viernes, 24 de enero de 2014

Un balón frío




Un balón frío : El día se ha quedado en esta tarde fría. Los tres amigos bajan con el balón a jugar un rato porque era uno de los puntos que tenían en esa lista que me recitan en el coche. Tantas cosas en tan poco tiempo: pero esa bolsa de deseos a punto de explotar es lo que define su amistad. Cuando cogen el balón no parecen muy convencidos, pero la lista es la lista.

En el cielo, el atardecer ofrece una mezcla de colores que pronto inundará twitter. Yo también hago unas cuantas porque, a falta de otra forma de reconocimiento, nos hemos quedado con la básica de la fotografía. El sol se va poniendo poco a poco, como si se adaptara al ritmo de los tres amigos, haciendo todo lo posible por llegar al último punto de la lista.

Ya hemos ido al cine, ya han tirado las palomitas, ya se han enseñado todo lo que se han traído en sus mochilas para pasar la noche, ya se han enseñado cómo hacer aparecer un helicóptero en GTA y cómo asesinar sigilosamente con un cuchillo, ya se han repartido las camas. Ahora son los únicos niños jugando porque la tarde parece haberse llevado el color y el calor para combinarlos en ese ejercicio creativo con las nubes con el que quiere cerrar el día.

Me meto en casa. A los pocos minutos llaman a la puerta. Suben contentos, como si haber hecho algo que, llegado el momento, no les apetecía, hubiera sido una buena prueba para el grupo. Dejan el balón en el salón y deciden que ahora pasan del GTA a jugar con los Lego. Ya llegan las risas por el pasillo, unas sobre otras, como esas tortugas recién nacidas que, corriendo por la arena, buscan el mar. 

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