domingo, 24 de junio de 2012

La segunda extinción




La segunda extinción : He de reconocer que, aunque los dinosaurios son de mentira (los he tocado), tengo un poco de miedo cuando camino entre ellos. Hoy es el último día de la exposición en el zoo y no dejo de mirar al cielo: quizás la fidelidad a la ciencia les haya obligado a preparar un fin de fiesta en el que un meteorito a escala, pequeño desde fuera pero grande para el que esté debajo, acabe con las figuras. Los demás, como son más incultos que yo, se hacen fotos y se echan agua por la nuca. Felices.

Los dinosaurios están tan bien hechos que no piensas que sean de aquí, donde empezaremos a cubrir la falta de dinero con imaginación y volveremos a desempolvar frases como “con una caja de cartón es como mejor se lo pasa un niño”, típicas de alguien que no ha visto la cara de ese niño jugando al God of War en la PS3. No hace falta imaginar (se agradece) porque los dinosaurios se mueven y emiten los sonidos que se supone que se escuchaban por entonces si salías a dar un paseo. Ellos lo hacen todo por ti aunque no sepan que hoy es su último día de vida, tal vez para que no les entre la angustia filosófica de un Nexus y te suelten un discurso metafísico de lágrimas y bla,bla,bla, en vez de escupir, que es lo que hacen ahora, un chorro de agua. Felices también ellos antes de que les llegue ese cambio climático a lo bestia.

Definitivamente, le hacemos fotos a todo, pasando de los flamencos que están al fondo, que ni son mecánicos ni nada, los muy aburridos. Me leo los carteles de cada dinosaurio. Se extinguieron hace sesenta y cinco millones de años y hoy les vuelve a tocar. También es mala suerte. Más y más fotos porque la mezcla de un niño y un dinosaurio es muy fotogénica. Se llevan bien y se nota. Me pregunto el por qué.

Terminamos el paseo por el mesozoico, patrocinado por Ford, y regresamos a la vida real de los animales. Elefantes, monos, peces, y un león marino que se llama Elvis. Hace tanto calor que los animales se acurrucan en cualquier sombra. Es un buen día para venir al zoo si no quieres ver animales : todos escondido o inmóviles, logrando que el panda, ya ves, parezca hiperactivo.

Me da por leer la información de cada animal para imaginármelo. Al lado del texto hay tres rectángulos de colores señalando la relación que debemos tener con cada especie. Verde : abundantes como conejos. Amarillo : Ten cuidado donde pisas. Rojo : En los puestos de descenso. Descubro que muchos animales tienen marcada la pegatina roja porque la raza humana ha salido un poco bestia. Desde el rinoceronte de la India al ciervo del padre David. Parece que, somos así, cuanto más grande es el animal que matamos, menos es lo que aprovechamos de él : del oso hormiguero sólo se quiere su lengua.

Cada pegatina roja me hace sentir un poco culpable.

A los que critican a los zoos habría que recordarles que hay especies que solo viven en ellos. Como sería un poco deprimente un zoo con este tipo de animales al borde del precipicio, se van añadiendo otros para que los niños les pongan nombres de Disney y en la tienda puedas comprarte un peluche sin la necesidad de protegerlo.

Si las etiquetas rojas se van extendiendo, habrá que crear dos tipos de zoos, los que alegren el espíritu, como un paseo por una guardería, llenos de conejos copulando, y otro con cierto aire de asilo soviético, encerrados en sus charlas sobre el pasado y sus lentas partidas de dominó. Creo que en el fondo a todos nos gusta leer sobre la extinción de los dinosaurios porque es el único caso en el que podemos decir que no fue culpa nuestra.

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