jueves, 22 de mayo de 2014

El código de las pastillas



El código de las pastillas : Mi madre agarra el soporte metálico del que cuelgan las bolsas de plástico con líquidos de varios colores y salimos a caminar por el pasillo. Me cuesta seguir su paso. “También las enfermeras me dice que camine más despacio”. De algunas habitaciones me cuenta lo que sabe: hay una chica alta muy delgada que sale a caminar apoyada en sus padres, ese cartel junto a la puerta avisa de que todo el que entre debe protegerse, tenemos que caminar más deprisa para evitar el olor fuerte que sale de otra. Cuando empezamos el segundo recorrido me habla de las enfermeras, de los colores que las distinguen, de lo bien que la están tratando. Sigue caminando deprisa. Mira al reloj al completar el paseo. “Uno más y te vas”. Y es en éste último cuando ya me detalla cómo se siente. Me explica para qué sirven todas esas bolsas que están conectadas por cables a su brazo izquierdo. “La nueva es ésta, la del hierro”. Añade la lista de pastillas que se tiene que tomar a lo largo del día pronunciando una serie de nombres que se me van olvidando conforme los escucho. Debería tratar de aprendérmelos porque son las claves para acceder a su verdadero estado de salud, como la secuencia para desconectar la alarma de su casa o la serie de números con la que consultar su extracto bancario. “Venga, que tendrás cosas que hacer”

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