sábado, 10 de septiembre de 2011

Restaurante "El cocinillas"


Diez razones personales para ir a “El cocinillas”, San Joaquín 3, Madrid..

1-Está al lado de la librería “Tipos infames”, en la que puedes tomarte un vino mientras paseas entre las novedades. Si consigues salir de esta librería sin un libro, o tienes mucha fuerza de voluntad o es que eres de los que se lee todos los premios Planeta.

2-La carta está escrita a mano. Que es una razón un tanto absurda, lo sé, porque yo puedo montar un restaurante y hacer lo mismo, pero como sé cómo termina la película, este punto es importante.

3-El camarero que nos atiende, que tiene la pinta de ser el dueño, nos pregunta si tenemos reserva y aunque le decimos que no mantiene un poco el suspense antes de darnos a elegir una mesa cerca de la ventana que da a la calle. Me gusta ese suspense.

4-Las croquetas de fungi (8,75 €) están buenas, la burrata de buffala (8,75 €) está buena, los huevos estrellados (8,75 €) están buenos, bien presentados y con una interesante mezcla de queso, chorizo, patatas y huevos, las albóndigas caseras (10,50 €) también están buenas, igual que el magret de pato a la plancha (12,75 €). Sé que el adjetivo bueno se queda escaso, pero esto no es una crítica gastronómica. Que venga otro a afilar este adjetivo. No sé ni siquiera si esto puede llamarse crítica.

5-La camarera sirve cada plato con una sonrisa. Esa sonrisa que se te pone cuando te cuentan un buen chiste. No, mejor, esa sonrisa que aparece cuando recuerdas algo de la noche anterior, de esos minutos que transcurren desde que te acuestas, acompañada, hasta que te duermes.

6-A nuestro lado hay tres gays idénticos a Pep Guardiola. Idénticos, con su barba muy cuidada y sus buenas maneras y su educación y su conversación pausada. Qué buen rollo. Yo, tengo que reconocerlo, que no me afeito desde el jueves, más bien parezco Mourinho. Pero un Mourinho suave, rebajado, porque cuando disfruto de una buena comida me pongo de buen humor.

7-La carta de vinos te permite descubrir nuevos nombres. No diremos que es barata, aunque tampoco es cara. Nos quedamos en los precios más bajos y, por 17 €, pedimos un Cabaña El Abad roble que está bueno. Digo de este bueno lo mismo que del bueno del punto cuatro. No aporta mucho, lo sé, pero ya habrá expertos que encuentren matices, sabores, referencias, taninos, olores, recuerdos, trozos del pasado, regaliz, tierra tostada, cacao, café de Jamaica y todas esas cosas. Yo hago como los niños : muestro la botella vacía. Y lo que nos cuesta dosificarla para que nos quede vino para el magret y las albóndigas.

8-Voy a volver a las albóndigas. Un restaurante que ofrece albóndigas me parece de fiar. Pone albóndigas, pides albóndigas y te sirven albóndigas sobre un lecho de verduras y aceitunas en el que no hay ni rastro de tomate.

9-Al entrar tienen puesta a Carla Bruni. Me gusta Carla Bruni menos cuando actúa con Woody Allen. Midnight in Paris me parece muy aburrida aunque aparezca Carla Bruni, pero ahora sólo la escucho. Y me gusta ese momento en el que María se lleva a los enanos al baño para que se laven las manos y yo me quedo a solas con Carla Bruni y ese camarero con pinta de dueño que me trae los menús y me ve en la cara el placer que siento en ese breve momento de tranquilidad y soledad con Bruni, como digo, y con él. El camarero, barra dueño, me dice que se está pensando lo de tener hijos. No soy quién para animarle. Tengo razones a favor, razones en contra y de las otras.

10-Una vez pedido el cortado, y cuando me lo estoy terminando, veo que el camarero, barra dueño, pasa con un tiramisú. El tiramisú tiene muy buena pinta. Tan buena que hago algo que nunca he hecho. Nunca. Le hago una señal a la camarera de la sonrisa satisfecha y le digo que quiero un tiramisú. Impresionante el tiramisú. Qué bueno el tiramisú. Y después le pido otro cortado al camarero, barra dueño. Dos cortados en una comida. Lo nunca visto. Y como no quiero que esta crónica, o lo que sea, parezca pagada por los de “El cocinillas”, que no es el caso, aunque espero que alguno se anime a pasarse por el local, que soy así de desprendido, voy a poner un pero. Y el pero es éste : qué bien habría quedado el señor camarero, barra dueño, si me hubiera invitado a ese cortado. Habría sido un gran detalle, aunque este post habría sido el mismo

Y ya está. El local abrió hace dos años y, por lo que me contó el camarero, barra dueño, les va muy bien, lo que me alegra. Cualquier otro se habría echado atrás en medio de la crisis, pero esta gente se anima a montar un restaurante para que los demás podamos disfrutar de una agradable comida.

Menos mal que hay gente así por el mundo.

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