martes, 6 de mayo de 2014

La caducidad de las reglas




La caducidad de las reglas : La masa de las pizzas lleva varios meses caducada, pero no me inmuto cuando lo compruebo porque la única intoxicación de mi vida la cogí con un pescado fresco que compramos unas navidades en Garrucha. Desde entonces han pasado dos cosas : que cada vez que vea un rollo de papel higiénico piense en Garrucha y que cuanto menos fresco sea un alimento, más me fíe de él.

Los mellizos, sin embargo, sí le prestaban atención a las fechas y nos miraban con reprobación cuando descubrían que algo estaba fuera de plazo. Era el momento de apelar a nuestra posición de adultos y explicarles que el fabricante no conocía su producto tan bien como nosotros y que esa fecha estaba equivocada. Y para demostrarlo probábamos lo que servíamos en el plato con esa tranquila confianza con la que Fraga se dio aquel baño en Palomares.

Esa posición de superioridad sobre los alimentos, sobre la industria, sobre la propia naturaleza se ha venido abajo ahora que las fechas son meras indicaciones. Ese cambio, además, ha desorientado a los mellizos, tan fieles a las fechas, que ahora toman esta relajación como la señal de que, no solo en el tema de la comida, lo que hoy es válido, mañana puede dejar de serlo por el simple motivo del porque sí.

Las pizzas salen muy ricas. Para acompañarlo, abrimos un Petit Berdot, agradeciendo que el vino sea de los pocos alimentos sin fecha de caducidad. De los pocos que tienen el tiempo a su favor.

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