lunes, 23 de julio de 2012

Risas enlatadas



Risas enlatadas : Ya me queda poco para desarrollar un mínimo de carácter que me permita no reírme cuando suenan las risas enlatadas. Muy poco.

Muy poco, me digo, pero no dejo de recaer. De vuelta del trabajo veo un grupo de señales de prohibido estacionar y me uno a ellas. Hago unas cuantas fotos, para disimular, pero lo cierto es que me pego a ellas, a esperar.

Estaría bien que fueran la primera manifestación en el barrio. Sería algo distinto. Tenemos calles muy anchas con una ordenación simple (a base de cuadrados), por lo que podrían escribirse pancartas muy largas. En Lavapiés sólo te cabe “joputa”, pero aquí podría empezarse con “A ver si su madre cobró aquella noche nueve meses antes de nacer usted”.

Lo del usted es obligatorio porque aquí hay cierto nivel. Se ve en la madre que empuja su carrito, en el que se toma la caña en la terraza, en el que empuja a su hijo para que aprenda a montar en bicicleta, en el que llega sudado a casa por la noche después de correr, en la que espera en Mercadona a que le toque el turno en la pescadería. Todo está más o menos donde debe estar y la manera de reconocerlo, elogiarlo y protegerlo es exigir el uso del usted.

Pasa el tiempo y ninguna señal da el primer paso. Estoy por sacar algún tema para romper el hielo. ¿Les parece un buen arranque ese de “Yo tenía una granja en África”?. Me separo un poco para ver el escaparate de una tienda de chinos y volver a confirmar que para ellos el concepto de escaparate no existe. Quizás no tengan una palabra similar en su vocabulario. No sé. En la puerta leo que el domingo trabajan una hora menos. ¿Se irán a trabajar en esa hora a otra tienda china? Tampoco lo sé.

Yo quiero manifestarme pero tengo hambre. Las señales no son sensibles a mi hambre porque ellas no tienen aparato digestivo. Están hechas para resistir. Busco una de ellas que ejerza de portavoz y pueda aclararme algo sobre sus intenciones. Me van pasado de una  a otra hasta que doy con la que busco. Tiene pegado un trozo de papel al que le han arrancado la mitad. Leo la palabra “Mudanza” y “Prohibido”. Nada de manifestación.

Me alejo a lo Carpentier, como si fuera un escritor serio. El espacio que ha dejado libre mis ganas de manifestarme lo ocupa ahora el hambre. Cuando tenga carácter, estas cosas no pasarán y podré tener a la vez muchas ganas de manifestarme y de comer. Hay que perfeccionar la técnica porque cuando lleguen las manifestaciones de verdad nos va a salir una mierda.

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