sábado, 9 de noviembre de 2013

La sombra de una idea




La sombra de una idea : Hago el camino de subida hacia el nacimiento del río cuervo con la cámara buena, la réflex. Debo parecer profesional porque la gente al pasar a mi lado baja la voz, como si estuviera haciendo un número de circo especialmente peligroso, y mira hacia donde enfoco. Luego siguen consultando sus móviles y charlando y yo decido que la fotografía no merece la pena.

Al volver, la naturaleza está especialmente fotogénica y aprovecho para hacer fotos sabiendo que esto es como cocinar magdalenas : ahora salen esponjosas pero en un par de días estarán duras. Pero a veces el valor de la fotografía no está en el resultado, sino en ese acecho, pendiente de todo, hasta que das con la combinación que te gusta. Logro hacer unas cuantas fotos hasta que descubro que Daniel y el hijo de una familia de amigos tiran piedras a todo lo que parece interesarme. Los niños no soportan que las cosas estén quietas, que no hagan ruido, como si supieran que les espera una vida de Excel y teclado y quisieran empezar a destruirla cuanto antes. No me dan tregua y un par de segundos después de seleccionar cada foto, una piedra ha roto el reflejo del agua.

Rendido ante la evidencia, ya en casa me refugio en las sombras de los objetos (no hay piedra que las rompa)  y en la comodidad del iPhone. Los niños tampoco parecen tomarse en serio lo de la fotografía con el móvil y se marchan a enterrarse en las hojas caídas de los árboles. La Naturaleza está muy bien, pero no puede competir con la representación exacta de la idea de la silla que el diseñador tenía en la cabeza que es esa sombra. 

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