sábado, 24 de diciembre de 2011

Mucho que celebrar


Entre las muchas cosas que hay hoy para celebrar, no debería pasarse una muy importante para mí : es el día en el que arranca “La felicidad de los ogros”, el momento en el que se abre la puerta para que se asome la familia Maulassène de la mano  de Daniel Pennac, que se estrena con una de esas frases que llevan dentro un anzuelo

“La voz femenina cae del altavoz, ligera y prometedora como el velo de una novia”

Y ya está. Crees que vas a quedarte un momento en esa historia y te ves saltando de un libro a otro de la saga, con mayor o menos fortuna, hay que decirlo, para saber más cosas del Señor Maulassène y su familia.

“Una voz de bruma, como si las fotografías de Hamilton se pusieran a hablar. Sin embargo, percibo una ligera sonrisa tras al niebla de miss Hamilton. La sonrisa no es precisamente tierna. Estamos a veinticuatro de diciembre, son las cuatro y cuarto, y el Almacén está de bote en bote. Una prieta muchedumbre de clientes abrumados por los regalos obstruye los pasillos. Un glaciar que va fluyendo imperceptiblemente, con sombrío nerviosismo. Sonrisas crispadas, sudor reluciente, sordas injurias, miradas coléricas, aullidos aterrorizados de niños aspirados por papás Noel hidrófilos”

Si no habéis leído ningún libro de la saga, tengo que admitir que me dais mucha envidia. Como yo lo he pasado tan bien con estos libros, mi consejo es que, si no sabéis qué regalarle a los demás, les compréis cualquier cosa, yo qué sé, algo de Marías, pero que estos libros de Pennac os los dediquéis a vosotros mismos, que para eso estáis leyendo este post mientras los demás tiran su vida con vete a saber qué historias.

Han salido en edición de bolsillo, por lo que el capricho no es caro.

Para aquellos a los que les guste la química, les diré que tengo la sospecha de que si mezclas unas dosis de este Pennac con otras del Maigret de Simenon, te sale Fred Vargas.

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