domingo, 17 de junio de 2012

"Sin título"




"Sin título" : En el bulevar de Salvador Allende, en Alcobendas, se expone una serie de fotografías de Chema Madoz, que es mi fotógrafo personal. En la presentación se dice “Definir a Chema Madoz como uno de los fotógrafos españoles más importantes de la actualidad resulta evidente”. Mal empezamos con este arranque : no me gusta esa evidencia porque no aporta pruebas y porque, ya puestos, describir algo evidente resulta absurdo, que para algo es evidente. ¿No? ¿Sí?. Tal vez sea que el calor hace que lea las cosas demasiado despacio y estos textos sean para pasar por ellos a gran velocidad.

No sigo leyendo. Paso directamente a las fotografías, expuestas a gran tamaño por este bulevar (zona franca entre dos carriles que van en un sentido y en otro), de dos en dos, en una serie de soportes alejados de sí. Veo una y surge el primer problema : hace calor y hemos traído a dos niños sin gorras y sin agua, lo que nos obliga a pararnos antes de empezar porque el sol golpea como si quisiera clavarnos en la acera. Una buena excusa para comprobar la ley de la oferta y la demanda : la misma botella de agua cuesta 1,50 en un bar y 1,20 en una máquina, razón por la cual le murmuro a la máquina que, cuando inicien su conquista mundial contra la raza humana, cuenten conmigo.

(Te quieren mucho cuando regresas con dos botellas de agua fría bajo un sol implacable)

Hidratados y satisfechos, empezamos el recorrido por la exposición, montada por el equipo de Photoespaña 2012 para alegría de los que tenemos hijos en edad de aprender y ganas de dar por estrenada esta temporada de fotografía. Las fotografías son grandes, en blanco y negro, y están centradas en objetos. Pararse delante de ellas es jugar a encontrar el truco, lo que las hace muy pedagógicas y divertidas, si ambos conceptos pueden ir juntos. Madoz es un autor para adultos. ¿Puede ser apto también para niños?. La respuesta no la tengo en este párrafo. Hay que esperar un poco, aunque para los impacientes ya he dejado ahí esa mención a los trucos.

Las fotografías de Chema (he visto tantas que le voy a tutear) son tan buenas que aunque muchas me las sepa me siguen gustando. En el centro siempre hay un objeto cuyo sentido es modificado por un accesorio, por el entorno o por una aplicación inusual del dicho objeto. Ha salido una frase académica, pero tan buena que me gustaría traducirla al alemán para sentir su rotundidad (como repasar con un bolígrafo un dibujo con lápiz y pasar después la goma). Voy a añadir algo que se ha dicho, pero con una interpretación distinta. Su trabajo (me vuelve a salir el académico que nunca seré) es literario no sólo por el lenguaje (ese aliento de greguería, por ejemplo) sino porque me provoca los mismo efectos que un buen texto. Lo veo y siento la urgencia de experimentar con la realidad como hace él, convencido de que lo que tenemos delante es sólo una posibilidad y de que todo son piezas que pueden combinarse para arrancar nuevos significados. Queda dicho.

Mientras, los enanos, ajenos a estos párrafos que me construyo en cuanto tengo un momento, van pasando de fotografía en fotografía, atentos a la pista de cada adivinanza. “En un puerto hay un velero, y un catamarán y una lancha y el último ya te lo he dicho”. Disfrutan cuando encuentran el punto en el que dos elementos contradictorios coinciden, como la punta de dos espadas tocándose. Algo brilla dentro y no pueden evitar una sonrisa como respuesta a ese placer que es puramente intelectual. Cada risa les deja con ganas de más, así que, corriendo unos metros por delante de nosotros, van anticipándose para asegurarse de que son los primeros en enfrentarse a cada fotografía. Si algún cuadro se les resiste, escuchan con la atención absoluta del que necesita encontrar el camino para volver a casa. Están tan dedicados a este juego que se olvidan de su sed : todavía no han abierto la segunda botella.

Resulta difícil actuar como el padre que te gustaría ser en vez del que realmente eres. No van a jugar al fútbol si tú no lo haces. Ni tampoco se aficionarán a la cocina si tú apenas pasas tiempo en ella. Puedes fingir, pero al final acabarás atrayéndolos a tu propia órbita. La ley de la gravedad también funciona en las relaciones familiares. Ni fútbol ni cocina, pero se irán acercando poco a poco a la fotografía, como ahora. Que disfruten de Madoz me alegra porque te alimenta jugando y porque, como decía al principio, lo tengo como fotógrafo personal. Pero esto merece estrenar otro párrafo.

Digo personal porque su trabajo define bastante bien cómo funciona mi cabeza. Como él, yo suelo pensar usando imágenes independientes, como pequeñas islas en un archipiélago. Me resulta imposible establecer rutas entre ellas, por lo que no solo no sé moverme por una ciudad marcando origen y destino, sino que, temporalmente, tampoco puedo fijarlas a una fecha. Si me preguntan de cuándo es algo que recuerdo, mi respuesta es la que aparece en todas las fotografías de Madoz : “Sin título”.

Así que se puede decir que, paseando en esta exposición al aire libre, también están haciéndose una idea de cómo es mi cabeza por dentro. Ni cifras, ni series, ni fechas ni argumentaciones basadas en datos guardados en la memoria. Sólo imágenes bastándose a sí mismas. ¿Se puede vivir así? Hay que vivir así.

Cuando llegamos a la última fotografía los enanos parecen un poco decepcionados. Querían más. Al descubrir que se ha acabado, notan, de golpe, el cansancio y el calor que el propio juego había mantenido alejados. Se sientan a la sombra de una fotografía. Me da por pensar que la sombra de una fotografía en blanco y negro será más fresca que la de una de color.

Y abren la botella que les quedaba.       

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