jueves, 19 de julio de 2012

El genio de la botella



El genio de la botella : Ponerle un corcho a una botella es como embridar un caballo salvaje. Da igual el nombre, la bodega o el precio. Una vez que se lo colocas, todas las botellas quedan igualadas. Todas.

En este caso no obtengo ningún placer porque se trata de un vino que no disfruta hablándote de su árbol genealógico o presumiendo de la sumiller que lo recomendó en una tienda especializada. Lo cogí de la sección de vinos de Carrefour.

Es un buen vino al que cualquier momento le viene bien. Una cena con hamburguesas. Perfecto. Un pollo empanado para comer en la mesa de la cocina. Perfecto. Lo sirves en la copa y ves que está listo, como un genio saliendo de su lámpara dispuesto a cumplir tu deseo (todos los buenos vinos tienen algo de este genio).

-Pollo empanado.
-Muy bien.

No pongo la televisión. Prefiero la radio, de fondo.

La nevera de vinos está llena de botellas de menos de siete euros. Siete es el máximo. Antes había huecos en la nevera y vinos de nombre y nombre (renombre) con precios que te impulsaban a cogerlos con cuidado, como bebés de una princesa. Eso se acabó. Ahora hay vinos que puedo abrir para dos copas. Ese es el lujo, la resistencia. Repaso sus nombres cuando trato de decidirme hoy y todos me suenan bien, como títulos de canciones de Tori Amos.

El elegido es un Ribera, claro, un Acappela Crianza 07 con el que cada objeto de la mesa recuerda lo que tiene de importante : ese era mi deseo. Y no es poco.

Me termino el plato de pollo sin prisas. Apuro el vaso de vino. Cuando le pongo el corcho pienso que tengo que encontrar otra manera. 

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