas horas más para relacionarse, para hablar de nuestras manías, de los desgarrones en el patio, del cuidado con el que las doblan.

Venía a llevarme algunas de ellas al armario, pero prefiero dejarlas ahí, elevadas, como si sugirieran que, disuelto el cuerpo, fuéramos a resucitar en nuestra ropa.

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