miércoles, 18 de mayo de 2011

Elogiemos ahora a diseñadores desconocidos


Al monitor del gimnasio le paso series en un pen drive : Boardwalk Empire, Sons of Anarchy, True Blood, Crematorio, Downton Abbey y Treme. Es probable que nada de esto sucediera si un día, hablando de lo que ponían en una de las pantallas, no hubiera mencionado el nombre de Hayao Miyazaki.

-El de la Princesa Mononoke y El viaje de Chihiro – me dice.

Desde fuera puede parecer que estamos hablando de músculos, resistencia y alimentación. No. Hablamos de los Verdi, los Renoir, los Princesa y los Golem. Es una conversación buena para el cerebro pero mala para este bíceps, por ejemplo. ¿Puedo hacer algo más por este bíceps? ¿Y por este otro (tenemos dos)?.

No lo sé.

Me esfuerzo por ser mejor, más alto y más fuerte, y me gustaría que una mañana se acercara y me dijera :

-Se nota que te lo estás tomando en serio.

(A veces creo que uno va al gimnasio para que un tipo que es como una montaña de castellers te diga algo así. Hay que darle volumen al ego y a los músculos)

Pero no me dice eso. En plan confidencia, me recomienda una película :

-Incendies – me dice en un susurro, como si fuera el nombre de un caballo ganador – Tienes que verla. Impresionante. Es una historia que te sorprende nada más empezar. Pero no puedo contarte más.

Como yo no puedo recomendarle cine porque lo único que veo son películas para acompañar a las palomitas, un día le hablo de Sons of Anarchy. Me dice que no la ha visto y unos días después se la traigo.

-Está en versión original subtitulada – le digo, como disculpándome.
-Como tiene que ser – me responde.

Así empiezo a pasarle series. La última, el viernes pasado, es Treme. Ayer termino de ver la primera temporada y lo primero que le digo esta mañana es que tiene que verla.

-En cuanto termine con Crematorio.

Pero no voy al gimnasio un jueves por la mañana a trabajar los pectorales. Ni a recomendar Treme encarecidamente. Ni a quemar calorías. Ni a ver la actualidad de un vistazo, saltando de pantalla en pantalla. Ni a disfrutar de la larga ducha que me doy después. Ni a escuchar la música que sale de la sala de spinning. Ni a ver si puedo superar mi tope de kilómetros en cinta. Ni a pensar : ése levanta mucho menos que yo. Ni a pensar : ése levanta lo que yo nunca levantaré. Ni a fijarme en las montañas a lo lejos. No. Voy al gimnasio para agradecerle en silencio a los diseñadores de muchas máquinas el esfuerzo que dedicaron a crearlas : Estoy seguro de que las hicieron pensando en mujeres.

La máquina de aductores, por ejemplo, debería tener una placa en oro con el nombre del diseñador grabado.

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