viernes, 14 de marzo de 2014

La frontera del estilo




La frontera del estilo : Daniel, a mi lado en la terraza, sigue leyendo un libro de la serie de Greg. Yo me habría levantado ya de mi silla, abandonando la lectura de “Todo lo que era sólido”, si no fuera porque sé que con mi gesto sostengo la concentración de Daniel. El libro de Muñoz Molina deja en la realidad que cuenta las marcas de unos dientes de leche. Incisivos, caninos, molares y premolares era lo que yo pretendía encontrar, pero su prosa, que admiro en sus artículos, no se acerca lo suficiente a lo que está contando. El estilo parece limitar aquello que puede contar. Del libro de Molina salto a otro de Pennac : “Mal de escuela”

“En mi familia, yo había visto, sobre todo, leer a los demás: mi padre fumando su pipa en el sillón, bajo el cono de luz de una lámpara, pasando distraídamente el anular por la impecable raya de sus cabellos y con un libro abierto sobre las piernas cruzadas; Bernard, en nuestra habitación, recostado, con las rodillas dobladas y la mano derecha sosteniendo la cabeza... Había bienestar en aquellas actitudes. En el fondo, fue la fisiología del lector lo que me impulsó a leer. Tal vez al comienzo solo leí para reproducir aquellas posturas y explorar otras.”

Me quedo sentado hasta que Daniel se cansa de leer y me pregunta si puede hacer una figura de plastilina. 

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