sábado, 23 de junio de 2012

Exceso de reducción




Exceso de reducción : Hace sol y debería ponerme una gorra, pero quiero ser ese guiso que se va reduciendo por el calor hasta quedarse en sustancia y que así en mi cabeza solo floten frases geniales, ideas deslumbrantes, conexiones ahora insospechadas. Venga el sol.

Los enanos tienen la clase de pádel. Sus sombras, retrasadas, no van acompasadas con sus movimientos. El profesor se pasa la mano por la cabeza y en un momento en el que los enanos beben agua se acerca a confesarse.

-Trece años dando clases. Antes podía con todo, pero ahora un sol así me mata.

El calor vuelve la pala de pádel más pesada, eleva la red, pega las suelas de las zapatillas, hace que las pelotas boten menos, frena lo que el profesor dice para llegue con algo de retraso al que espera la bola, densifica las sombras, convierte la realidad en la fina ranura con la que los ojos tratan de defenderse, solidifica el silencio y muestra más grande el cielo, más rotunda la mañana.

Durante esa confesión, los enanos beben con una furia que le da plenitud de músculo al verbo: se podría tocar ahora y pasar los dedos por sus fibras, tensas, a punto de estallar. Todo en ese instante tiene un sentido básico, anterior al lenguaje, que llega un poco tarde, lo sé. La fuerza de ese acto consigue que todo, alrededor, sea un satélite sin importancia. Quince, diez segundos como mucho. Después la realidad, vencida en ese punto como una bola de acero sobre una sábana, vuelve a estirarse y yo con ella, integrándome de nuevo en el sol.

La única sombra afortunada es la de la botella de agua que han dejado a mis pies. Las demás parecen sujetar los objetos a los que están atados para que el peso del sol no los derribe. Esta es más frágil, tal vez incluso fresca. En cualquier caso, como sombra que es, también se esconde del sol : si no la miro, permanece quieta. Sólo avanza si la observo un buen rato.

Por eso la mañana transcurre tan despacio. Todas las cosas están frenadas por la sombra que arrastran. La clase hoy parece eterna y al ver al profesor siento lástima.

-Además – añade – Esta es la peor pista de todas. No sólo no está cubierta, sino que, en invierno es la más fría porque no tiene nada que la proteja por este lado.

Tiene razón. He pasado mucho frío sentado en este banco. Hoy toca calor. No importa. Que el sudor caiga por mi frente es señal de que ya se me va reduciendo el guiso de ideas en el que me muevo. Perfecto. Para cuando termine la clase seré capaz de exponer unas imágenes sorprendentes.

Ese era el plan, pero cuando reacciono la reducción es absoluta y no da para una presentación, ni para un nudo ni para un desenlace. Como mucho, para esto, pequeño pero rotundo, sin caldo. Fin.

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